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Jorge Bohórquez Cifuentes | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-15 05:00:00

Jorge Bohórquez Cifuentes

El 13 de junio de 1984 escribía Vanguardia Liberal: “El Titanic se hundió, probablemente por no haberse captado en Inglaterra el sonido que se percibe como: ‘Ta Ta Ta Taa Taaa Taaa Ta Ta’, señal que en el sistema Morse traduce S.O.S. Así lo afirma sonriente Jorge Bohórquez Cifuentes, uno de los hombres que manejó el primer equipo de comunicaciones que permitió a Colombia el contacto con el exterior.
Jorge Bohórquez Cifuentes

Bohórquez Cifuentes explicó que en 1912, año en que naufragó el Titanic, el sistema Morse no se había perfeccionado del todo, situación que dificultó la percepción de la señal enviada desde el imponente barco.

Hoy, fecha en que se conmemora el trigésimo aniversario de la llegada de la televisión a Colombia, Jorge Bohórquez, a sus 74 años, no ha olvidado ni uno solo de los sonidos que identificaba cada letra. Aún los repite mientras golpea la mesa. Ese “pito” le permitía transmitir los saludos protocolarios que el Rey Jorge I de Inglaterra enviaba al Presidente. Llegó a recibir 60 palabras por minuto que copiaba en la máquina de escribir y enviaba inmediatamente al Primer Mandatario.

Durante la administración de Miguel Abadía Méndez, se fundó la Escuela Nacional de Radio Comunicaciones. En ese entonces, 18 futuros radio-operadores ingresaron. Se exigió como requisito mínimo haber realizado hasta quinto de bachillerato. Más de 55 años han transcurrido desde entonces. Los rápidos avances tecnológicos se han sucedido uno atrás otro.

La cabeza nevada del santandereano, Jorge Bohórquez Cifuentes, pionero de la radiocomunicación en Colombia, se inclina con nostalgia mientras escribe el abecedario Morse y asegura, sin que puedan apreciarse sus ojos, que se alegra del cumpleaños de la televisión.”

Al conmemorar su familia el pasado viernes nueve los cien años del nacimiento de Jorge Bohórquez, me permito traer este recuerdo de quien fuera un hombre ejemplar para todos aquellos que lo conocimos de cerca y tuvimos ocasión de compartir con él, en mi caso como yerno, tantos momentos y vivencias gratas y aleccionantes.

Las salidas los domingos a comer las deliciosas morcillas de Girón, donde compartíamos inolvidables momentos familiares. O un poco más arriba, a saborear las jugosas piñas de Lebrija, paseo que aprovechábamos para recorrer la gran planicie de Palonegro, todavía no se había construido el aeropuerto, circunstancia que él utilizaba para contarnos en detalle una y otra vez sobre la cruel batalla con la que se puso fin a la Guerra de los Mil Días, situación que Jorge aprovechaba para reiterar sus enseñanzas sobre la barbaridad del odio que inevitablemente se manifiesta en una u otra forma de violencia. También lo recordamos recostado en su silla desde donde dialogaba con sus hijos y jugaba con sus nietos; allí estaba el 24 de enero de 1990, cuando el Señor lo invitó a dialogar con Él y con la misma placidez con que vivió, así se fue.

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