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El Tiempo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-17 05:00:00

El Tiempo

¬ŅExiste el tiempo? Es la pregunta que nos hacemos desde siempre. Einstein¬† enloqueci√≥¬† al mundo cuando expuso a sus compa√Īeros de ciencia la teor√≠a de la relatividad.
El Tiempo

El misterio del tiempo y el espacio. En un teatro de arrabal la estripticera se va despojando poco a poco de su brasier, y debajo otro y otro m√°s, como una Matrihozka infinita que se destapa. Dos tiempos distintos, el de la mujer que tira sus trapos lentamente¬† y el de los lobos que a√ļllan afanados. El tiempo es de instantes y de eternidades. El amor es eterno hasta que se acaba, dicen los desenamorados. La Corte corre en los procesos de la parapol√≠tica y es lenta en los de la Farcpol√≠tica, asegura el comentario de Mauricio Vargas en el peri√≥dico El Tiempo. ¬ŅEs ciega y coja seg√ļn los tiempos?
El reloj que le regaló el mafioso Giorgio Sale al Magistrado Yesid Ramírez marca un tiempo diferente al de la iglesia de mi pueblo.

Hace un tiempo en raz√≥n de¬† la ventanilla siniestra y haber hablado con unos capos, a L√≥pez Michelsen le quer√≠an echar mano¬† en E.U. Dicen que escap√≥ en un Jet privado. En tiempos de hoy, a los Magistrados se les cuestiona un viaje al Huila con pasajes pagos por particulares cuestionados. Ahora que nuestra Corte viaja a Estados Unidos a interrogar capos de la parapol√≠tica,¬† ¬Ņser√° que los gringos les quieran echar mano por esos episodios? Ser√≠a el verdadero choque de trenes¬† de todos los tiempos.

¬ŅLa operaci√≥n Jaque del ej√©rcito colombiano es un jaque mate o un Jaque perpetuo? Dos tiempos distintos en una sola acci√≥n. Habr√° tiempo de siembra y tiempo de cosecha, dice el evangelio. ¬ŅEs el tiempo una mera ilusi√≥n? No s√© por qu√© he resultado escribiendo sobre ese fant√°stico espectro que es el tiempo. Tal vez porque en el caf√© alguien puso el tema, dijo que a √©l no le alcanzaba el tiempo para nada. Sin embargo estaba ah√≠ matando el tiempo. Hubo una vez un ciego, aqu√≠, en donde puse mis coordenadas para vivir. Todos hablan de ese ciego, el ciego Juan. Un ciego muy particular, era el cartero. Caminaba sin tiempo y con la seguridad de un vidente, guiado por sus¬† pies descalzos, la rugosidad de las piedras, por el aroma de cada esquina y el rumor que es el sentido inexplicable de los ciegos.

Corre y dile de los enamorados, y √©l, con esa paquid√©rmica lentitud sin tiempo. El papelito escrito a las escondidas, perfumado con aroma de rosas machacadas. Hasta que un d√≠a se equivoc√≥, como suele suceder con el maldito destino. Las palabras amorosas llegaron a otro, al que no era. El verdadero destinatario sali√≥ unos minutos antes, otra vez el tiempo. El honor estaba ubicado en aquel tiempo en la parte que hoy las muchachas se rasuran, dejando algo parecido a la herida de guerra que recibi√≥ en la cabeza calva mi profesor de ingl√©s, el doctor Sernatis, apodado por¬† todos ¬ďalcanc√≠a¬Ē.

Insulto va e insulto viene. Los destinatarios de la carta amorosa se trenzaron en una guaz√°bara de malas palabras. De regreso por el and√©n, el ciego Juan alcanz√≥ a escuchar la pelotera. ¬°Gran g√ľev√≥n! ¬°M√°s g√ľevon es usted! Juan, un hombre prudente, les dijo, si ambos las tienen tan grandes s√≠rvanse quitarlas del anden no vaya y se las pise. Tiempos aquellos.

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