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Palabras ante la muerte de un amigo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-17 05:00:00

Palabras ante la muerte de un amigo

La lobreguez de la muerte sugiere que ante su presencia huye la luz, porque su imperio corresponde al reino de las sombras. Y que todo lo que yace inerte, sin fulgor, está muerto. La vida entonces es un astro cuya luz se proyecta hasta los confines del universo y desde allí retorna a su lugar de origen, sin importar cuántos millones de años se gaste en cada periplo, porque por los astrónomos sabemos que el cielo se halla tachonado de luminarias cuya masa se disolvió millardos atrás.
Palabras ante la muerte de un amigo

Desde esa perspectiva, nuestro amigo ha iniciado su viaje hacia el oriente eterno, ese surtidor de luz del universo. Tras de sí, no ha quedado sobra alguna. Hoy, desde el campo unificado en donde se tiene la certeza de la dicha plena, nos bastará pensar en él para que se haga presente ante nosotros con la certeza y la firmeza de su luz fraterna.

A Daniel le gustaba enseñar y a todos logró comprometernos con algunas de sus profundas inquietudes existenciales, espirituales y filosóficas. Una de ellas era tratar de establecer los porqués de las contradicciones del ser humano respecto de su aprecio por la vida. Para nosotros, desde nuestra dimensión de mortales hay valores más importantes que la vida, pues estamos dispuestos a entregarla por ellos, como si la validez de la vida dependiera siempre de algo de mayor esencia. La resistencia a la muerte, a la que no se llega por un propósito sino por la simple consecuencia de querer vivir cierto tiempo, obedece precisamente a ello. La muerte como la simple culminación de la vida, carece de sentido y es inútil.

Su luminoso espíritu ya no está aquí. Su aguda comprensión del alma humana ya no se halla al alcance de nuestra voz para preguntarle. Sin embargo, tengo la convicción de que, después de sus batallas con la muerte, nos diría que no vale la pena jugarse el privilegio de vivir por nada, porque la muerte no es más que la condición que ha impuesto la Inteligencia Superior para que, mientras tenemos la conciencia de respirar, limpiemos nuestro ser para salir airosos de este empaque humano, no como guerreros, no como héroes, no como justicieros, no como salvadores, no como poderosos, no como libertarios, sino como herederos del cielo, diseñado por la Inteligencia Divina para ser morada eterna de todos aquellos que, habiendo sido bendecidos por el soplo vital, también hubieran entendido que si fuimos dotados de un corazón que no distingue, no fue para que lo pusiéramos al servicio de nuestros apetitos, sino para que, como hombres libres y de buenas costumbres, nos amáramos los unos a los otros.

Cumpliendo ese precepto superior, la dimensión del premio que nos espera tras la muerte es gozar a plenitud de esa vastedad iluminada, en donde todo es infinito y puede más que el hombre, que el concepto y que la forma. Ya pronto nos veremos allí.

(Tomado de un reciente discurso fúnebre del doctor Luis Eduardo Montero).

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