Publicidad
Vie Mar 24 2017
19ºC
Actualizado 07:36 am

Silvia Galvis Ramírez | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-24 05:00:00

Silvia Galvis Ramírez

“No por incierto como todo/ dejaré de escribir esta carta/ que habla de ausencias y de amores./ Siempre habrá un ausente en mi pellejo./ Un ausente que convive con mis pasos lentamente.” Roca.
Silvia Galvis Ramírez

Ante la muerte de Silvia, surgieron los recuerdos de aquella lejana infancia en la que compartimos muchos “acontecimientos” que ella revivió de manera novelada y llena de humor crítico en su libro “Sabor a mi”. Tiempos vividos con Silvia y tantas amigas que han quedado en los rincones del corazón, aunque yo haya partido de esa tierra de mi Santander. Lo que ocurrió, no dejo de evocarlo y revivirlo en mi mente cuando suceden hechos como la partida de la amiga de aquellos tiempos.

La Avenida González Valencia fue como el caudal que unió gran parte de nuestro recorrido hacia el Colegio de La Presentación, donde desde los 6 años nos formamos, o ¿nos deformamos? como diría Silvia. Cada día íbamos y veníamos saltando por entre las piedras y los andenes hacia el destino que nos habían escogido. Silvia inquieta, inteligente y reservada, expresó después mediante su escritura los sentimientos que la realidad de entonces le suscitaban.
Es imposible recordar el contenido de aquellas charlas, pero sí el de las que en otro momento de nuestras vidas pudimos tener. Con cierta nostalgia hablábamos, ya en Bogotá, de lo que había sido nuestra infancia y juventud y cómo veíamos este país tan lacerado por la violencia y la sinrazón. Eran diferentes visiones: ella más intelectual y crítica, desde su posición de escritora, yo desde el corazón y la esperanza del color y la luz de mis pinturas y mi arte.

Silvia es parte de esa infancia en la que en medio de algunas carencias y equivocaciones, propias de esa época, estuvo llena para mí de ternura, y el dulce olor de café de un hogar en el que me trasmitieron el valor de la esperanza y el amor. Se me enseñó, como dice un místico bizantino, que a veces “no es posible cambiar la realidad, pero sí el ojo con que la vemos.”

Esto hago desde niña, cuando desde mi sensibilidad, la realidad me abruma y ha dado resultados en los momentos más críticos de mi vida. Quisiera volver a ser niña, como dice Kazantzaki “para poder mirar el mundo con una mirada virgen y verlo siempre por primera vez ¡Qué milagro son en realidad, el ojo, el oído, la mente del niño! En verdad nada se parece tanto al ojo de Dios, como el ojo del niño que por primera vez ve y crea el mundo.” Un mundo que es caos, locura, sinrazón puede ser transformado por los ojos de ese niño aún no perdido, pese a los embates de los años, en esperanza de cambio.

Con Silvia miramos el mundo, desde lados enfrentados del río, pero aún recuerdo el abrazo, como si el tiempo y las diferencias se hubieran diluido, que nos dimos en la inauguración de una de mis exposiciones, en la que me acompañó con Alberto Donadío. Quizás ese sea el secreto de la convivencia humana: Diluir las diferencias para encontrarnos en lo que como seres humanos nos une, y transformar el mundo que parece perdido, en un paraíso más humano. Sonia. Yo me uno a estas voces de dolor de Sonia con un abrazo a Sebastián, Alejandro y demás familiares de Silvia.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad