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Polonia, 65 a√Īos despu√©s | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-18 05:00:00

Polonia, 65 a√Īos despu√©s

Varsovia siente los efectos del verano europeo. No de aquel de hace 65 a√Īos, cuando en un agosto como este, heroica, se tir√≥ a las calles para buscar echar al ej√©rcito de Adolfo Hitler, en 65 d√≠as de batalla casa a casa, cuarto a cuarto, metro a metro. Unos d√≠as que se refundieron para los dem√°s en la historia de la recta final de la Segunda Guerra Mundial, pero no para estas gentes altivas, que nunca han contemplado vivir bajo yugo alguno, y que por eso, ofrendaron sus vidas.
Polonia, 65 a√Īos despu√©s

Por las calles de la ciudad vieja, bella como pocas, transcurren los turistas, absortos por la belleza de sus edificaciones que resumen siglos de tradiciones. Pero en el alma del pueblo de la capital afloran otros sentimientos. Ni√Īos, vestidos a la usanza de aquellos que se pusieron pantalones largos para enfrentar al criminal enemigo, cantan al lado de sus mayores las canciones con que alentaban el alma de los combatientes.
Como se sabe, la insurrecci√≥n fracas√≥ y la voluntad de Himmler de matar y matar y no tomar prisioneros, y destruir hasta el √ļltimo muro de la ciudad, se cumpli√≥ casi al pie de la letra.

¬ŅC√≥mo volvieron a poner cada ladrillo en cada una de sus casas y de sus aceras? Con la voluntad de quien se levanta y anda, sin olvidar el pasado pero con la mira puesta en el presente. A tres horas de all√≠, por tren, est√° Cracovia, intacta. ¬†

La historia salta de esquina en esquina, pero un destino es insalvable: Auschwitz, y detr√°s de √©l, Birkenau. En enero pr√≥ximo se cumplir√°n tambi√©n 65 a√Īos de la llegada del ej√©rcito sovi√©tico a ese infierno para cortar las alambradas que el mundo dec√≠a desconocer. A hora y cuarto en bus se llega a los campos de concentraci√≥n y a esas construcciones que alguna vez pertenecieron al ej√©rcito polaco, y que luego los ej√©rcitos de Hitler convirtieron en escenario de una de las peores verg√ľenzas de la humanidad. Se huelen, juntos, el miedo, la soledad, el terror, el abandono y la desesperanza.

Los testimonios mudos de toneladas de cabello humano, zapatos y ropa de ni√Īos, maletas marcadas por quienes viajar√≠an pronto al m√°s all√°, y los cascos vac√≠os en donde yac√≠a el gas de la muerte, taladran hasta el m√°s duro de los esp√≠ritus. Eso en Auschwitz. Porque en Birkenau, el campo por excelencia de la muerte, no hay m√°s que un horizonte sin fin. Las barracas parecen a√ļn esperar a quienes estaban en la lista interminable de los carniceros.

Son dos aniversarios apretados en menos de seis meses. Un par de razones para no olvidar el ayer, pero, a la vez, un punto de partida de un país que hoy sabe escribir su presente con la misma dignidad y grandeza con que derrotó no sólo a Hitler sino, luego, a la ambición de Stalin y sus sucesores. Un ejemplo de aquello tan simple que dice que cuando se quiere se puede.

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