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Un inenarrable crimen contra la naturaleza | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-23 05:00:00

Un inenarrable crimen contra la naturaleza

Santander es depositario de una inmensa e irremplazable riqueza ambiental y por ello tiene exigentes obligaciones que no puede incumplir, ante las cuales no puede ser inferior, ni indiferente. Hay falta de conciencia colectiva, pero ello no justifica el manejo irresponsable que damos a aquello de que nos ha dotado la naturaleza.
Un inenarrable crimen contra la naturaleza

La reserva natural de árboles de roble que hay en el corredor ambiental Guantiva – La Rusia (la más grande de su especie del país), es una sin par obra de la naturaleza. Esa joya tiene cerca de 52 mil hectáreas de bosques que el medio, sin que mediara la mano del hombre, preñó de robles para que preservaran el medio ambiente, el planeta pudiera respirar y se dotara de agua al santuario de fauna y flora Guanentá – alto río Fonce, proveyendo del precioso y cada vez más escaso líquido a 12 microcuencas y a 5 subcuencas de agua que acrecen las corrientes de los ríos Suárez o Saravita y Fonce.  

¿Algo más maravilloso? Ese bosque es un santuario que debemos cuidar con celo, sin desmayo. Ese es nuestro compromiso y desafío histórico. Y estamos incumpliendo con tal obligación.

La escasa conciencia y educación ambiental que hemos impartido a quienes viven en la zona, explican los indiscriminados atentados que la mano del hombre comete y que han hecho que tal joya esté “muriendo” lentamente en nuestras manos, en medio de la indiferencia de la opinión pública.

La tala indiscriminada de árboles para hacer muebles, para hacer postes para cercas de alambre de púas, para cocinar, el crecimiento de la frontera agrícola y los incendios forestales provocados por el hombre, han arrasado con cerca de 40 mil hectáreas de árboles de roble en los últimos 30 años, es decir, en esa región (las zonas rurales de los municipios de Onzaga, Coromoro, Mogotes, Encino, Charalá, Gámbita, Suaita y San Joaquín) los santandereanos hemos tumbado cerca de 1.333 hectáreas de roble cada año. Y  los árboles talados están en su etapa madura, es decir, tienen entre 70 y 100 años. ¿No estamos cometiendo un crimen contra la naturaleza? Y ante él somos indiferentes, como si ocurriera en otro continente y no en nuestro departamento.

El daño se extiende a la fauna y flora de la región. Aves, reptiles, mamíferos y anfibios han sido depredados por la mano del hombre santandereano.
Pero como si ello fuera poco, allí tiene Santander su más grande “fábrica de agua” y sin pudor, ni conciencia, en el siglo en que el mundo será teatro de guerras por ella, la estamos “asesinando”.

¿Y las autoridades ambientales, gubernamentales y la ciudadanía, qué hacen para que este crimen cese? Muy poco, casi nada, con herramientas insuficientes y romas. O mejor, lo poco que se hace es más un saludo a la bandera que algo efectivo. Y no nos importa, como si el agua, la flora y la fauna las pudiéramos reemplazar, como hacemos con la ropa.

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