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Donde todo funciona bien | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-27 05:00:00

Donde todo funciona bien

Donde todo funciona bien

Allí todo funciona, me dijo. Todos los servicios públicos están concesionados, el Estado no mueve un dedo, lo único que hace es adjudicar los contratos y exigir el porcentaje que le corresponde, al mejor postor claro está. ¿Los políticos roban?, le pregunté. No sé, me respondió, si todo funciona no existe corrupción, si las cosas no funcionan es porque sí la hay, los servicios se encarecen y no se pueden prestar eficientemente. Las buenas administraciones comenzaron con González, el PSE trazó una línea de honestidad y el pueblo quiso demostrar que el socialismo es capaz de administrar con honestidad. Pero aquí en Colombia, le dije, siempre que la izquierda llega al poder se queda corta, es miope, no tiene una óptica empresarial, se ahoga en la ortodoxia, en la descalificación de unos a otros.

Y si la actúan como empresarios, generan a su alrededor un nido de corruptos incontrolable como en el caso de Bogotá. Todo en España se redujo a un principio del que habló Einstein, comentó Rodolfo Hernández. “No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo”. La política se hace lo mismo, comprando electores; la contratación dando coimas; sobrecostos, menos hierro, menos cemento, en fin, hacemos siempre lo mismo y queremos que esto cambie. Lo dijo ensartando frases y como él es piedecuestano y buen alumno de Figueroa, intercaló uno que otro madrazo.

Estos principios de honestidad y desarrollo me hicieron recordar que siendo yo asesor como abogado de Planeación Municipal en Bucaramanga en la Alcaldía de Roberto Cadena, alcalde honestísimo, le hice efectiva una póliza de cumplimiento a Rodolfo Hernández, póliza que estaba por vencerse en horas. El Estado laxo y descuidado no está pendiente de las pólizas, generalmente vencen sin cobrarse. La obra en que estaba empeñado en aquella época el entonces joven ingeniero, era cosa mayúscula en la ciudad, tapar el “roto” de La Rosita, era casi como rellenar el Cañón del Chicamocha, para atravesarla con la carrera 15, una avenida monumental para la época. Rodolfo, sin experiencia, aunque muy inteligente, se quedó corto en tiempos y en costos y fue una debacle económica para él y para la misma obra que el alcalde quería entregar en su administración. Rodolfo Hernández firme en la palabra empeñada, pagó al Municipio hasta la risa.

Siempre supe que cumplió en todas sus actos. No es éste un artículo zalamero, lamedor, sino que quiero hacer caer en cuenta de cómo se puede llegar a ser exitoso sin robar y sin defraudar a los pobres.

A la familia Galvis Ramírez y Hiller Galvis, decirles que aunque ninguna palabra podrá consolarlos, les ruego que acepten mis condolencias.

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