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¬ďHe aprendido a convivir con la muerte¬Ē | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-25 05:00:00

¬ďHe aprendido a convivir con la muerte¬Ē

¬ďDivino Ni√Īo Jes√ļs tengo mil dificultades: ay√ļdame; de los enemigos del alma: s√°lvame¬Ē, repite una y otra vez Antonio Miranda* mientras sale de la Iglesia del 20 de Julio en Bogot√°, a donde va todos los d√≠as para pedir por su vida y la de su familia.
¬ďHe aprendido a convivir con la muerte¬Ē

Pese al esfuerzo que le representa mover su pierna derecha y pronunciar algunas palabras, como consecuencia de la violencia que lo mantiene huyendo desde 2003, Miranda madruga cada d√≠a a rezarle al Ni√Īo a quien le atribuye el milagro de estar vivo.

A √©l le pide que lo haga invisible ante los enemigos y que pronto pueda recuperar la vida tranquila que alg√ļn d√≠a lleg√≥ a tener.

Aunque durante los √ļltimos seis a√Īos Antonio ha recorrido varias regiones del pa√≠s escapando de los atentados que aparentemente planea contra √©l la guerrilla de las Farc, (incluso viaj√≥ a Chile), siempre encuentra un espacio para encomendarse a su santo de la devoci√≥n.

Su calvario sólo tiene una razón: haber sido elegido concejal de un municipio del Huila en momentos en que la subversión pretendía el control total de la población. Desde ese preciso instante se cataloga como un nómada y hasta asegura que se le burla a la muerte.

¬ďPor esa √©poca todo el que era elegido para un cargo p√ļblico se convert√≠a en objetivo militar. As√≠ murieron casi 20 amigos m√≠os¬Ē, recuerda.

Ahora, cuando en teor√≠a el Estado le ha cumplido y le ha brindado los beneficios legales a los que tienen derecho las v√≠ctimas de la violencia, este hombre de 48 a√Īos vive una doble tragedia: es nuevamente perseguido por sus victimarios y no tiene manera de ser protegido.

Al parecer, el objetivo es cobrarle la colaboración que les brindó a las autoridades durante su participación en el Programa de Protección a Testigos de la Fiscalía General de la Nación.

Aunque el Gobierno no tiene la cifra exacta de las personas que vuelven a ser perseguidas por sus victimarios, sí se sabe que cada vez son más, quienes sufren el fenómeno del doble desplazamiento.


De cerca con la muerte

Desde ni√Īo fue creyente, pero su fe se increment√≥ el d√≠a en que literalmente estuvo de frente a la muerte. Ocho d√≠as despu√©s de su elecci√≥n como concejal, dos hombres, enviados al parecer por la columna m√≥vil Te√≥filo Forero de las Farc, llegaron hasta su casa y sin darle tiempo a reaccionar le dispararon en el rostro.

Como resultado de este primer ataque, Antonio perdió por completo su dentadura y tuvo prolongados episodios de pérdida de la memoria. Secuelas mínimas, si se piensa en lo que pudieron causar dos balas en la cabeza.

Sentado en las escaleras de la Iglesia del 20 de Julio (Bogot√°), √ļnico lugar donde dice no sentir miedo de hablar, Antonio relata: ¬ďhab√≠a terminado mi novena al Divino Ni√Īo, un d√≠a antes de que los sicarios me abordaran (¬Ö) desde ah√≠ se convirti√≥ en mi guardi√°n¬Ē.

Fue también el momento en que la vida le cambió. Se hicieron frecuentes los mensajes amenazantes, así como las visitas de  correos humanos advirtiéndole que si no salía del pueblo lo matarían a él y a su familia.

En vista de esto abandon√≥ su casa en Algeciras y a sus dos hijos, de quienes no sabe nada en la actualidad. ¬ďMe salv√© de milagro y creo que la vida me dio una segunda oportunidad. Por eso decid√≠ dejarlo todo, para salvarles la vida a quienes quiero¬Ē.

De all√≠ parti√≥ hacia Bogot√°, donde fue atendido por funcionarios del Ministerio del Interior y de la Fiscal√≠a. Con ayuda de dirigentes pol√≠ticos, entre ellos Gustavo Petro, Antonio logr√≥ salir hacia Chile, donde se refugi√≥ por m√°s de un a√Īo.

Estar lejos de la realidad que le esperaba en Colombia le permiti√≥, dice √©l, alimentarse espiritualmente y recobrar parte de la tranquilidad que perdi√≥ el d√≠a en que las urnas lo dieron como ganador: ¬ďPas√© muchas necesidades econ√≥micas, pero no sent√≠a la presi√≥n de estar siendo perseguido por nadie¬Ē. De esta manera transcurrieron los doce meses ¬ďm√°s tranquilos¬Ē de los √ļltimos seis a√Īos.

El reencuentro

La tranquilidad que logr√≥ recuperar se vio nuevamente asaltada cuando, por instrucci√≥n del propio Gobierno, tuvo que retornar al pa√≠s, al terminarse el acuerdo que para este tipo de casos tienen Colombia con Chile. ¬ďVolv√≠ sin contarle a nadie. Llegu√© a Bogot√° y busqu√© posada en una pensi√≥n del sur de la ciudad¬Ē, afirma.

Ya de regreso, la dif√≠cil situaci√≥n econ√≥mica lo llev√≥ a querer colaborar con la justicia para atestiguar contra los dos sicarios que a√Īo y medio atr√°s hab√≠an atentado contra su vida. Al parecer, los ten√≠an detenidos y necesitaban un testigo clave para enjuiciarlos.

¬ďAh√≠ me hund√≠ para siempre. Despu√©s de declarar, volvieron a aparecer las amenazas y la persecuci√≥n¬Ē, manifiesta. Por esta raz√≥n, la Fiscal√≠a lo envi√≥ a Barranquilla, para hacerle el quite a las intimidaciones.

Fueron tres a√Īos que tuvo que pasar escondido en una casa que le dio el Estado. El contacto con su familia sigui√≥ siendo nulo y su √°nimo cada vez era peor.

¬ďEstar atrapado en las paredes de tu propia casa es dram√°tico, pues la soledad y la desconfianza terminan por volverte loco¬Ē, dice Antonio al afirmar que esto es lo m√°s duro que ha tenido que vivir.

Así estuvo hasta hace tres meses, cuando venció su tiempo de participación en el programa para víctimas. Desde ese momento, el ex concejal ha sido intimidado en dos oportunidades; una en Barranquilla y otra en Bogotá.

Afirma que lo persiguen nuevamente por haber declarado en contra de ¬ďdos piezas claves dentro del plan de sicarios de las Farc¬Ē, y lo peor es que no ha obtenido ayuda del Gobierno Nacional.

¬ďMe dicen que ya sal√≠ del programa y que ya cumplieron conmigo (¬Ö) yo no pido restituci√≥n de mis bienes, ni ayuda econ√≥mica, s√≥lo quiero irme del pa√≠s¬Ē, afirma con los ojos llenos de l√°grimas, mientras sujeta la novena del Divino Ni√Īo que carga en su billetera.

¬ďEstoy en un laberinto¬Ē

Ahora su angustia es mayor debido a la falta de protecci√≥n. Aunque reitera que no le tiene miedo a la muerte, porque ya se acostumbr√≥ a vivir cerca de ella, no deja de aparecer en su mente ¬ďla imagen del hombre que me apunt√≥ directo al cr√°neo, pero que por obra de mi Divino Ni√Īo perdi√≥ la punter√≠a¬Ē.

Antonio es conciente de que en estas condiciones no tiene otro camino que seguir huyendo. Como dice √©l, ¬ďhoy estoy ac√°, pero ma√Īana volver√© a salir sin rumbo fijo¬Ē.

Ya ni siquiera tiene objetos personales, porque de todos los lados ha tenido que salir √ļnicamente con su ropa, eso s√≠, sin olvidar la novena del Ni√Īo milagroso que lo tiene hoy con vida.

*Nombre cambiado.

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