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La herencia de una gran periodista, Silvia Galvis | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-22 05:00:00

La herencia de una gran periodista, Silvia Galvis

La periodista bumanguesa Silvia Galvis Ramírez, quien falleció a mediodía de este domingo 20 de septiembre, deja de herencia sus críticas y divertidas novelas, sus libros periodísticos de fondo y la memoria de una ocurrente y brillante columnista de opinión.
La herencia de una gran periodista, Silvia Galvis

Realiz√≥ investigaciones period√≠sticas para que no se nos olvidara la historia de dictadores y miserias del pasado y con su esposo, el gran periodista investigativo, Alberto Donad√≠o, escribi√≥ Colombia Nazi (1986) y El Jefe Supremo (1988), este √ļltimo una reconstrucci√≥n descarnada de la dictadura de Rojas Pinilla de mediados de los cincuenta.

Tambi√©n public√≥ reportajes sobre las vidas de ocho mujeres colombianas, Vida M√≠a (1994) e hizo el libro period√≠stico Los Garc√≠a M√°rquez que retrata a los personajes de la familia de Nobel con inmensa calidez (1996). M√°s tarde, en 2001, public√≥ De parte de los infieles, una recopilaci√≥n de sus mejores columnas de opini√≥n. Estas piezas inolvidables de periodismo que public√≥ en Vanguardia Liberal, el peri√≥dico de su familia, en El Espectador, su casa por muchos a√Īos y, luego, en la revista Cambio, marcaron historia por su estilo cargado de humor cr√≠tico. Sus frases lapidarias y cortantes que parec√≠an a veces divertidas exageraciones, retrataban la corrupci√≥n y la doble moral con toda realidad.

Sus novelas, siempre con una inmensa investigaci√≥n hist√≥rica o period√≠stica detr√°s, eran divertidas s√°tiras de la triste historia nacional, ultra liberales y blasfemas. ¬°Viva Cristo Rey! (1991), Sabor a M√≠ (1995), Soledad (2002) y La mujer que sab√≠a demasiado (2006) y Un mal asunto, un manuscrito en imprenta, que reconstruye el asesinato de la pol√≠tica Marta Catalina Daniels. Una vez, poco despu√©s de haber publicado Soledad, una reconstrucci√≥n minuciosa de la vida de la segunda esposa del ex presidente Rafael N√ļ√Īez, Soledad Rom√°n de 888 p√°ginas, le pregunt√© c√≥mo andaba. Ella, contest√≥ burlona, que feliz, ¬°c√≥mo no iba a estarlo despu√©s de haber tenido 888 p√°ginas para echar s√°tiras contra los curas y los godos!

Tambi√©n public√≥ una obra de teatro De la ca√≠da de un √°ngel puro por culpa de un beso apasionado, en 1997 que fue llevada a escena unos a√Īos despu√©s.
El legado más importante de Silvia para sus colegas, sin embargo, no es ninguna de estas maravillosas obras. Su herencia es de valentía y verticalidad. La verticalidad que tuvo para denunciar los abusos de los militares y la corrupción de los políticos cuando dirigía la unidad investigativa de su diario; la valentía que demostró cuando asumió la dirección de Vanguardia, justo después de que una bomba del narcotráfico intentara callarlo.

En estos tiempos de morales el√°sticas, Silvia no tranz√≥ nunca, a riesgo de pasar por anticuada. Cuando muchos se hac√≠an los de la vista gorda frente a los abusivos y traficantes de influencia, los blandos que se acomodaban a cualquier √©tica p√ļblica con tal de mantenerse en el poder, quiz√°s para no desentonar o quedar como un intenso, ella se manten√≠a firme como riel. No es que juzgara, sino que no hac√≠a concesiones.

La otra cara de la Silvia mordaz que no claudicaba ante la bober√≠a nacional, heredera de las mejores costumbres santandereanas de √©tica y coraje, era una mujer dulce y una amiga incondicional. En los √ļltimos a√Īos hab√≠a enfermado con un mal raro y dif√≠cil de diagnosticar, eso la llev√≥ a enclaustrarse en su casa de Bucaramanga, a pasar el mayor tiempo posible con sus nietos a quienes adoraba, y con su familia.

A riesgo de que Silvia, desde el otro mundo, se est√© burlando de m√≠ por convertirla en estandarte moral, quiero cerrar este homenaje a esa vida valiosa que se perdi√≥ este domingo con un apunte personal. Estoy triste porque perd√≠ a una amiga entra√Īable, pero sobre todo me siento muy sola, porque Silvia siempre fue mi norte √©tico; ante las dudas que ten√≠a, siempre pensaba c√≥mo hubiera reaccionado ella; qu√© hubiera hecho o dicho, y trataba de emularla. La verdadera ¬ďap√≥stol del periodismo¬Ē era ella.

A Alberto, a Sebasti√°n, a Alexandra y a sus hermanos, Hortensia, Cuco y Virgilio, un abrazo sentido en estos momentos desconsolados.
Tomada de Semana.com

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