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Autocontrol, mejor que inteligencia para triunfar | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-06 05:00:00

Autocontrol, mejor que inteligencia para triunfar

Según los estudios más recientes en Estados Unidos, para lograr el éxito no sólo se necesita ser muy inteligente. Es más, no es tan indispensable si se cultiva y practica el autocontrol. Para analizar esta esquiva cualidad se aplica un test que mide la manera en que se responde a las tentaciones. Y todo con un dulce. Los expertos afirman que hay que tener “grit”.
Autocontrol, mejor que inteligencia para triunfar

No pasará mucho tiempo para que en alguna entrevista de trabajo le pregunten cómo le va con el “grit” o, qué tanto “grit” posee.

La palabra “grit” no tiene traducción al español. Pero, quizá, un intento por definirla sería el resultado de unir la perseverancia y la pasión para desarrollar metas a largo plazo, o como dice quien acuñó el término, para lograr el éxito.

Un ejemplo de “grit” sería lo siguiente: si usted da a escoger a su hijo entre comerse una chocolatina ahora mismo o dos luego de terminar sus tareas, aquel que tuviera ‘grit’ preferiría la segunda opción porque entiende que esperar le representa un mayor provecho.

¿Y eso qué significa? Que las personas que tienen mayor dominio sobre sí mismas alcanzarán mejores resultados. La gente con “grit” tiende a perseverar, a auto regularse y a apuntarle siempre al éxito.

La investigadora Ángela Duckworth, que lleva cerca de tres años estudiando el “grit”, encontró que la relación entre la auto disciplina y los logros personales es dos veces mayor que la que existe entre el coeficiente intelectual y los logros.

Sin embargo, conseguirlo no es tan fácil. Jack Canfield, experto en conducta humana, dice que si la meta es cortar un árbol y todos los días se le dan cinco golpes, terminará en el suelo. Tiene sentido pensar que cuando hay esfuerzo y perseverancia para lograr un objetivo, será mucho más fácil obtener buenos resultados, pero esa fórmula, aparentemente sencilla, no funciona en todas las personas.

Poder mantener el interés es, según Duckworth, una de las mayores barreras que impiden desarrollar el “grit”.

“La atención es un recurso escaso en la era de la red electrónica, de la publicidad y de las opciones interminables. Es muy fácil dejarse llevar en un mundo de opciones, esto es fabuloso para la ambición pero es una barrera para lograr objetivos a largo plazo”, afirma la investigadora.

El entusiasmo de participar en muchos proyectos también hace difícil cultivar el “grit”. Es común encontrar gente que quiere saltar del primer paso al último en un tiempo récord.

“De la misma forma que esto es genial para la motivación, es una barrera para desarrollar el “grit” y logar metas”, dice Duckworth, y agrega que hace unos años conoció a una mujer que completó el medio maratón de la ciudad de Nueva York. “Me dijo: este fue un objetivo enorme. Nunca había corrido más de cuatro millas en mi vida. Necesité “grit” para correr la carrera y más para completarla. Sin embargo, después de terminar me sentí muy orgullosa y las emociones positivas fueron autogeneradoras”.

Varios autores coinciden en que el mantra del ejército norteamericano “Be all that you can be” (Sé todo lo que puedas ser), sería la mejor manera de lograr un buen “grit”. “La perseverancia y la auto-regulación hacia los objetivos de largo plazo pueden hacer que ello suceda”, dice la investigadora.

La prueba del masmelo

Mucho antes que Duckworth empezará a hablar del “grit”, otro psicólogo también en Estados Unidos, encontró que podía predecir el futuro social y académico de los niños con sólo probar su resistencia a comerse un dulce.

El test del “marshmallow” (masmelo), un simple experimento, fue ideado por el profesor Walter Mischel, quien demostró que cuanto más pudiera un niño de 4 años esperar para tomar un dulce, mejores serían sus posibilidades de tener una vida exitosa y feliz.

Volvemos al ejemplo del “grit”. Mischel ha estudiado la vida de docenas de personas desde que comenzó con los experimentos del “marshmallow” en una guardería de la Universidad de Stanford, California, en los años sesenta.

Sus descubrimientos han tenido tanta acogida que 40 de los que se sometieron a los estudios originales y que ahora tienen más de 40 años, quieren ser escaneados con la esperanza de resolver un complicado dilema: ¿por qué algunos son mejores que otros a la hora de resistir la tentación?

Mischel confirmó una llamativa relación entre comerse el dulce y el éxito en la vida.

“Los niños que tomaron los dulces inmediatamente resultaron ser adolescentes a los que les faltaba autoestima y experimentaban dificultad para relacionarse con sus compañeros”, dice el investigador.

En cambio, los que esperaron para obtener un segundo dulce resultaron ser socialmente más competentes y académicamente exitosos. “En sus exámenes, los que esperaron tuvieron un promedio de 210 puntos más que los que se lanzaron sobre los dulces”, se lee en su investigación.

Este pensamiento ha sido ampliamente difundido en la cultura norteamericana. Tanto, escribió un periodista del The Sunday Times, que los predicadores se refieren al test del marshmallow cuando “piden a sus fieles que supriman los impulsos al pecado. Y los gurús de las empresas citan al marshmallow cuando les dicen a sus principales ejecutivos que se resistan a adoptar estrategias a corto plazo que estimulan el precio de las acciones, pero que son riesgosas a largo plazo”.

Antídotos para el “grit” bajo

- Realizar tareas a corto plazo que lleven a lograr metas de largo plazo. Para ello hay que dividir las últimas en tareas manejables.
- Esforzarse. El éxito es producto del talento y del tiempo que se le dedica a la tarea.

- No elogiar exageradamente a los hijos.

La gente quetiene “grit”

- Experimenta más felicidad que aquellos que tienen menos “grit”, incluso cuando se controlan la edad y el nivel educativo.
- Tiene puntuaciones más altas en la escuela que sus compañeros que no tienen grit, incluso cuando los primeros tienen calificaciones más bajas en los exámenes de admisión a la universidad.
- Tiende a obtener mejores resultados en competencias de ortografía sin importar su inteligencia.

LA INVESTIGACIÓN

Ángela Lee Duckworth de la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos,  realizó en 2006 un sondeo en una escuela secundaria. Allí encontró que cierto número de estudiantes estaban leyendo muy poco y que eso no tenía que ver con su coeficiente intelectual. El problema era la falta de autocontrol.

Luego estudió el “grit”, una mezcla que ella define como de coraje, concentración, habilidad para no sentirse ‘sobrado’ (o no dormirse en los laureles) y perseverar a largo plazo, que es lo que lleva al éxito.  

Por eso volvió a aplicar otros tests, esta vez a cadetes, donde evaluó su habilidad para no conformarse con el éxito y la inteligencia. Encontró que las personas que tienen mayor dominio sobre sí mismas, alcanzaron mejor resultado en el test que los que tienen un coeficiente alto.

Sus resultados confirmaron la tesis del psicólogo y escritor norteamericano Martin Seligman: el autocontrol resulta más exitoso que tener un coeficiente intelectual alto.

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