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¡Vamos a reproducirnos! | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-12 05:00:00

¡Vamos a reproducirnos!

Tu ternura molotovPertenecer tiene sus privilegios para Victoria (Rafaela Camargo) y Daniel (Walter Ardila), dueños de una muy clara conciencia de clase. Saben que cuando a un matrimonio le toca el turno de elegir el nombre de su futuro bebé se deben tener en cuenta, para descartar inadecuadas nominaciones, pautas tales como que aquel no sea ni “muy hispano” ni “muy negro”, o tenga nombre de “puta” o “de judía”.
¡Vamos a reproducirnos!

También, pasando de una hiriente discriminación racista a otra económica, que no debe sonar a “minoría”, ya que “minoría es alguien que no tiene  dinero”. Hablamos de la misma clase en que, cuando alguien, al descubrir que su pareja se ha olvidado de confesarle un “pequeño detalle” de su vida pasada (tal como haber estado casado), en vez de estallar en ira como cualquier hijo de vecino y decir simplemente “¡me engañaste!”, é1 debe exclamar: “¿Te das cuenta del perjuicio que esto puede causarle a mi negocio?”. Precisamente esta última frase le dirá el próspero abogado Daniel a su esposa Victoria, luego de recibir un extraño paquete enviado por el FBI a su casa, perdido desde la época en que ella vivía en Nueva York.

Él descubre, entre varios de los objetos personales de la joven, uno con una dedicatoria: “A mi esposa Victoria”; y, para peor, ¡esta viene firmada por un hombre de ascendencia árabe! Entre estos dos ejes, el racismo y la desesperada lucha por no violar alguno de los “sagrados preceptos” para seguir perteneciendo al tope de la escala social se debate la “historia de amor” de este matrimonio que busca un heredero y se entiende a la perfección. A tal punto, que uno podría terminar de decir las frases que comienza a pronunciar el otro, aun antes de que él o ella terminen de hablar, casi como si se leyeran el pensamiento mutuamente. Pero que lo menos que tienen es justamente eso: amor.

Antígona: deconstrucción de una tragedia inmortal

Leímos Antígona muy jóvenes, como parte del pénsum escolar, y, en nuestro caso, como parte de la cultura de cualquier persona que decide dedicar su vida al teatro. Quedó, en el fondo de nosotros, una persona que lleva hasta las últimas consecuencias un pensamiento que considera justo. De este modo, el texto clásico nos muestra su poder de cruzar los siglos para encajar en una situación y un tiempo cercanos.

El desarrollo de la violencia que vive nuestro país nos ha hecho conscientes de la necesidad de desarrollar este proyecto. ¿Quién no recuerda a las mujeres buscando familiares desaparecidos, las tumbas en la soledad de los desplazados? ¿Cómo olvidar a tantas mujeres enfrentándose solas al poder para indagar por sus esposos, sus padres o sus hijos? Antígona las resume.

Recurrir a Antígona es una manera de apelar  a la memoria histórica universal para buscar en ella señales que nos ayuden a entender nuestra propia tragedia. El objetivo del personaje Antígona es enterrar a su hermano muerto, pese a un decreto que prohíbe hacerlo. Para nosotros, enterrar no es una metáfora del olvido. El enterramiento de un suceso o una persona implica evaluarlo, conocer su significado y ponerle un nombre para no olvidarlo; es ubicarlo como un hecho vivo y ejemplar en nuestra memoria. Allí debe estar como quien ocupa un espacio, dispuesto para el diálogo con nosotros, ahora o en el futuro.

Recurrir a Antígona es también pensar en las consecuencias del poder ejercido sin controles. Antígona, como imagen, no existiría sin su contraparte, Creonte, el rey que en su soberbia se atreve a retar a los cielos al querer extender sus dominios sobre los cadáveres. “Recuerda que solo los dioses tienen mandato sobre los muertos”, le increpa Antígona. Ella, al margen de las facciones en pugna, quiere cumplir con su hermano; desea ardientemente que la tierra lo acoja. Su gesto sólo está motivado por el amor. “Yo he nacido para amar, no para compartir odios”, dice, con voz al mismo tiempo antigua y contemporánea.

Antígona es una hermosa versión, desarrollada en poemas por el peruano José Watanabe. La actriz Karen Lizarazo representa diversos papeles y acierta en un sabio equilibrio entre ideas y emociones y permite que Sófocles se exprese aún hoy a través de ella.Todos los papeles están ligados por la actuación del grupo ‘Puntacandela’, bajo la dirección de Sergio Herrera, cuyo meritorio trabajo de cámara, instrumentado con feliz economía y despojamiento, cumple su propio destino en esta joven actriz, capaz de eludir el canto de sirenas del histrionismo fácil y autocomplaciente.

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