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El recuerdo de Silvia Galvis | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-25 05:00:00

El recuerdo de Silvia Galvis

Cuando se conoce a una persona de principios, enmarcados en el carácter y la bondad, la amistad se vuelve infinita. Y eso fue lo que me sucedió al conocer a Silvia Galvis, desde cuando tuvimos la oportunidad de acercarnos con motivo de su llegada a Vanguardia para incorporarse al equipo de trabajo periodístico y me llamó para comentarme sobre un encargo para la Universidad de los Andes relacionado con el tema de los colombianos residentes en Venezuela.
El recuerdo de Silvia Galvis

Yo era un estudiante de Derecho y a los pocos días me habló de su idea de fundar el Departamento Investigativo del periódico y a renglón seguido me hizo la propuesta para que trabajara a su lado. Allí nació una oportunidad laboral con un mundo fascinante que todos los días me apasiona y una amistad sin esguinces por el resto de la vida, que aprendí a valorar y que me enriqueció de manera significativa.

Ella, siempre metida en las entrañas de un tema importante, tenía la mente puesta en un acelerador que husmeaba documentos, cotejaba conceptos, descifraba conclusiones y escribía con afán y deleite lo que iba concluyendo. De pronto se detenía, se levantaba de la silla, se quedaba pensativa y con el dedo índice comenzaba a señalar desenlaces y la amplia sonrisa aparecía al comprobar que lo concluyente afloraba.

Cuando tenía un buen cúmulo de deducciones, apuraba un café, llamaba a alguien cercano, asomaba un tema cualquiera y se esforzaba por tranquilizarse para que la calma le permitiera ventilar el argumento que la ocupaba, desprovisto de cualquier emoción o acaloramiento. Su enorme responsabilidad la llevaba siempre a revisar y cotejar varias veces un argumento, para alejar definitivamente cualquier posibilidad de error. Si alguna duda aparecía, por mínima que fuera, inmediatamente sentenciaba: “Esto no sale” y el tema quedaba aplazado.

Cuando se iba a sentar frente a algún implicado, alistaba pacientemente todo el cúmulo de argumentos, los ordenaba primero, colocaba unos al comienzo y otros al final para prever cualquier audacia de la contraparte, lo dejaba hablar de lo que quisiera y después, con una extraordinaria claridad, le disparaba todas las dudas que lo comprometían.

El periodismo colombiano tendrá que tener en el futuro un referente muy claro en lo que fue la labor de Silvia, en ese legado que transformó el estilo y el contenido y que les brindó enormes beneficios a los lectores y a los ciudadanos, por todo lo positivo que arrojó su trabajo y por todo lo que significó la influencia de su enorme personalidad y de su singular carácter.

Y ahora el tributo a la amiga, a la consejera, a la persona intachable que siempre estuvo ahí, tímida y discreta, pero invariablemente dispuesta a compartir un sentimiento o una experiencia. Su espacio fundamental lo ocuparon sus hijos, sus nietos, Alberto y sus hermanos. Hoy, cuando se ha ido definitivamente, no alcanzamos a comprender las realidades que nos presenta la vida, cuando la muerte no figura en el pensamiento y decide aparecer ahí, de frente, despiadada e invencible.

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