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¿A qué jugamos? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-13 05:00:00

¿A qué jugamos?

No hay peor ciego que el que no quiera ver.
¿A qué jugamos?

Al colombiano común le interesa lo que percibe que lo puede afectar individualmente, la solidaridad está olvidada, y alimenta su orgullo colectivo, en la satanización de los vecinos.

No de otra manera se explica que el asesinato de centenares de jóvenes pobres en los llamados “falsos positivos” haya conmovido a tan pocos, que ocho millones de indigentes y veinte millones de pobres, no genere una repulsa política al modelo económico impuesto.

Que las denuncias sobre corrupción en el DAS, desde Noguera (acusado de ofertar listas de colombianos para que fueran asesinados) hasta las interceptaciones ilegales no haya exigido la responsabilidad política del gobierno; que los actos irregulares en el INCO, en el INPEC, en el Ministerio de Agricultura, en el Ministerio del Interior, en el Ministerio de la Protección, y en tantos otros, no genere un repudio de la opinión.

Ante la ausencia de motivos para afirmar el orgullo nacional hemos avanzado en la esquizofrenia colectiva con mayorías (aparentes) que niegan la realidad. Tanto que un prestigioso diario español dice que los colombianos no queremos mirar al espejo, pues si lo hiciéramos, veríamos cosas que harían sonrojar a un dictador, y un listado de horrores que avergonzarían a la nación entera.

Llegamos a tal extremo, que un número grande de compatriotas rechazaron la posibilidad de un Nobel para la senadora Córdoba, que hubiese significado que la solución negociada al conflicto colombiano tuviera un espacio en la mente nacional. Pero no. Al parecer queremos una cadena interminable de muertos, un poder concentrado sin valores democráticos pero a nombre de ellos.

Ya veo muchos de regreso del error, pronto muchos más conformarán una nueva mayoría. Por ahora, no parece importante jugar y ganar metiendo goles. Jugamos sí, a ganar haciendo muertos, con un estadio lleno de hambrientos, desempleados y despistados gritando, cantando y vociferando, entusiasmados por el éxtasis que produce la sangre, observados desde las salas VIP colmadas de banqueros, terratenientes y mafiosos, excitados por el incremento y la concentración de sus riquezas. Ah, y sin árbitro.

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