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Pobre música colombiana | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-07 05:00:00

Pobre música colombiana

Pobre música colombiana

Y cuando baja un poco esta música, a ratos, entonces sube lo que creen vallenato, una fusión de ranchera y balada con acordeón, y ya está: me gusta, me gusta, me gusta. Y dele.

¿Y la música nuestra qué? El vallenato es nuestro y hasta podría decirse que la norteña también, si se piensa, por ejemplo, que los hermanos Ariza “show” son de Contratación; sí, pero esas expresiones no tienen asidero en valores culturales nuestros (valores, no antivalores), ni el vallenato, o como se llame esa cosa, es nuestro, nuestro de Santander, nuestro de la Colombia andina, que también tiene derecho en la palestra musical. Y si se habla de igualdad de derechos y de participación para justificar esta invasión, ¿dónde está el tiempo para lo nuestro?; ¿dónde están las emisoras con nuestra música? Y si se habla de emisoras autosostenibles y que podemos hacer lo mismo que una emisora de rancheras, se trata sencillamente de una pelea de tigre con burro amarrado porque, como se dijo atrás, los dueños económicos y políticos del país no son precisamente dechados de virtudes y conocimientos culturales.

Lo que tenemos no alcanza. Los programas que se manejan en las emisoras UIS y que brindan conocimientos y posibilidades de lo nuevo de la música andina colombiana, tienen el respaldo de brillantes productores, pero poco tiempo al aire. Los programas de la emisora municipal tienen a “Rancho” y a Benjamín respaldando el folclor y, en la parte tradicional andina, a Víctor, firme con su campaña, reducida en grupos y subgéneros, pero clara en su propuesta y Martín, con dosis de música novedosa, pero con pretensiones periodísticas (sin hablar de su tartamudeo) que han despachado a muchos oyentes.

Culturalmente hablando, todos tenemos derecho; pero justamente quienes claman por lo norteño y lo “vallenato” no cuentan con quienes aún respetamos nuestra tierra y nuestros valores. Si hemos de vivir en igualdad de condiciones, comencemos por –cuando menos– exigir que, en nuestra tierra, se nos respete por igual.

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