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Ría nos permitió ‘Volver a Sonreír’ | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-28 05:00:00

Ría nos permitió ‘Volver a Sonreír’

Ría Nicole Gallinat es natural de Kiel, una ciudad del norte de Alemania. Ella, de 39 años y licenciada en Idiomas, sin pedirle ni un solo peso al gobierno local, logró lo que ningún funcionario ni mucho menos político alguno ha hecho: darles afecto, comida, vestido y, en general, un hogar digno a 400 niños humildes del área metropolitana de Bucaramanga.
Ría nos permitió ‘Volver a Sonreír’

Hace 9 años creó su propia ONG, con la cual ha podido darle asistencia a la comunidad infantil desprotegida de los asentamientos ‘González Chaparro’ y ‘Granjas de Provenza’, al sur de la meseta.

Esta rubia, de tez blanca, ojos claros y quien lleva en sus venas ese furor teutónico que identifica al ímpetu de los germanos, se ‘encarretó’ con Bucaramanga. Por eso, dejó atrás las lenguas y se dedicó a lo que ella denomina como su “misión social en este mundo”.

Para fortuna de nuestra niñez, ella ‘adoptó’ a los indefensos menores que se refugian en asentamientos constituidos por hogares desplazados por la violencia.

Al principio llamó a su fundación con el nombre de ‘Caritas Felices’. Después, cuando comprendió que la tierna mirada de un niño deja de ser triste con una gota de afecto, decidió cambiarle el nombre a su institución. Entonces la bautizó así: ‘Volver a Sonreír’.

Dice que con ese término podría definir a su nueva forma de ver el mundo: “Quise escapar de los espíritus acartonados, de la vida de reconocimiento y del confort. Hoy sé que nada enciende tanto las ganas de vivir, como el alma de un niño”.

Tal vez por eso, de su bolsillo y de los de algunos amigos europeos, saca los recursos necesarios para socorrer a sus pequeños ‘retoños’ y para sostener a su singular fundación.

Ría Nicole, hija de un policía finlandés y de una consagrada maestra alemana, estudió docencia en la Christian Albrechts University. Domina el inglés, el español y, por supuesto, el alemán.

Y aunque es alemana, grita los goles de la Selección Colombia, se ‘muere’ por los vallenatos del Binomio de Oro y no para de comer mute cada vez que viene a nuestra tierra.

Es la madre de Federico, su único hijo. Llegó a nuestro país en el año 2000, tras un intercambio profesional. Al principio, sólo venía a dictar clases del idioma alemán, en un prestigioso colegio con sede en Bogotá.

Una vez radicada en la Capital de la República, tuvo que acostumbrarse a muchas cosas que, por su forma rígida de ser, jamás había experimentado: “Fue difícil, pero poco a poco aprendí”.

Sin saber ni una letra del español, comprendió qué era eso de la famosa ‘hora colombiana’, descubrió el encanto de la llamada ‘malicia indígena’, escuchó por primera vez un vallenato y hasta entendió ese lema que dice: ‘¡Tómala suave!’.

Después vio que la pobreza atropella duro a los colombianos y, por eso, se propuso cristalizar su idea de velar por los niños humildes.

En sus viajes por el país conoció a la capital santandereana, “una ciudad que me conmovió por las difíciles condiciones en las que viven muchos hogares, afectados por el desplazamiento forzoso”.

Hizo contactos con algunas personas de su tierra natal y de otros países de Eurpoa y enfiló baterías en favor de sus adorados chiquitines bumangueses, los mismos que hoy tienen la oportunidad de estudiar, de vestirse y de alimentarse con las donaciones de esta altruista alemana.

No pide nada por su labor social. Sin embargo, quiere conseguir  ‘padrinos’ para su causa: “Ayúdenme y verán cómo se conmoverán al ver caritas de niños volviendo a sonreír”.

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