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Raíces que edifican | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-22 05:00:00

Raíces que edifican

Algunos las llaman ¬Ďbases¬í, pero para nuestra p√°gina espiritual hemos preferido denominarlas como¬† ¬Ďra√≠ces¬í. Hecha la aclaraci√≥n, le proponemos imaginar c√≥mo se construye un edificio.
Raíces que edifican

¡No! no es preciso ser ingeniero, ni nada por el estilo. Sólo basta con recordar qué pasa cuando alguna constructora decide levantar un bloque de apartamentos.

A lo mejor usted lo ha notado a diario. Si hace memoria, recordará que cada vez que pasa por el área de la futura edificación, todo está acordonado, lleno de cercas, ingenieros y máquinas pesadas.

Los obreros limpian las malezas del terreno y lo preparan para excavar.

Si le sigue la pista al edificio, se dar√° cuenta que en ese andamiaje duran varias semanas o meses enteros.

Durante ese tiempo, todo mundo se incomoda por el polvo, los cierres de la vía, el ruido de las retroexcavadoras, los constantes residuos de construcción esparcidos sobre las aceras, en fin… ¡todo es harto!

De pronto, casi que ¬Ďen un abrir y cerrar ojos¬í, el edificio se levanta sobre la tierra. Una imponente construcci√≥n de cualquier cantidad de pisos domina el horizonte: lo que ayer era barro, se convierte en una hermosa obra de arquitectura.

A partir de ahí, la cosa es ganancia. Atrás quedan las incomodidades, mientras que la zona construida gana en entorno y todo brilla alrededor.

De la misma forma como se construyen los apartamentos, podríamos asemejar nuestro proceso de crecimiento. A pesar de los problemas que nos trae el arte de vivir, siempre habrá un edificio nuevo.

Cuando nos invade una pena, un d√≠a puede durar tanto o m√°s que diez oto√Īos. Sin embargo, tarde o temprano llega la primavera y comprendemos que lo √ļnico que est√°bamos haciendo era prepararnos para florecer.

El verdadero dolor, el que nos hace sufrir de una manera profunda, nos vuelve muy fuertes y casi nos hace valorar m√°s la vida.

Por eso nadie puede dejarse vencer ante las adversidades. Ellas, m√°s bien, son ra√≠ces que nos permitir√°n crecer ma√Īana.

Debemos aferrarnos a nuestras bases, arremangarnos y ponernos a construir nuestros pisos, para llegar lo m√°s alto posible. S√≥lo as√≠ podremos avanzar y, lo mejor, aprenderemos de cada ense√Īanza que nos da la vida.

Los problemas nos retan y nos moldean. De igual forma, se convierten en escalones que nos encumbran hacia el horizonte. Es hora de sacar cosas viejas, excavar y sembrar las raíces para futuras cosechas.

Es la hora del cambio, de la renovaci√≥n. Es el tiempo de darle un nuevo sentido a su mundo; es el momento de sus sue√Īos, porque usted no tiene m√°s que una vida.

B√ļsquese en el rostro de un peque√Īo, m√≠rese jugando a construir su castillo de arena en la playa. Vuelva a creer en el Ni√Īo Dios, inv√©ntese sus propios ¬Ďamigos duendes¬í, vuelva a las ra√≠ces de su vida y n√ļtralas con los abonos de sus ilusiones.

 

para tener presente

¬Ö La felicidad lo mantiene dulce.

… Los intentos lo mantienen fuerte.

… Las penas lo mantienen humano.

… Las caídas lo mantienen humilde.

… El éxito lo mantiene brillante.

… Sólo Dios lo man-tiene caminando.

UNA BELLA HISTORIA

Decid√≠ darme por vencido.¬†Renunci√© a mi trabajo, a mi relaci√≥n y a mi espiritualidad. Quise ¬Ďmandar todo a la porra¬í; mejor dicho... ¬°quise renunciar a mi vida!

No obstante, me fui al bosque para tener una √ļltima charla con Dios. Una vez all√≠ le pregunt√©: ¬ŅPodr√≠a darme una buena raz√≥n para no darme por vencido?

Y su respuesta me sorprendió:

-¬†¬ďMire a su alrededor. ¬Ņve el helecho y el bamb√ļ?¬Ē

¡Sí!, le respondí.

-¬†¬ďCuando sembr√© las semillas del helecho y del bamb√ļ, las cuid√© muy bien. Les brinde luz y agua. El helecho r√°pidamente creci√≥. Su verde brillante cubr√≠a el suelo. Pero nada sali√≥ de la semilla del bamb√ļ. Sin embargo, no renunci√© a √©l¬Ē.

¬ďEn el segundo a√Īo el helecho creci√≥ m√°s brillante y abundante.¬†Sin embargo, nada creci√≥ de la semilla de bamb√ļ. Pero, tampoco renunci√©¬Ē.

¬ďDurante el tercer a√Īo, nada brot√≥ de la semilla de bamb√ļ. Pero insist√≠. Un a√Īo m√°s tarde, nada sali√≥ de la semilla de bamb√ļ. Y nunca claudiqu√©¬Ē.

¬ďLuego, justo en el quinto a√Īo, un peque√Īo brote sali√≥ de la tierra¬Ē.

¬ďEn comparaci√≥n con el helecho ¬†era aparentemente peque√Īo e insignificante. Pero s√≥lo 6 meses despu√©s el bamb√ļ creci√≥ a m√°s de 100 pies de altura.¬†Se la hab√≠a pasado cinco a√Īos echando ra√≠ces. ¬†Aquellas bases lo hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir¬Ē.

¬ďNo le dar√≠a a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar¬Ē.

¬ď¬ŅSab√≠a que todo este tiempo que usted ha estado luchando,¬†realmente ha estado echando ra√≠ces?¬Ē

¬ďYo no renunciar√≠a al bamb√ļ, tampoco lo comparar√≠a con otro √°rbol. El bamb√ļ ten√≠a un prop√≥sito diferente al del helecho; ¬†sin embargo, ¬†ambos eran necesarios y hac√≠an del bosque un lugar hermoso¬Ē.

¬ďSu tiempo vendr√°¬Ē, Dios me dijo. ¬ď¬°Y lo mejor es que usted crecer√° muy alto!¬Ē.

Moraleja: estas palabras de Dios pueden ayudarlo a entender que los buenos días le dan felicidad; los malos días le dan experiencia.  Ambos son esenciales para la vida. Por eso, ¡debe continuar viviendo!

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