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Lo gustador de Bucaramanga | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-10-30 05:00:00

Lo gustador de Bucaramanga

Si las cosas ocurren como está previsto, el próximo 22 de diciembre se producirá un profundo cambio en la ciudad al comenzar a rodar “Metrolínea”. Está visto que estas innovaciones tienen impacto en la estética urbana, la productividad y el civismo de los ciudadanos.
Lo gustador de Bucaramanga

Así ocurrió en Medellín con el Metro y en Bogotá con Transmilenio. Ya el solo hecho de ver rodar los buses de Metrolínea por las calles, nos reconciliará un poco con Bucaramanga, después de tanto tiempo de embotellamientos, caos vehicular y deterioro productivo. Faltará todavía por hacer, pero habrá ya una luz al final del túnel y en el otro lado una nueva ciudad, distinta y también gustadora como ha sido siempre.

Alguien me preguntó qué es lo que nos gusta de Bucaramanga. ¿Los parques? Yo aprendí lo que era un parque en Bucaramanga, cuando no era la “Ciudad Bonita” –ese epíteto es reciente- sino la “ciudad de los parques” o la “ciudad más cordial de Colombia” (este último eslogan quizás lo recuerdan hoy pocos). Pero no teníamos parques grandes sino plazas públicas arborizadas. Entonces ¿el clima? Imposible perder de vista esos amaneceres –antes más frecuentes- cubiertos de neblina que se iban iluminando lentamente para dar paso a días frescos que remataban con noches que podían llegar a ser frías. El calor intenso y húmedo de hoy no es culpa de la ciudad. ¿Serían las afueras? ¿La árida Mesa de Ruitoque, las explanadas despobladas de la Real de Minas o la hondonada verde de Río Frío salpicada solo por el Campestre y las fincas tradicionales? Eso es ahora una caótica colcha de remiendos amontonados y variopintos. Serían las glorietas de la Puerta del Sol y el Mesón de los Búcaros, o las casonas señoriales de Sotomayor y Bolarquí? Ya está todo lastimosamente demolido. O tal vez la gente santandereana, parca pero amistosa, sincera pero educada, honrada, simple y austera. La urbe absorbió tanta gente que ya cada vivienda parecen una caja acústica de vallenatos y rancheras y los de aquí, dizque por diferenciarse, llenaron sus bocas de “madrazos” y otras palabrotas que antes se reservaban solo para “ocasiones especiales”.

“No sé por qué me gusta”, tuve que decir. Pero la Bucaramanga que viene se adivina seductora, laboriosa, abierta y progresista. Honra de un pasado firme y presagio de un futuro feliz.

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