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No es una vaca cualquiera | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-05 05:00:00

No es una vaca cualquiera

Buenísimo lo que hizo Colanta hace unos días, que repartió leche por mangueradas. Con toda el hambre que hay en Colombia este gesto demuestra que la actitud de las empresas sí puede ser flexible ante la situación social.
No es una vaca cualquiera

Todavía recuerdo el cambio de sabor cuando salí del campo y tuve que conformarme con eso que se vende en las tiendas, que llaman dizque “leche”, con sabor a agua con harina. Una vez, en una época parecida a esta, cuando en una de estas empresas estaban vaciando la leche en las alcantarillas, le preguntamos al gerente que por qué no mejoraban la calidad de la leche en vez de botarla, y la respuesta fue contundente: “No se puede, porque la gente se acostumbra al verdadero sabor”.

Según el criterio nacional, si nuestro vecino decide no comprarnos leche, la decisión debe ser tirarla, pero no se nos ocurre abrir el negocio a otras opciones, como extender la producción a los derivados lácteos, tantos y tan importantes para la nutrición, y utilizar el suero residual, por ejemplo, para alimentar cerdos, pero resulta que por estos días la gente le teme al marrano porque está dando vueltas el mito del virus, como si tuvieran en verdad alguna relación (eso sin contar los adventistas, que, como los judíos, no comen de estas carnes porque la religión se los impide).

Y sucede también que los ganaderos están viviendo una situación bien complicada porque no tienen cómo negociar sus animales finos de raza lechera: ¿para qué comprar vacas lecheras si no hay a quién venderle la leche? Y resulta que los ganaderos, para resolver sus problemas diarios, tienen que vender a los carniceros a precio de tripa picha las vacas finas, porque no hay comercio de otra manera. ¿A qué vamos? A que los carniceros están comprando ganado lechero fino por peso, no por raza, y lo están pagando a un precio que casi llega ya a los dos mil pesos por kilo, aunque el precio al consumidor sigue igual, y, dependiendo del establecimiento, puede llegar a multiplicarse por diez; es decir, que por un kilo se pagan casi veinte mil pesos.

Las preguntas son simples: si sobran la leche y la carne, ¿por qué no bajan los precios?; ¿por qué los precios bajan a niveles absurdos para el ganadero y para el consumidor siguen iguales o más altos?; ¿por qué no se ve al Gobierno por ahí tratando de resolver la situación? Bueno, con estos ministros de agricultura es difícil que haya solución a la vista.

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