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Una nueva familia para 6 niños U’wa | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-26 19:13:37

Una nueva familia para 6 niños U’wa

Seis hermanos viajaron con su papá desde la frontera con Venezuela hasta Bucaramanga, buscando una cura para el cáncer que padecía. Ya habían perdido a su mamá y hace casi dos meses, finalmente quedaron huérfanos.
Una nueva familia para 6 niños U’wa

Sin embargo, en el camino estos niños indígenas encontraron una familia ‘blanca’ donde permane-cen mientras se decide su futuro.El mayor tiene 13 años y le gusta usar una gorra color beige. Hace las veces de intérprete entre sus hermanos -que hablan la lengua U’wa- y un grupo de mujeres que desde hace tres meses son al mismo tiempo mamás, tías y abuelas.

Le sigue una niña de 12 años, tres varoncitos de 10, 7 y 5 años y al final de la lista está una de 4, de pelo muy corto y ojos enormes, que hace poco aprendió a ir sola al baño.

 

Hoy, los seis corren por los tres pisos de una construcción enorme donde también hay otros niños con una particularidad: son familiares de enfermos de cáncer o ellos mismos padecen la enfermedad.

Pero ninguno de estos niños U’wa está enfermo. Al contrario. Poco a poco han dejado de ser barrigones por culpa de la mal nutrición a la que estaban sometidos; las lombrices ya no recorren sus intestinos y hasta el color de la piel les ha cambiado.

El día que estos seis niños llegaron a Bucaramanga, exactamente un 7 de agosto, estaban descalzos y con la ropa hecha harapos. Venían acompañando a Alirio -el nombre ‘blanco’ de su papá-, un indígena de 54 años que tenía la apariencia de un anciano y que pertenecía a la comunidad U’wa de Bocota, ubicada en El Chuscal, una vereda al sur occidente de Cubará en Boyacá, muy cerca de la frontera con Venezuela.

En ese lugar, que hace parte del Parque Nacional El Cocuy, se concentra la mayor parte de la comunidad indígena U’wa. Desde allí los acompañó, también Matilde Buitrago, su profesora de siempre y tal vez, una de las pocas personas que en la comunidad indígena supo preocuparse por su futuro.


Un mal tras otro

Pero no hay que pensar que Alirio era un mal padre. Quizás el inicio del final comenzó el mismo día en que nacieron sus gemelas. Eso fue hace 12 años. Y por creencia cultural, la familia de Alirio fue desterrada de la comunidad y obligada a pagar ayuno durante cuatro años como parte de una purificación.

A las niñas tuvieron que abandonarlas y por fortuna quedaron a cargo de otro profesor ‘blanco’, que vive en la región.

Matilde dice que es común que estos niños desaparezcan porque para los U’wa, un nacimiento de gemelos es significado de un hogar maldito. Entonces a los padres los alejan de la comunidad y el contacto con los otros indígenas se restringe.

Así, en medio del rechazo y el olvido, fueron crecieron los otros seis hijos de Alirio. El mayor estudiaba y por eso Matilde conoce su historia desde hace más de una década.

Ella cuenta que aún después de la purificación, la casa de estos indígenas era muy poco visitada. Alirio sembraba yuca y plátano y de eso vivían. Pero el infortunio quiso ponerle otra prueba más a esta familia cuando la mamá murió en un parto difícil. Y como si fuera poco, al poco tiempo Alirio enfermó. Luego sabrían que se trataba de un cáncer de pulmón avanzado.

La hija mayor, una niña que hoy tiene 12 años y que es quizás la más tímida de los hermanos, fue la que asumió el papel de jefe de hogar y empezó a hacerse cargo de las comidas, del aseo del rancho y de un papá que poco a poco se le moría en medio del abandono.

“Él, enfermo, no podía trabajar ni sembrar. Entonces los niños ya pasaban mucha hambre. A la hora de la verdad, la comunidad no les prestó atención. Sabían que a Alirio había que llevarlo a un centro para tratamiento médico y no lo hicieron. Yo digo que estaba abandonado a morir con sus hijos, porque había días que pasaban con un vaso de agua con sal”, es la sentencia de Matilde.

La ayuda finalmente llegó desde Bucaramanga. Fue tarde para Alirio pero no para sus hijos. La Asociación Voluntaria de Alivio al Cáncer, Avac, conoció el caso a través de Matilde y con una de sus voluntarias, también profesora, planearon el viaje. Alirio entraría a tratamiento inmediatamente. Y claro, con él viajarían sus seis hijos. No había otra opción.

Pero Alirio llegó muy mal y tuvo que ser recluido en la unidad oncológica que tiene la Asociación para los enfermos terminales. Por su parte, los niños fueron dejados al cuidado de las voluntarias que trabajan en el Hogar Infantil de la misma Asociación.

Esta es la primera vez que Lucy León de Forero, la Presidente de Avac, tiene que enfrentarse a niños totalmente huérfanos. Pero este reto no empequeñece sus deseos de servicio.

“Son muy tímidos y es difícil que se comuniquen. Pero poco a poco se han soltado”, dice. Ella explica que crearon el Hogar Infantil para solucionar, en parte, el calvario que llevan muchas madres enfermas de cáncer que no pueden someterse a tratamiento porque no tienen dónde dejar a sus hijos menores. También dice que los niños U’wa merecen la oportunidad de tener una familia, así sea una donde haya muchas mamás y no una sola.


Un deseo

Alirio murió un mes después de su llegada. Lo enterraron el 6 de septiembre en el cementerio Municipal.

En sus últimos días permaneció hospitalizado porque también tuvo un problema en el corazón y fue allá, en presencia del cuerpo médico y de las voluntarias de Avac, que Lucy León le hizo la pregunta decisiva: ¿Quería que los niños volvieran a la comunidad indígena, que fueran entregados al Bienestar Familiar o que se quedaran en Avac?

“Él estaba feliz viendo a sus hijos cuidados, limpios, saludables. No tenían ARS ni vacunas; hasta los desparasitamos”, cuenta Lucy.

Según las mujeres voluntarias, Alirio expresaba con frecuencia su temor a que los niños volvieran a El Chuscal, porque sabía que en cumplimiento de las tradiciones, su hija mayor sería entregada en matrimonio siendo aún una niña, y que una de las opciones para sus hijos varones, sería irse a la guerrilla.

Matilde explica que a las niñas, con 12 años cumplidos, ya las están casando y con frecuencia lo hacen con familiares. Y los jóvenes, dice, muchas veces terminan en la guerrilla porque los grupos que hacen presencia en la zona los convencen de que es la mejor opción.

Por estas razones, Alirio estampó su huella dactilar en una hoja donde consta que su deseo es que sus hijos permanezcan con las mujeres de Avac, y que de ser posible, crezcan y se eduquen con su ayuda. Lucy también les hizo la misma pregunta a los niños mayores y corroboró con su sonrisa, el deseo de Alirio.

Sin embargo, el futuro de un niño no se decide con tanta facilidad cuando el padre y la madre ya no están. Y mucho menos cuando pertenecen a una comunidad indígena. Así que hasta ahora comienza un largo proceso que puede prolongarse cuatro meses, tiempo en el que se definirá cuál será el hogar definitivo de estos niños.

Mary Luz Ocampo es hoy quien representa la figura materna. Ella, voluntaria de Avac, es la que permanece la mayor parte del tiempo con estos menores y la que aparece ante el Icbf como la responsable de su cuidado. Pero no es sólo una figura simbólica. Al verla con los niños no queda duda del fuerte vínculo que han establecido.

Uno de los pequeños U’wa se cuelga de su cuello y repite la palabra mamá.

En la Asociación, las voluntarias están felices. Ya consiguieron que los niños entraran a una escuela de fútbol y las niñas a clases de natación. Incluso ya están preparando a los niños para que puedan ingresar en 2010 al colegio.

También dicen, sin entender muy bien cómo funcionan las leyes en Colombia, que ellas están dispuestas a velar por estos niños hasta que sean mayores de edad. ¿Se podrá?

El futuro

Evaristo Tegría Uncaría, Comisario de Familia de Cubará, en Boyacá, afirma que en la comunidad ya se está adelantando lo que ellos llaman una consulta previa, porque hay que tener en cuenta a sus autoridades y también a la familia extensiva de los menores, que en este caso son los tíos maternos.

“Los familiares y representantes de la comunidad deben ir a mirar en qué condiciones están los menores, aunque ya sabemos qué es Avac, la forma como llegaron los niños y cómo están actualmente”.

Su intención es iniciar un diálogo intercultural para que en lo posible se garantice el restablecimiento de los derechos de los menores, teniendo en cuenta que son miembros de una comunidad indígena.

Por su parte, los niños entraron a un proceso administrativo de restablecimiento de derechos por parte del Icbf, por falta absoluta de responsables.
Como medida de protección se ubicaron en un hogar amigo –Avac-,  donde los cuidarán mientras se define su situación.

Se hará contacto con los líderes de la comunidad para resolver su situación. ¿Cómo? Puede ser reintegrándolos a su comunidad o a su familia, siempre y cuando reúnan las condiciones, o que finalmente sean declarados en adoptabilidad.

“Los niños no se pueden quedar indefinidamente en ninguna parte. Tienen derecho a tener una familia, biológica o adoptiva”, dijo una defensora de familia del Icbf.

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