En busca de la plata | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-13 05:00:00

En busca de la plata

Caridad Plata fue una compa√Īera de la Universidad. La vi por √ļltima vez en una asamblea universitaria en donde cre√≠amos que el mundo giraba alrededor nuestro y la paz o la guerra depend√≠an de las consignas en¬† papel que tiraba al viento, incitando a la lucha de clases. Caridad Plata era toda ternura, viv√≠a enfundada en un chaquet√≥n de lana de Alpaca que trajo de Machupichu. Caridad Plata desapareci√≥ desde entonces de mi vida. Hasta que otra mujer tambi√©n pol√≠tica, Leonor Serrano de Camargo, ¬ďla vieja verraca¬Ē, movi√≥ las teclas del destino, entusiasm√°ndome otra vez a entrar en pol√≠tica.
En busca de la plata

Pero sin plata no puede entrar en ese cuento, las puras ideas no cuentan, me dijo un amigo que sab√≠a de econom√≠a pol√≠tica, busque plata, me lo repiti√≥ varias veces. Plata, plata, era la palabra que se repet√≠a en mi cabeza. ¬°Ya!, ella solamente ella,¬† Caridad Plata, c√≥mo no lo hab√≠a pensado antes. Por un rumor supe que ella se cas√≥ con un potentado venezolano y que al poco tiempo enviud√≥. Generoso P√°jaro Rico era el finado, muri√≥ de un infarto despu√©s de la expropiaci√≥n de una de sus empresas. Ir√© a Bogot√° a buscarla, all√≠ vive ahora. Timbr√© en un exclusivo conjunto en las afueras de Bogot√°. Alamedas, prados, fuentes, y un aire deliciosamente fr√≠o me trasportaron a un sue√Īo, quiz√°s igual en el¬† que cay√≥ Caridad Plata, cuando Generoso P√°jaro Rico le propuso matrimonio. ¬†

No est√°, dijo el portero, un transformer que apareci√≥ de repente del silencio. Ella llev√≥ al ni√Īo al colegio, dijo. Al d√≠a siguiente regres√© al conjunto. No est√°, sali√≥ con el ni√Īo para donde el psiquiatra, nadie lo soporta en el conjunto, vive orin√°ndole las piernas a las se√Īoras. A todos los muchachos los llevan al psiquiatra en estos tiempos. Volver√© ma√Īana, le dije. No est√°, sali√≥ a que le cortaran el pelo y le arreglaran las u√Īas al ni√Īo. Luego va a donde el profesor de ingl√©s para que reciba √≥rdenes biling√ľes.¬† ¬ŅC√≥mo se llama ese peque√Īo que le distrae todo el tiempo?, le pregunt√© al portero. Se llama¬† Rodolfo Ariosto, contest√≥ haciendo una mueca de desagrado y me dio el¬† n√ļmero de su celular que se hab√≠a negado sistem√°ticamente a suministr√°rmelo. ¬ŅCaridad Plata, me recuerdas? S√≠, cre√≠ que hab√≠as muerto. Ma√Īana nos vemos en el paradero de bus donde salgo a esperar a mi ni√Īo Rodolfo Ariosto, all√≠ podemos hablar. Con un ramo de rosas y con el coraz√≥n a punto de salirse estuve en la tarde a la espera de Caridad Plata.

Una mujercita menuda enfundada en el mismo coquet√≥n de la universidad sali√≥ a mi encuentro. Casi no nos reconocemos, ambos est√°bamos muy viejos y cambiados. En ese instante fren√≥ un bus que cargaba cientos de perros que ladraban furiosos. Un snauser salt√≥ a la calle sujetado de una correa y un hombre se lo entreg√≥ a Caridad Plata quien lo alz√≥ en sus brazos, d√°ndole besos, mi ni√Īo, mi ni√Īo, repet√≠a. Ya en el suelo, levant√≥ la pata y se orin√≥ en mi perna. Lo apart√© con furia y salt√≥ a la calle donde un tracto cami√≥n lo aplast√≥ inmisericordemente. Por supuesto que asist√≠ al sepelio. Caridad Plata llor√≥ en mi hombro sin culparme de la tragedia. De pronto desliz√≥ un paquete¬† en mi bolsillo. El collar de diamante pens√©, es el¬† mismo que le vi a ella el d√≠a de la tragedia. Ya en el aeropuerto, pleno de felicidad destap√© el envoltorio. Era el collar de acero de Roberto Ariosto.

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