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Secretos que pueden cambiar nuestra vida | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-17 05:00:00

Secretos que pueden cambiar nuestra vida

Su vocación de servicio llevó a Gonzalo Gallo a ser un sacerdote de la Iglesia Católica, donde fue ordenado con honores. Por mucho tiempo fue uno de los padres más carismáticos de Colombia. Lo escuchábamos en el púlpito y en la radio, lo veíamos en la televisión, y por supuesto lo leíamos en Vanguardia Liberal.
Secretos que pueden cambiar nuestra vida

Su carisma sigue intacto y es evidente que mantiene la sintonía radial, en la pantalla chica y en las columnas editoriales de Vanguardia Liberal. Sólo que ya no es padre. Renunció hace ocho años al sacerdocio, no porque no crea en Dios ni en la fe Católica, sino porque siente que de ‘civil’, como él mismo dice, puede ser más ecuménico y más abierto a su prójimo.

Tiene un sentido del humor exquisito. Alguna vez, cuando le advertimos que al dejar el sacerdocio perdió la gran oportunidad de llegar al Vaticano y convertirse en Papa, señaló que el consuelo que le quedó fue que si hubiese sido nombrado Sumo Pontífice, todo el mundo le diría ‘Papa…Gallo’.

Y es evidente que Gonzalo Gallo no iba a permitir que su nombre se escuchara como el ‘Papa…Gallo’ de verdad, con la ‘Y’ y con el plumaje de colores amarillo y verde.

Aunque habla a mil con sus ‘aeróbicos espirituales’, quienes le escuchan le entienden a la perfección y cualquiera de sus reflexiones nos pone en ‘línea’ con Dios y con la vida. Es buen charlador, un gran consejero y un singular cuenta chistes, aunque aclara que para ser más exacto, son algo ‘flojos’.

Más que paisa, es un colombiano de pura cepa, de esos que vive enamoradísimo de la cumbia, de las orquídeas, del café, del mute, y en general de todo lo que respire Colombia.

El próximo 20 de agosto Gallo estará en la capital santandereana. Según él, viene a contarnos un secreto que podría cambiar nuestras vidas. En esencia se trata de una conferencia taller que dictará este miércoles a partir de las 6:30 p.m., en el auditorio mayor de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB.
Viene a contarnos del poder de la mente, de cómo las ideas en el pensamiento traspasan las murallas, los pechos y ven lo más escondido de nuestras almas. Sí, nos contará en qué consiste eso de la ley de la atracción con la espiritualidad.

Y lo mejor es que su charla será a beneficio de los adultos mayores. Lo que se recaude en esta actividad se destinará a la atención de los ancianos, porque además de estar en el mes de la tercera edad, él es un convencido de que las canas son el fundamento de la experiencia y a nuestros viejos hay que ayudarlos a vivir bien.

Gonzalo Gallo tiene el pelo algo cenizo. Como él mismo dice, “ya entré al llamado ‘sexto piso’, tras mis 60 años cumplidos”. Ante las fechas del calendario, visualiza su vejez como etapa plena para la vida que piensa aprovechar al máximo. Por eso quisimos preguntarle por qué pocas personas saben ser viejas…
“Un hombre no es viejo si así no se considera. La verdad es que saber envejecer es la obra maestra de la sabiduría, y al tiempo, para algunos se convierte en una de las partes más difíciles del gran arte de vivir.

La vida no es una arruga, es lo que hay en el alma. Si nos acostumbramos a cosechar en nuestra mente actitudes de serenidad y gallardía, veremos la vejez como una etapa bella. A mí no me gusta ver a esos ancianos caprichosos que se quejan por todo. Me alegra esos hombres curtidos en años que sonríen, bailan e incluso, pese a las enfermedades, tienen la luz de la vida.

Sin embargo todo se torna grave tras el ‘arrabal’ de la senectud. ¿Qué pasa cuando son más las enfermedades que las arrugas? ¿Qué hacer cuando alguien está desahuciado?

Es un tema espinoso. Yo pienso que más allá de la agonía y de que lo llenen a uno de tubos con la medicina, están la esperanza y la fe.
También es cierto que cuando gozamos de salud, les damos buenos consejos a los enfermos. Pero no es fácil cuando es uno el que está padeciendo los rigores de una enfermedad.

Es cierto. Las nueve décimas partes de nuestra felicidad se fundan en la salud. Por eso siempre he dicho que la salud es un asunto de confianza. Consiste de manera sencilla en creer que no se está enfermo y en vivir como si se estuviese sano.

Yo he vivido durante los últimos años varias experiencias con personas moribundas. Son experiencias que duelen, pero también son inmensamente enriquecedoras.
Un moribundo no está preguntado por cómo están las acciones ni por plata; un moribundo habla de fe, de cariño, de salud. Lo que más duele de morir son los apegos del corazón, no la plata.

¿Qué es la muerte para usted?
Morir es un acto de la vida. No es acabarse, es continuar, o mejor dicho, es renacer a otra vida. Analice esta frase: nacer no es el comienzo, la muerte no es el fin.

El aborto y otros hechos

Hablando de estos temas, ¿cómo interpretó el fallo de la Corte Constitucional de despenalizar el aborto?
Yo siempre he sido un defensor de la vida. Me molesta que el aborto sea la salida más fácil. Me indigna comprobar cifras que dan cuenta de que en Colombia dos de cada cuatro niños que nacen, no son deseados.
Usted habla de la magia del perdón, incluso escribió un libro sobre este tema. ¿Cómo hablar de él en un país como Colombia, azotado por una violencia que ya pasó de los 50 años, y atraviesa hoy un tortuoso camino hacia la paz?
 “Paz y perdón van siempre de la mano. Usted no puede estar en paz mientras está con el veneno del odio y la venganza, porque esa venganza es otro tipo de armamento. Pero también es claro que el perdón también va de la mano con la justicia. Esto significa que perdonar y pedir perdón no implica tolerar abusos ni ser cómplice de la maldad.
Yo puedo perdonar a quien me ha secuestrado; pero al mismo tiempo tengo la libertad, sin desearle mal y sin odiarlo, de pedir que vaya a la cárcel”.
¿Sería entonces poco coherente pensar que la paz sólo comenzaría si olvidamos y hacemos un borrón y cuenta nueva?
Perdonar no es olvidar, como decía Celia Cruz en la última canción que nos dejó antes de morir. Perdonar no es necesariamente olvidar, sino recordar sin rabia. No podemos confundir el perdón con la ingenuidad o con la permisividad, porque entonces estamos alimentando más violencia”.

¿Quién es Gonzalo Gallo?

Cuando vivía en el hogar formado por Gabriel Gallo y Ana González, aprendió que lo único que le daba sentido a su vida era el servicio. Desde entonces colabora con infinidad de obras sociales, sobre todo las que tienen que ver con las personas desprotegidas.
Es el cuarto de nueve hermanos. Procede de un hogar humilde que a punta de trabajo, estudio y dedicación, logró salir adelante. Por eso él trabaja desde los 10 años: vendió telas, cargó mercados, trabajó en el cementerio colocando flores, en fin…
Su ‘palmarés’ es tan grande como su espíritu. Es licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad de San Buenaventura. Además realizó estudios de Teología y Biblia, en Haifa, (Israel) y en Roma, (Italia). Es políglota. Además del español y el inglés, aprendió el idioma de los austriacos, el de los ingleses y el de los franceses.
Nació en Medellín hace 60 años. Ha escrito diez libros. El último de ellos lleva el título de ‘Muy Buenos Días’, y está inspirado en los mensajes que escribe para el reconocido programa de televisión que tiene el mismo nombre de su producción literaria.
Gonzalo Gallo es uno de los más destacados columnista que tiene Vanguardia Liberal. Sus líneas se leen todos los miércoles en las páginas editoriales.

‘Todo hay que sudarlo’

¿Cuál es su opinión de aquellos que les dan el valor de sus vidas a velas, bolas de cristal, y en general a esas doctrinas esotéricas?
“La gente cree que las cosas llegan por arte de magia. Eso es ser cómodo. Creer que el Indio Amazónico me va resolver mi problema con el dinero, la salud o el amor, es algo errado. Es una desconexión con la realidad. Todo hay que sudarlo.
Yo no conozco, por citar un momento real, a ningún deportista de esos que están en China, que hayan ido allá por el poder de la velas o al azar. Todos están allá porque se prepararon, porque lucharon para acceder al sueño olímpico.
De manera desafortunada la televisión se encarga de multiplicar todos esos mensajes de lo fácil o de lo esotérico.
Pero usted hace parte de la televisión. No en vano trabaja en un espacio que cada mañana llega a los colombianos, y también maneja temas como estos de las velas y las cartas…
Para mí esos son los estragos del mal llamado raiting. El Dios dinero hace que se venda la cultura de lo fácil. Un noticiero no es sino goles, balas y colas. Pero, ojo, no depende sólo de los medios, es un doble juego donde la gente pide basura y se cree que por ello hay que darle basura.
Nos falta desarrollar más nuestro sentido crítico y emitir mensajes más centrados”.

“¿Por qué no una mujer sacerdotisa?”

Usted dejó de ser sacerdote, pero qué piensa de que la Iglesia Católica permita mujeres sacerdotisas.
“La iglesia debe ser renovadora, que esté en sintonía con el mundo actual. Debería ser menos clerical; es que aquí el cura hace todo: da misa, da las hostias, dirige las primeras comuniones y hasta organiza los bazares en los barrios.
¿Por qué no una mujer sacerdotisa? Los cambios se pueden dar, sin que por ello se altere la fe. Pero, bueno, ese es un asunto que yo respeto, y que por supuesto está en manos de las autoridades eclesiásticas”.

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