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Círculos grandes, círculos pequeños | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-15 05:00:00

Círculos grandes, círculos pequeños

Le preguntaron a un sabio que si pudiera pintar la vida en una gráfica, cómo la dibujaría. El hombre tomó la hoja y trazó sobre ella muchos círculos: unos grandes, otros pequeños.
Círculos grandes, círculos pequeños

Cuando le cuestionaron el por qué plasmaba circunferencias por doquier, respondió que para él la existencia era una especie de línea curva que terminaba justo donde comenzaba.

Dijo, entre otras cosas, que así somos todos: “llegamos limpios y nos vamos de la misma forma, sin un peso; salimos de la nada y nos vamos para esa misma nada”.

El hombre dio un ejemplo sencillo: nos mostró como ancianos y como bebés encerrados en un mismo círculo.

¿Por qué los pintó de esa forma?

Porque en los estertores de nuestra vida volvemos a ser bebés: nos volvemos tan frágiles como los niños.

Reiteró que cuando somos ancianos, más allá de la sabiduría que les han atribuido a los viejos, ellos siempre terminan dependiendo de los demás. Si no lo cree, échese unas pasaditas tanto por los ancianatos como por las ‘sala-cunas’ de la ciudad.

También explicó que el planeta es un círculo, tal como son los glóbulos rojos y el propio sol.

Aseveró que la saliva se compone de pequeñas gotas redondas, y que la lluvia puede ser un océano que cae del cielo, como un bálsamo que besa a la redonda tierra que pisamos.

Anotó que así existan círculos más grandes que otros, todos somos iguales: “lo que pasa es que para parecer más grande, la gente se pinta gigante; pero al final todos hacemos parte de la misma circunferencia”.

También explicó que el círculo de la vida nos deja entrever que repetimos la historia, con relativa frecuencia. Reproducimos el ayer, con la misma facilidad que construimos nuestro futuro.

Es decir, lo que hacemos en el pasado, lo replicaremos mañana; sólo que no nos daremos cuenta.

Mucho de cierto hay en esa tesis. La verdad es que pocas veces nos hemos sentado a meditar sobre la forma como nuestras experiencias y vivencias del pasado condicionan nuestro actuar . Y si lo hiciéramos, encontraríamos más de una sorpresa.

Para el sabio e incluso para muchos sicólogos, ver la vida como un círculo puede ser una actividad enriquecedora, porque nos permitiría conocernos un poco más, descubrir las causas de nuestros problemas actuales, encontrar la forma de solucionarlos y hasta indagar los vericuetos del alma humana.

¿Y eso para qué?

El sabio responde que es para poder entender mejor a las demás personas y estar en mayor capacidad para aceptarlas, tolerarlas y perdonar sus yerros.

El concepto, advierte el experto, no es nuevo.

Para él su argumento es una sencilla circunferencia, la cual deja claro que nuestra niñez y juventud, así como nuestras relaciones afectivas, especialmente las relacionadas con nuestra familia, condicionan hoy nuestra forma de ver la vida.

No hay que ser sicólogo para entender que nuestros conflictos emocionales, los problemas de consciencia, los miedos que nos acosan o los temores que nos asaltan comenzaron cuando éramos niños. Lo peor es que, si no hacemos algo, ellos morirán con nosotros.

¿Se puede romper este círculo?

¡Claro que sí!

No, no se trata de romper el ciclo de la vida. La idea es hacer más placentero nuestro compás y pintar círculos más amenos. Ellos nos permitirán llegar al final en paz y, sobre todo, con la satisfacción de haber atravesado nuestra propia circunferencia, así ella sea grande o pequeña.


círculo del odio o del amor, ¡usted elige!

... El dueño de una empresa gritó al administrador, porque estaba enojado en ese momento.

... El administrador llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de gastar demasiado dinero.

... La esposa gritó a la empleada porque rompió un plato.

... La empleada le dio un puntapié al perro porque la hizo tropezar.

... El perro salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por la vereda, porque obstaculizaba su salida por la puerta.

... Esa señora fue al hospital a vacunarse contra la rabia y gritó al joven médico porque le dolió cuando le aplicó la inyección.

... El joven médico llegó a su casa y gritó a su madre, porque la comida no era de su agrado.

... La madre le acarició el cabello diciéndole: “Hijo querido, mañana te haré tu comida favorita. Tú trabajas mucho, estás cansado y necesitas de una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumadas, para que descanses con tranquilidad. Mañana te sentirás mejor”. Luego lo bendijo y lo dejó solo con sus pensamientos.

En ese momento se interrumpió el círculo del odio, porque chocó con la tolerancia, el perdón y el amor.

Si usted ha ingresado en un círculo de odio, acuérdese que con tolerancia, disposición al perdón y sobre todo, con amor, puede romperlo.

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