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Palabras Inútiles | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-09-29 05:00:00

Palabras Inútiles

La abstención ha sido un fenómeno permanente en las democracias reales, tal vez porque la sociedad civil considere que es muy poco lo que hay que cambiar, y así se impone la inercia política. Pero también puede ocurrir que la democracia no sea más que una ficción y el desencanto y la frustración sean lo predominante. En medio de la gran abstención, el Señor Presidente ostenta una supuesta “gran mayoría” de corte caudillista y mesiánico.
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Lo peor que nos puede ocurrir es caer en lo que Nicolás Tenzer llama la sociedad despolitizada, una sociedad en la que los individuos tienen cada vez más la sensación de carecer de un poder estructurante, que se pueda manifestar a través de un eficaz sistema de partidos. En esas condiciones, plantea Tenzer, la sociedad se halla amenazada de fascismo. Y está claro que Colombia es cada vez más una sociedad que ha perdido la capacidad deliberativa, es decir, se ha convertido en un “Estado de Opinión”, o lo que es lo mismo, hemos llegado a una deslegitimación de la política, a una degradación del Estado de Derecho, lo cual es indicativo de la confusión entre Estado y política. Todo lo anterior no hace sino definir una crisis de  acción de la política, una crisis de representación, que deja el campo abierto y abonado al Estado Comunitario desintitucionalizado y en manos del populismo.

El desencanto por la política puede explicar en parte la abstención de la consulta del domingo pasado, pero no podemos caer en las explicaciones facilistas de que el triunfo del reeleccionismo  (del uribismo) esté asegurado con Uribe o sin Uribe. Sin duda, una de las tareas más fundamentales de lo que pueda llamarse oposición democrática es la de recomponer la credibilidad en la política como único medio civilizado de resolver nuestros problemas fundamentales; para superar la crónica credibilidad del Estado y para potenciar su eficacia en toda la comunidad política. Pero vivimos un estado de sopor y de degradación moral colectiva –que da rienda suelta a las pasiones viscerales-,  que arrincona a las minorías, a los críticos; los criminaliza e intenta hacerlos desaparecer de la política.

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