Publicidad
Publicidad
Mar Dic 6 2016
20ºC
Actualizado 10:00 pm

La Iglesia del mañana | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-29 05:00:00

La Iglesia del mañana

La Iglesia del mañana

Evidentemente no puede ser otra que la Iglesia de Je­sucristo y de los Apóstoles, la Iglesia de San Ambrosio y de San Carlos, la Iglesia de todos los santos, la Iglesia de los hijos de Dios. Pero, ¿cómo es esa Iglesia? ¿Podemos al menos intentar esbozar algunas de sus carac­terísticas?

Es una Iglesia completamente dependiente de la Palabra de Dios, nutrida y liberada por esta Palabra. Una Iglesia que pone la Eucaristía en el centro de su vida, que contempla a su Señor, que todo cuanto hace lo realiza “en memoria suya”, que se va modelando conforme a la capacidad de entrega de su Señor.

Una Iglesia que no teme utilizar estructuras y medios humanos, pero que se sirve de ellos y no se hace esclava de ellos. Una Iglesia que desea dirigirse al mundo en que vive, a la cultura, a las diversas civilizaciones, con la simple palabra del Evangelio.

Una Iglesia que habla más con hechos que con palabras; que sólo dice palabras que nacen de hechos y se apoyan en hechos. ¡La gente está tan cansada de palabras...! Por eso, una cierta reserva en el hablar proporcionará a la palabra mayor dignidad y eficacia. Ya se había predicho del Mesías:

“No gritará, no clamará, no voceará por las calles” (Is 42,2). La verdad tiene su propia fuerza, que no depende del tono de voz, sino de la coherencia entre palabras y hechos.

Una Iglesia atenta a los signos de la presencia del Espíritu en nuestros tiempos, allí donde se manifiesten.

Una Iglesia consciente de lo arduo y difícil que es actual­mente el camino para muchas gentes, de los sufrimientos ca­si insoportables de una gran parte de la humanidad; una Iglesia sinceramente partícipe de las penas de todos y deseosa de consolar.

Una Iglesia que lleva la palabra liberadora y animante del Evangelio a quienes están abrumados por pesadas cargas, recordando las palabras de Jesús: “¡Ay también de vosotros, doctores de la ley, que abrumáis a la gente con cargas inso­portables, mientras vosotros ni las rozáis con el dedo!” (Le 11,46).

Una Iglesia capaz de descubrir a los nuevos pobres y no demasiado preocupada de si se equivocará en su esfuerzo por ayudarles de una forma creativa.

Una Iglesia que no privilegia ninguna mentalidad, ni anti­gua ni moderna; que lo mismo acoge a los jóvenes que a los mayores.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad