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Palacio y Plazas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-14 05:00:00

Palacio y Plazas

Cómo negar la enorme responsabilidad del grupo guerrillero que se tomó el Palacio de Justicia en 1985. Tomarse el Palacio, organizar mítines, algarabías por la paz o cualquiera de esos inventos de las Ong producen los mismos resultados ante quienes tienen las armas: nada. Ni siquiera desmovilizarse y conformar un partido político da resultados frente a una maquinaria consolidada; y en cambio sí pasa que los líderes resultan exterminados a bala.
Palacio y Plazas

La toma del Palacio hubiese sacado a la luz circunstancias desconocidas; nada más. Este país, así como no cambia con un desfile multitudinario (¿o cambió algo después de que salimos el año pasado a marchar contra el secuestro?), tampoco habrá de cambiar con una locura de esas. Después de los hechos, nada se ha sabido oficialmente; ni siquiera que durante la toma hubo golpe de Estado, que el presidente Betancur fue sometido –por las buenas– y que las determinaciones fueron tomadas por los militares.

Pero lo que sí se vio es que hubo decisiones que resolvieron de la peor manera este hecho vergonzoso para la historia de Colombia: frente a un puñado de guerrilleros que retenían a un grupo grande de personas, la decisión no era prenderle fuego a todo el mundo; la mugre no se saca quemando la ropa. Para entender eso no se necesita mucha inteligencia; pero, así como los guerrilleros hubiesen podido arriesgar menos en otra situación, inútil también, pero menos peligrosa para ellos y para los demás, así también los militares hubiesen podido resolver la situación sin meterle candela al Palacio, con todos adentro.

Que quién tuvo la culpa, y que si hubo o no toma militar, y que dónde están quienes salieron vivos de allí, y que por qué no hay explicaciones, ni juicios, ni nada, eso no lo vamos a discutir –cuando menos hoy–. Lo que me parece desatinado es que haya quienes gritan el nombre de Alfonso Plazas Vega como un héroe nacional, y que su expresión de soberbia, “Aquí, defendiendo la democracia, maestro”, quiera ser exaltada como patriotismo. Me parece que en Colombia carecemos de análisis mínimo; no entiendo cómo se puede defender una democracia disparando hacia donde están los magistrados, o negándose a rendir cuentas por quienes salieron y luego desaparecieron.

El comportamiento de entonces de la fuerza pública y esa lamentable frase de Plazas no han sido los mejores recuerdos de nuestra inteligencia estatal durante estos cinco lustros; eso no debe ser motivo de orgullo, “maestros”.
Vayan leyendo ‘El palacio sin máscara’, de Germán Castro Caycedo, mientras tanto.

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