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Para Silvia | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-28 05:00:00

Para Silvia

Hoy, cuando escribo estas palabras se está escondiendo el sol, un sol que fue esplendoroso ante un cielo cansado porque no puede enviar las gotas de lluvia que deberían caer entre las hojas de los árboles, sobre los robles de mi infancia, sobre los cedros de mi vida, rodar por su corteza, por sus ramas, por su cuerpo, besarlo lentamente. Las gotas de invierno todavía se demoran, no llegan, mientras la muerte arrasa con los seres que uno quiere, con los seres con los que uno alguna vez se entendió, con los que uno, de alguna manera soñó mejores mundos.
Para Silvia

Y no quiero llenar de elogios a Silvia Galvis, ya son suficientes y son siempre válidos e importantes. La timidez de ella seguramente no le permitía aceptarlos. Ella, era única y era valiente, diferente e inteligente y sobre todo rebelde.

Silvia, me respondió una carta (rara vez lo hacía), en eso fui un afortunado (todavía la conservo), cuando le escribí desde Guadalupe (Santander), reclamándole un espacio para escribir, para opinar, para meter “la pata”. Me dijo por escrito, venga y hablamos y así, con esa invitación, llegué a Vanguardia Liberal y, desde esa época floreció la amistad, la risa, el humor, el atrevimiento y la escritura y la confianza de la amiga que puede estar lejos, pero siempre la amiga. Era una felicidad encontrarse con ella cuando la vida y sus ocupaciones (de ella), se lo permitían.

Con su sonrisa y su generoso corazón me recibió en Vanguardia, me dijo que también había espacio para mí. Que escribiera y así lo hice y luego cuando fue directora me llamó para manejar el Dominical, esa parte del periódico que era difícil sostener, pero que por ser así, suponía un esfuerzo y a la vez una verdadera satisfacción elabórarlos y producirlo.

Silvia nunca nos llamó la atención ni nos sugirió temas. Solo reía mientras nos tomábamos un café y un poco de agua. Donaldo, me dijo un día, tú sabes que sufro de insomnio y por no dormir como Balzac, leía más y escuchaba ese mundo nocturno tan diferente al diurno. Por eso era mordaz y por eso tenía tan fino humor. Silvia nos empujaba a la crítica y a la rebeldía tan necesaria para vivir y para morir. Generosa al extremo y aguerrida. Tímida y libre, mujer todo el tiempo y a pesar de su aspecto frágil con su inteligencia volaba, arrasaba.

Durante mucho tiempo no la volví a ver porque andaba escarbando archivos, pero cuando la volví a ver estaba mejor y más libre y feliz.

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