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La artista que nos devolvió la memoria | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-24 05:00:00

La artista que nos devolvió la memoria

Una diferencia que supo descubrir tempranamente su tutora Martha Traba, cuando al ser elegida en el año 1964 por el Museo de Arte Moderno de Bogotá  como la ‘Pintora Nueva’, y por tanto merecedora a presentar en sus paredes su obra, sentenciaba que “nos presenta una pintura que es atrayente con trampa. La primera impresión surge de los colores plenos, limpios. El espectador queda radiante. Al segundo examen, risa, burla, ataque, capacidad de destruir y deformar. Pruebas suficientes que la hacen una excelente pintora”.
La artista que nos devolvió la memoria

Y es que la esencia de lo que emana de su espíritu en permanente indagación es esencialmente una explosión de inteligencia, crítica, sátira, desprecio por lo todo lo que perciba como aguas tibias. Un espíritu que en su época de estudiante la hacía necesariamente diferente y que a lo largo de su prolífica carrera ha afianzado en cada una de sus obras, donde, a manera de editorial pictórico, reclama por la ausencia de reacción de las masas ante la realidad nacional.


Los Columbarios y el aura de la verdad

El 9 de abril de 1948, cuando mataron a Jorge Eliecer Gaitán y Bogotá se desbordó en reacciones que clamaban justicia contra su líder, el cementerio de la calle 26, o cementerio de los pobres, no daba abasto con tanto cadáver que con el paso de las horas iba colmando hasta el último de los pasillos. Hombres, mujeres y niños de todas las condiciones iban llegando envueltos en sábanas a la espera de la oportunidad de ser identificado o, en caso contrario, ser sepultado bajo la genérica nominación de “NN” y la fecha de ingreso al cementerio.

Esas penosas imágenes que se repitieron a lo largo del territorio nacional en su forma (hombres cargando en sábanas, hamacas, improvisadas camillas, plásticos o simplemente liados a la usanza de las piezas de caza los cadáveres que alimentaba la violencia y que la artista conservó tanto en sus recuerdos de niña, puesto que su padre fue un destacado juez en Rionegro, Santander), como las que recogió de páginas de distintos periódicos, fueron construyendo la iconografía artística de su obra exploratoria ‘Columbarios’, un proyecto que nació de la idea conjunta con la también artista Doris Salcedo, luego de saber que los columbarios desocupados del cementerio de la 26 iban a ser derrumbados para construir en su lugar un parque de diversiones.

“Hicimos las gestiones ante la administración de Mockus en procura de evitar semejante daño contra el patrimonio arquitectónico y la memoria de la ciudad y, tras una larga espera, por lo pronto logramos detener la intervención y propiciamos que esos columbarios se convirtieran en el espacio ideal para concretar este proyecto que busca reivindicar la memoria de los millares de colombianos muertos a causa de la violencia de irracionales orígenes políticos”, asegura la artista.

Un total de 8.957 lápidas en que se repite la acción de cargar el cadáver hacia el cementerio hacen parte de la obra que en menor dimensión se exhibe por estos días en el Museo de Arte Moderno de Bucaramanga y que, para disfrute exclusivo de los admiradores de la obra de González, se perfila en una dimensión mucho más profunda, pues en ella se descubren los hilos mágicos que sustentan la idea de la artista. “Al presentar estos dibujos que intencionalmente se van evaporando, desapareciendo de la tela, estoy dibujando la realidad nacional. Un país que olvida sus muertos, sus desaparecidos, sus víctimas, indistintamente de quienes hayan sido sus verdugos. Un país al que le quedó grande el Derecho a la Vida”.

Complementa la exposición titulada ‘Obra experimental’ la serie ‘Ondas del rancho grande, que, asegura la maestra Beatriz, ha sido el trabajo que más le ha llegado a la gente en virtud de un experimento de masificación de la obra a través de la prensa, en este caso con el apoyo del periódico El Tiempo. Una obra que, fiel a su título, se expandió como una onda por todo el territorio nacional y, en una especie de retroalimentación o “feedback” retornó en su respuesta a través de las más inusuales intervenciones y lecturas. Desde la primaria consecuencia creativa hasta la eventual condición de santidad y populismo que era difícil de prever.

Beatriz González, la pintora santandereana más importante de los últimos años, no deja pasar la oportunidad para recordarle al país y a sus gobernantes, a propósito de una frase acuñada por Antanas Mockus, que “La Vida es Sagrada”.

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