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Ni siquiera el cierre del Congreso | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-08-29 05:00:00

Ni siquiera el cierre del Congreso

Ni siquiera el cierre del Congreso

El trapo rojo se convirtió en un lastre, lo mismo que el azul, de acuerdo con los nuevos tiempos. Pero se empezó a echar de menos la disciplina de partido, la mística, el cuento de la doctrina y todo lo que sabemos. Porque en medio de ese sectarismo que se vivía, los partidos se alineaban como ejércitos y sus jefes eran jefes, ante quienes los demás temblaban. Y se llegaba a las votaciones sin necesidad de ley de bancadas, porque todos votaban de acuerdo con su partido y ¡ay¡ de aquel que se saliera del orden. Y todavía mejor: nadie cobraba nada por su voto.  Yo no voy a elogiar esa época que fue funesta para el país, pero sí  resulta rescatable la mística y el espíritu de cuerpo que se respiraba para que nadie se separara de las pautas impartidas por los jefes. Y ¡ay¡  de que alguien cobrara un peso por su voto. Es que ni se concebía.

Y tampoco se exigía como contraprestación necesaria una cuota burocrática, sino simplemente se tenían en cuenta los intereses  del partido para adjudicar los cargos. Ahora hay que comprarlo todo:  el voto con moneda contante y sonante;  una embajada adelantando una buena suma de dinero a la campaña u  otra contraprestación igual de jugosa;  las notarías para revenderlas luego por parte de los compradores a título precario, con el fin de convertirlas  en empresas manejadas por  dos socios:  el notario y el vendedor de la misma. Y con el producido, financiar  la próxima campaña. Y así  sucesivamente. Ni siquiera la popularidad y el poder del presidente Uribe fueron suficientes para mantener la disciplina de la coalición de gobierno, pues  se necesitó de la engrasada  correspondiente para que la maquinaria funcionara.

Los parlamentarios resultaron vendiendo todo lo que podían ante el buen precio que pagaba el gobierno para consolidar sus políticas, llevándose de paso a sus propios partidos, como góndolas ciegas que solo vieran el dinero en medio de semejante naufragio moral. La separación de los poderes se fue a dormir a  las páginas de la  constitución y a  la tumba de Montesquieu. El Congreso se convirtió en simple amanuense del residente, a cambio de unas buenas tajadas. Y ya ni siquiera vale la pena revocar el Congreso, porque ya se hizo una vez y de ahí no resultó  nada. Y menos ahora, cuando se debe marcar tarjeta para votar el referendo.  

Esta situación requiere una cirugía de fondo que permita por una parte, estructurar verdaderos partidos, con exigencias ideológicas y por otra, para defender el Congreso de las arremetidas en efectivo y en especie del ejecutivo.   Por eso se impone una cura constitucional, convocando una Asamblea  Constituyente, para  que corrija todos estos vicios, que dejó intactos y aun mejorados, la constitución del 9l.

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