Los desalojos de viviendas urbanas | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-16 05:00:00

Los desalojos de viviendas urbanas

El ministro de Ambiente y Vivienda, Juan Lozano Ramírez, puso en días pasados el dedo en una de las llagas más amargas que hay en la Colombia contemporánea: los desalojos de familias que han incurrido en mora en el pago de cuotas de préstamos hipotecarios.
Los desalojos de viviendas urbanas

La relaci√≥n que existe entre entidad hipotecaria y deudores de pr√©stamos otorgados para adquirir vivienda ha pasado por momentos cr√≠ticos durante los √ļltimos 15 a√Īos. El Estado no ha actuado con la suficiente inteligencia, a las decisiones que ha tomado le han faltado tino y, en consecuencia, como siempre ocurre cuando quienes gobiernan no otean las consecuencias de aplicar ba√Īos de aguas tibias para problemas sociales, por todos los poros comenzaron a brotar complicaciones. Y eso ha ocurrido en este caso.

El sistema Upac, luego de la reforma que bajo la coordinación de  Rudolf Hommes como ministro de Hacienda se le hizo en la administración Gaviria Trujillo, se convirtió en un camino hacia el infierno para muchas familias de clases medias y sectores populares pues las determinaciones gubernamentales estuvieron inspiradas en la preservación del modelo económico predominante y el costo social de ello fue grande.

Al verse miles de colombianos demandados por sus deudas hipotecarias comenzaron a asociarse y a generar mecanismos de defensa que pronto se convirtieron en agresivas formas de ataque a los abogados de los demandantes y a los empleados de la Rama Judicial.

Hubo críticos momentos en las secretarías de los Juzgados donde había remates de inmuebles embargados, fue necesario recurrir a la presencia policial y se comenzó a impedir el ingreso a los edificios de los juzgados a los grupos de activistas que eran agresivos en la defensa de los deudores.

En medio de la desigual refriega, surgió un funesto sector dedicado a rematar a bajos precios los predios embargados, los postores comenzaron a practicar grises maniobras en las subastas y solo una camarilla cerrada comenzó a poder participar y adquirir los  bienes que salían a remate.

La lucha se desplazó entonces a la diligencia de desalojo físico de las familias que moraban en los inmuebles rematados y las ciudades de Colombia comenzaron a ser escenario de agrios enfrentamientos entre grupos de activistas que respaldaban beligerantemente a los deudores por una parte, y la Policía, los abogados de los que subastan y los inspectores de Policía, por la otra parte.

Ha habido crudos enfrentamientos y refriegas. Deudores que han  tumbado las casas para no entregarlas a sus nuevos propietarios; batallas campales con gases lacrimógenos, tanquetas de la Policía, lluvia de piedras, contusos, etc.

A buena hora decidió actuar el gobierno central a través del ministro de Ambiente. A estos crudos episodios hay que ponerles tatequieto.

Hay que hallar soluciones coherentes que acaben con la ma√Īa de los deudores, sector en el que hay desde v√≠ctimas de las crisis econ√≥micas hasta sinverg√ľenzas que se han aprovechado de las circunstancias; que metan en cintura a las ¬ďroscas¬Ē de postores en las subastas p√ļblicas y que la posici√≥n de las entidades acreedoras sea racionalmente revisada.¬†

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