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A 20 a√Īos del bombazo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-18 02:26:47

A 20 a√Īos del bombazo

Esa madrugada, Pedro Duarte, que hace 20 a√Īos era un auxiliar del √°rea donde se imprime este peri√≥dico y hoy es el Jefe de Rotativa, se acomod√≥ para dormir junto a una bovina y se tap√≥ -no sabe porqu√©- con unos cuantos cartones que envuelven los rollos gigantes de papel.
A 20 a√Īos del bombazo

Su turno hab√≠a acabado a las tres de la ma√Īana. Era un lunes festivo. Otros tres de sus compa√Īeros tambi√©n dorm√≠an dentro de las instalaciones del peri√≥dico. Lo hac√≠an para cumplir con sus turnos en la madrugada.

Este hombre, que ya lleva 27 a√Īos en la empresa, s√≥lo recuerda que el estallido del carro-bomba lo dej√≥ sin aliento y que si no hubiera sido por los cartones que lo cubr√≠an, su cuerpo tendr√≠a hoy las marcas de cientos de diminutos pedazos de vidrio que cubrieron el lugar como si fuera un tapete.

Minutos antes, un hombre había dejado abandonado en toda la entrada del periódico, un Renault 4 amarillo que contenía 100 kilos de explosivos. Huyó rápidamente y ante la evidente tragedia -del carro salía humo- uno de los celadores de turno corrió al teléfono para dar aviso, justo cuando la fuerte explosión lo sacó de la caseta.

¬ďCuando me levant√© todo estaba totalmente oscuro, ol√≠a a humedad, a p√≥lvora, a tierra h√ļmeda y la nube de escombros cubr√≠a todo¬Ē, recuerda Pedro Duarte. Dice que la gran puerta que hab√≠a sobre la carrera 14 con calle 34 continu√≥ movi√©ndose por unos minutos, produciendo un ruido ensordecedor.

Tenía cortadas en el brazo izquierdo y así caminó hasta la entrada del periódico donde la escena podía compararse con un campo de batalla.

A los pocos minutos, Leonor Santamar√≠a, que en ese entonces era la responsable del departamento a donde llegaban los textos antes de imprimirse, recibi√≥ una llamada. Era Pedro Duarte. ¬ďSe√Īorita Leonor, v√©ngase porque pusieron una bomba en el peri√≥dico¬Ē, fue lo que dijo.

Con su grupo de trabajo, Leonor había quedado de madrugar para montar la separata literaria y por eso estaba prácticamente lista para salir.

¬ďEsas m√°quinas, las de fotocomposici√≥n, quedaron totalmente destruidas. Cuando llegu√© las puertas estaban ca√≠das, las tapas de las m√°quinas volaron y no quedaba vidrio bueno¬Ē, dice.

Cerca de las nueve de la ma√Īana y con la ciudad paralizada por ese acto terrorista, Alejandro Galvis Ram√≠rez llam√≥ a Leonor Santamar√≠a para preguntarle si se pod√≠a imprimir el peri√≥dico para el d√≠a siguiente. ¬ďLas m√°quinas se ven enteras pero hay que probarlas. Sin embargo, se puede escribir y la m√°quina reveladora tambi√©n est√° buena¬Ē, fue su respuesta.

Darían la pelea. Le demostrarían a los violentos que a pesar de la destrucción, la libertad de expresión estaba por encima del poder de la dinamita.

Vanguardia Liberal hab√≠a asumido una posici√≥n frontal contra el narcotr√°fico, pero el desquite contra quienes repudiaban abiertamente este flagelo qued√≥ en evidencia cuando a Luis Carlos Gal√°n lo mataron en agosto del mismo a√Īo del bombazo.

En septiembre de 1989, el peri√≥dico cumpli√≥ 70 a√Īos de haberse fundado y a la celebraci√≥n asisti√≥ el Presidente Virgilio Barco, quien aprovech√≥ el acto para declarar la guerra al narcotr√°fico. El peri√≥dico, con toda su pol√≠tica editorial apoy√≥ las medidas y al mes siguiente los ¬Ďnarcos¬í se la cobraron.

√Ālvaro Torres, que hoy hace parte del departamento de dise√Īo y que fue uno de los primeros en llegar al diario, afirma que el panorama era completamente desolador y que no puede olvidar que en la calle, sobre los escombros, sobresal√≠an las m√°quinas de escribir como si se tratara de la m√°s triste de las iron√≠as.

Se enter√≥ de la bomba porque una vecina lo llam√≥ alertada luego de escuchar la noticia en la radio. ¬ďS√≥lo se me ocurri√≥ llamar al peri√≥dico y me contest√≥ Pedro Duarte que me dijo: aqu√≠ esto es un caos. Y colg√≥¬Ē.

Lleg√≥ justo cuando estaban sacando el cuerpo sin vida de Jos√© No√© Garc√≠a, quien hac√≠a poco hab√≠a sido condecorado por sus 33 a√Īos de servici√≥ a la empresa. ¬ĎDon No√©¬í, como lo llamaban, se encargaba de limpiar la rotativa. Su hija, Mar√≠a Garc√≠a, que a los dos a√Īos del bombazo empez√≥ a trabajar en el diario y hoy contin√ļa, recuerda que ten√≠a 15 a√Īos y que no la dejaron entrar al edificio. Ni siquiera avanz√≥ de la esquina de la calle 34 con carrera 14. Todo estaba militarizado.

√Ālvaro Torres recuerda que entr√≥ a la oficina de gerencia y encontr√≥ a Alejandro Galvis Ram√≠rez sentado en su escritorio con una cara de profunda tristeza y desconcierto que no puede olvidar.

Pero esa imagen, en medio de los escombros, se transformó rápidamente, en otra, de esperanza, que fue lo que trasmitió quien estaba a la cabeza de esta empresa periodística. Hizo lo mismo que su padre, Alejandro Galvis Galvis, en 1953, cuando, las instalaciones fueron también blanco de los violentos. No había otra posibilidad que seguir adelante.

Pese a todo, ¬°circulamos!

¬ďDuelo y destrucci√≥n¬Ē. As√≠ titul√≥ Vanguardia Liberal su primera p√°gina al d√≠a siguiente de haber sido v√≠ctima del narcotr√°fico.

Los periodistas que hoy contin√ļan en la Redacci√≥n y que estuvieron presentes ese d√≠a, afirman que el tercer piso donde se encontraban sus puestos de trabajo, estaba cubierto totalmente de escombros y sin techo. ¬ďQuedamos a la intemperie¬Ē, dice Euclides Ardila, que en ese tiempo era redactor de la p√°gina local y hoy es coordinador de la misma.

¬ďEse d√≠a, la Redacci√≥n se convirti√≥ en una sola. Desparecieron las fuentes, hasta los cargos, todos fuimos editores, redactores. Y no s√≥lo la Redacci√≥n, lo hizo todo el peri√≥dico, tanto el que repart√≠a como el que escrib√≠a¬Ē.

Euclides oyó la bomba porque vivía a seis cuadras del periódico. Lo despertó el ruido ensordecedor y cuando subió a la terraza, recuerda que se veían papeles volando que salían de las instalaciones del diario.

¬ďTodo estaba en el piso, en ruinas, palos, tejas, mugre, pero lo m√°s impactante fue la fachada del edificio; las escaleras estaban llenas de escombros, tocaba pasar por recovecos¬Ē, recuerda Fabio Pe√Īa, que hoy dirige el proyecto Gente de esta casa period√≠stica.

Nancy Rodr√≠guez, hace 20 a√Īos redactora judicial y hoy editora, tambi√©n escuch√≥ la bomba en la casa de sus padres, que viv√≠an en el barrio Guar√≠n. ¬ďEmpezamos a tratar de rescatar las m√°quinas de escribir, porque la idea de todos era que el peri√≥dico ten√≠a que salir como fuera¬Ē. Improvisaron una Redacci√≥n en el orillo que qued√≥ techado ¬Ėcontinuamente ca√≠an l√°minas de zinc que soportaban el techo- y algunos pudieron resguardarse de la lluvia, que entr√≥ sin pedir permiso.

Ese d√≠a, la destacada periodista y reci√©n fallecida Silvia Galvis, asumi√≥ la direcci√≥n del peri√≥dico. ¬ďElla nos organiz√≥ y empez√≥ a trabajar en caliente con cada uno de los periodistas¬Ē. Y mientras reestablecieron el servicio de energ√≠a el√©ctrica, cerca de las 7 de la noche, los redactores a la luz de las velas escribieron sus notas. ¬ďEl doctor Alejandro Galvis dijo: aqu√≠ estamos y aqu√≠ vamos a circular y demostramos que con las u√Īas se pod√≠an hacer grandes cosas¬Ē, afirm√≥ Euclides.

El ruido de la máquinas de escribir se escuchó a las 3 de la tarde. !Pese a todo, circulamos! y la edición del otro día fue un gran premio ante tanta barbarie.


Los vecinos

Afuera del edifico de Vanguardia Liberal, pasando la calle, la tragedia también le arrebató la alegría a una decena de familias. Las viviendas parecían arrasadas por un terremoto.

Pedro Pablo Contreras Pinilla era en ese entonces Secretario General de la Alcald√≠a de Bucaramanga ¬Ėdurante la administraci√≥n de Alberto Montoya Puyana- y su familia ten√≠a una tipograf√≠a y papeler√≠a justo donde hoy se encuentra el hotel Sevilla.

En esa casa vieja de bahareque y teja espa√Īola creci√≥ y all√≠ mismo se fue fortaleciendo la empresa familiar llamada Talleres Gr√°ficos, fundada en 1886 y la √ļnica f√°brica de sellos de la ciudad en la d√©cada de los 80.

Cuando le avisaron del bombazo, este abogado entr√≥ un estado de p√°nico y dice que la ira lo transform√≥. ¬ďMe encontr√© con una situaci√≥n absolutamente ca√≥tica, las paredes agrietadas se√Īalaban la potencia de la onda explosiva¬Ē.

Recuerda c√≥mo una pareja de ancianos, que ten√≠an un peque√Īo vivero en la casa de al lado, sobrevivi√≥ porque a la hora de la explosi√≥n ya estaban tom√°ndose el primer caf√© de la ma√Īana en la parte m√°s profunda de la vivienda. ¬ďElla caminaba sobre los escombros dici√©ndole al marido: ay mijo, mire c√≥mo le dejaron el peri√≥dico al doctor Galvis. Y no se daba cuenta de lo que le hab√≠an hecho a ella¬Ē.

La tipograf√≠a toc√≥ demolerla porque no ofrec√≠a ning√ļn tipo de seguridad y un amigo, due√Īo de otra tipograf√≠a sobre la calle 37, les tendi√≥ la mano. Fue all√≠, sin pagar arriendo, que funcion√≥ la empresa a p√©rdida. ¬ďQuebramos porque no ten√≠amos el coraz√≥n de mandar a 14 empleados a sus casas. Lo intentamos, pero a los tres a√Īos se cerr√≥¬Ē, dice.

Otro de los afectados fue Ramiro Olarte, quien tenía una compraventa llamada Acuario, exactamente frente a la portería de Vanguardia Liberal. El local se lo había arrendado a la pareja de ancianos que recuerda Contreras.

Como el d√≠a de la tragedia fue un lunes festivo, Ramiro se enter√≥ por la llamada de un familiar. Estaba en Bogot√° y pens√≥, que por mucho, se hab√≠an da√Īado dos licuadoras. Ten√≠a vuelo de regreso para las 8 de la noche, pero cuando vio el noticiero de las 12 del medio d√≠a, supo que de la compraventa no quedaba nada. Ramiro recuerda que pedazos del port√≥n de su negocio, que ten√≠a tres metros de ancho, fueron a dar a la calle 33.

¬ďCuando llegu√© ni siquiera sab√≠a cu√°l era la puerta de la compraventa. S√≥lo se salv√≥ la caja fuerte donde ten√≠a las joyas que devolv√≠ a los clientes, gracias a que un amigo me prest√≥ un pedacito de su propia compraventa¬Ē.

Ramiro dur√≥ seis meses esperando a que terminaran de construir un edificio frente al peri√≥dico -que a√ļn existe-, donde volvi√≥ a montar su negoci√≥. Finalmente lo cerr√≥ en 2006.

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