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Cuando la malta corre por las piernas del whisky | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-20 00:05:34

Cuando la malta corre por las piernas del whisky

Catar el whisky es tanto o más complejo que el vino por la gama de componentes y mezclas. Sin embargo, Rodrigo Dangond, un colombiano especialista en el tema, afirma que lo más importante es empezar con el aroma y detectar la fragancia profunda.
Cuando la malta corre por las piernas del whisky

La mezcla es un arte, beberlo es un rito, es afinar el olfato y aspirar profundamente hasta que en las papilas se perciba el sabor, aún sin haberlo probado.

Catar el whisky, más que un placer para el experto, es el ceremonial de quien se encuentra frente a una bebida que salió de la barrica para complacer, no para emborrachar. Es tener en su copa el fruto añejo del cultivo, sea de malta o de granos como el arroz, el trigo o el centeno.

Olfato y gusto depurado, imaginación abierta y sensibilidad para percibir aromas y sabores en una sola copa, en la que el líquido dorado camina dejando piernas en el cristal, trazos que indicarán el carácter de la bebida, son algunas de las indicaciones que un catador como Rodrigo Dangond recomienda al momento de degustar el whisky.

Dangond visitó Bucaramanga para participar en el lanzamiento de un whisky súper Premium que es elaborado exclusivamente dos veces al año en Escocia, durante la primavera y el otoño. Un whisky único.

Mucho más que un licor

En la cata es muy importante utilizar la vista, el olfato y el gusto, explica Dangond, mientras sostiene en su mano derecha un vaso tipo ‘tulipán’ a medio llenar con un líquido amarrillo quemado.

“Hay que mirar el whisky contra una superficie blanca, moverlo un poco para ver las piernas pintadas, unas serán gruesas otras delgadas, depende de la mezcla del que esté hecho”, afirma.

Esta bebida nació alrededor del siglo XV y toma su nombre del idioma Gaélico que significaba agua de vida o Uisghe Beatha, que a fuerza del uso terminó convirtiéndose en Uisghe y por último en whisky.

Es una mezcla de factores, de tiempo, es el uso de agua cristalina y cebada, que por su destilación requiere de una industria de características especiales.

Las barricas, esos enormes toneles de madera, deben ser de roble americano o francés preferiblemente curados con anterioridad con Jerez y Bourbon.

La idea -dice el experto- es que al saborear la bebida se pueda encontrar esa citrocidad y el carácter de su acento.

Cada destilería incluye un proceso personalizado de mezclar whisky añejado de otras factorías, hasta obtener un nuevo sabor que puede ser amaderado, almibarado, con un toque de vainilla o ahumado, entre muchos otros. “Lo característico es que debe tener un sabor aceptable, sabroso”.

Cada producción lleva el apellido de la familia que le imprime su sello como Jhonny Walker, Jhon Buchannas y Old Parr, esta última, por ejemplo, tiene la destilería Cragganmore que data de 1869, siendo uno de los alambiques más célebres de toda Escocia.

Dicen que fue en la Inglaterra del siglo XV cuando varios empresarios empezaron a mezclar whisky. José David Barrios, gerente de marca, explica que Jhonny Walker, por ejemplo, tenía una tienda de té y un día se le ocurrió mezclar varias clases para ofrecerles a los consumidores algo diferente. Luego probó  mezclando whiskys de malta de grano y así nacieron los blendend, la categoría más conocida del whisky en Latinoamérica.

Las clases

Según los expertos, los blendend predominan en el 70 por ciento del mercado y pueden ser americanos, escoceses o chinos, entre otros.

Son los apropiados para la rumba, dice Barrios, porque es estándar, joven, es decir, tiene entre 3 y 10 años de añejamiento y además, es accesible al bolsillo del consumidor.

Cuando un whisky declara una edad de 12, 15, 18 o más años, le está garantizando al consumidor que el destilado más joven en esa mezcla estuvo ese mínimo de años en barrica.

La excelencia tiene costo

Cuando los expertos se refieren al whisky de malta significa que está elaborado ciento por ciento con cebada malteada y viene de una sola destilería.

Es puro. Es el resultado de producir, destilar, añejar y embotellar. Por eso es mucho más costoso pues se trata de un proceso artesanal que significa tener pocos lotes de producción.

Un whisky de malta -explica el Catador- no es para una rumba, es para una ceremonia especial, para degustar.

Una cifra: el 90 por ciento de los que exporta Escocia son de mezcla, los de malta o puros son tan solo el 5 por ciento.

En la mayoría de los casos, en la botella se indica la región en la cual fue producido y esto da indicios de lo que serán sus características.

Entre las más famosas se encuentran las maltas de destilerías de la región costera Islay, la quinta isla más grande de Escocia, que tienen un sabor ahumado; las de Highlands son  intensas; y las de Speyside son suaves, aromáticas y dulces, por efecto del agua y el ambiente en el que permanecen las barricas.

El whisky puro se abre hoy y sabe igual dentro de un año. Según los expertos, el mejor es el sello verde, una mezcla solo de malta, no tiene de grano. “Se degusta muy bien, es amaderado, es para cerrar una buena cena”.

Pero por encima de ellos, hay una categoría más excelsa que es la que componen los whiskys sin edad. “Es la calidad de excelencia”, dice José David Barrios. Son súper Premium y tienen un costo en el mercado por encima de los 150 dólares.

El paladar pone el sello

Catar el whisky es tanto o más complejo que el vino por la gama de componentes y mezclas. Sin embargo, Rodrigo Dangond, considera que lo más importante es empezar con el aroma y detectar la fragancia profunda. “El olor, primero será de alcohol, luego a humo, a bosque, a miel”.

Al probarlo el sabor debe perdurar. En la parte trasera de la lengua debe quedar el sabor, no que queme sino que quede. Lo ideal es que el líquido permanezca un momento en la boca y luego baje por la garganta. Esa debe ser una sensación suave, con carácter.  

¿Cómo se lo debe tomar? “El paladar es el que le pone el sello, como le guste tomarlo”, afirmaron los dos expertos.

Algunos dirán que echarle hielo lo daña, que puro es mejor pero lo único cierto es que el whisky es un destilado con historia, que ofrece en cada degustación un sabor diferente, es una arte de mezcla.

Mitos y realidades

Mito: El whisky debe tomarse puro porque si se le añade agua o hielo, se daña.
Realidad: Los dos expertos consultados aseguran que como se quiera tomar está bien. Es el gusto del consumidor el que lo determina. En Venezuela, por ejemplo, algunos lo toman con coca-cola.

Mito: No produce guayabo.
Realidad: Alcohol es alcohol, depende de cada organismo. Lo que sucede es que el whisky pierde dos por ciento de alcohol cada año.

Mito: Tiene pocas calorías, luego no engorda.
Realidad: Todo el alcohol tiene impacto, unos menos que otros y el whisky no está exento de ello.

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