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Gobierno - oposición | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-25 05:00:00

Gobierno - oposición

Cuando Virgilio Barco fue elegido presidente en 1986, se propuso implantar un nuevo esquema para el manejo del Estado que denomin√≥ ¬ďGobierno-Oposici√≥n¬Ē. Se trataba de superar los vestigios del viejo esquema del Frente Nacional en el que los dos partidos tradicionales se repart√≠an con precisi√≥n milim√©trica el poder, es decir, el manejo de la burocracia estatal: un puesto para m√≠, un puesto para ti, era la regla del juego pol√≠tico con la cual los hermanos godos se aseguraban una buena parte de la tajada burocr√°tica a pesar de ser minor√≠a.
Gobierno - oposición

El objetivo de Barco era modernizar la democracia colombiana para que funcionara como en países con mejores instituciones, donde el partido político que gana las elecciones asume todo el gobierno y toda la responsabilidad de desarrollar el programa por el que votaron los electores, y los partidos que perdieron se dedican a la oposición, es decir, que desde afuera del gobierno ejercen la vigilancia crítica de las ejecutorias oficiales y proponen sus alternativas con la esperanza de ganar las siguientes elecciones. Por supuesto, en los temas de interés nacional, como las relaciones exteriores, se busca el consenso y se minimizan las diferencias entre los partidos.

A primera vista podr√≠a decirse que √Ālvaro Uribe ha desarrollado al m√°ximo este esquema de Gobierno-Oposici√≥n, porque pocas veces en la historia reciente del pa√≠s se ha llegado a una polarizaci√≥n tan radical entre los partidarios del Presidente y sus opositores. Sin embargo, a diferencia del esquema de Barco, el de Uribe no representa un avance de la democracia sino un retroceso y un debilitamiento de las instituciones; no conlleva un fortalecimiento de los partidos sino la implantaci√≥n¬† del caudillismo que tanto da√Īo ha hecho en otros pa√≠ses de Am√©rica Latina.

En primer lugar, porque Uribe nunca ha querido hacer un gobierno de partidos. Es cierto que el partido Conservador ha sido ¬ďla fuerza que decide¬Ē, es decir, el apoyo principal a las iniciativas oficiales, (a cambio de una buena cuota burocr√°tica para mantener a la clientela), y que dirigentes de este partido afirman que Uribe es el mejor exponente de las ideas conservadoras, pero el Presidente no se decide a afiliarse a este partido ni tampoco a crear uno que refleje su ideario pol√≠tico. Por el contrario, ha alimentado y mantenido una diversidad variopinta de movimientos y partidos cuyo √ļnico elemento com√ļn es la figura del caudillo.

De otra parte, Uribe ha borrado los límites entre el gobierno y la oposición. Con una maestría política y mediática envidiable, el Presidente se ha convertido en jefe del gobierno y a la vez líder de la oposición a su propio gobierno. Eso es lo que reflejan las encuestas donde más del 70% tienen una opinión favorable del Presidente y de su gestión, pero solo la mitad cree que el gobierno está haciendo las cosas bien, e inclusive una mayoría raja al gobierno en temas tan cruciales como el empleo y la reducción de la pobreza. ¡Como si el Presidente no fuera la cabeza del gobierno y el responsable de sus resultados!

Los consejos comunales donde el Presidente rega√Īa a sus ministros por los errores en sus pol√≠ticas, son el mejor ejemplo de esta doble funci√≥n, pero hay otros muy recientes. El Presidente se muestra preocupado por la revaluaci√≥n y exige a las autoridades que hagan algo para controlarla, el mismo d√≠a en que su Ministro de Hacienda anuncia la venta de bonos por 1.000 millones de d√≥lares, con lo que genera m√°s presiones para la revaluaci√≥n. O ante el esc√°ndalo de los¬† millonarios regalos de AIS a los amigos del Presidente, es √©l mismo quien sale a pedir que se devuelva esa platica y a rega√Īar a los ministros por dejar que sucedan estos hechos, como si hubieran sido a sus espaldas y √©l no tuviera ninguna responsabilidad por esas pol√≠ticas.

 

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