El verdadero peligro del ¬ďfuribismo¬Ē | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-01 04:00:00

El verdadero peligro del ¬ďfuribismo¬Ē

Una cosa es reconocer los m√©ritos de nuestro Presidente y defender los logros de su gobierno lo mismo que aceptar sus desaciertos, como hacemos los uribistas cr√≠ticos, y otra es considerarlo infalible e irreemplazable como lo pretenden los ¬ďfuribistas¬Ē reeleccionistas.
El verdadero peligro del ¬ďfuribismo¬Ē

No creo en la sinceridad de sus adeptos y ni en la de sus opositores. Unos y otros no se gu√≠an por principios y convicciones democr√°ticos, sino por intereses de poder, de burocracia y de saqueo del erario p√ļblico. Unos (el Polo) ans√≠an su apoderamiento, otros (los alineados con el Partido Liberal) en su viudez anhelan la reconquista del bot√≠n y otros (los de la U y el Partido Conservador) engolosinados, temen perderlo.

Qui√©n le cree por ejemplo a la ¬ďoposici√≥n¬Ē del expresidente Gaviria quien hoy censura pol√≠ticas y pr√°cticas que otrora practic√≥ a mayor escala?¬† Quien puede comerle el cuento a los furibistas clientelistas, la inmensa mayor√≠a tipificada por el senador Alirio Villamizar?

La oposición a la reelección de la mayoría de escritores y pensadores uribistas no reeleccionistas o independientes se basa en la defensa de una verdadera democracia. Tal sistema de gobierno, que se define como el poder del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, requiere de personas pensantes, deliberantes y comprometidas. Cuando las mayorías siguen ciega y sentimentalmente a un líder al cual consideran irreemplazable, dejan de pensar, decidir y comprometerse. La democracia se marchita por el fácil camino que otro u otros piensen, hagan y se comprometan.  No es verdadera o es demasiado frágil una democracia dependiente de líderes carismáticos o providenciales.

Se llega as√≠ a la suave y aceptada dictadura de un ¬ďEstado de Opini√≥n¬Ē o de unas mayor√≠as f√°cilmente manipulables, guiadas por el espect√°culo p√ļblico, la imagen, las encuestas y los referendos.

Ya Plat√≥n hab√≠a advertido sobre la diferencia entre la opini√≥n (doxa) y el conocimiento (episteme).¬† La opini√≥n es fr√°gil, subjetiva y manipulable; cualquiera puede opinar a√ļn sin fundamento y por lo tanto tal opini√≥n aunque sea mayoritaria no puede convertirse en criterio de lo verdadero, justo y conveniente. El conocimiento en cambio no exige s√≥lo adhesi√≥n sino datos, deliberaci√≥n, argumentaci√≥n, elementos a menudo escasos entre las mayor√≠as y las masas. Por ese motivo las democracias interpusieron entre electores y mandatarios, constituciones, leyes, y procedimientos discutidos y aprobados en asambleas, consejos, c√°maras, Cortes, que conforman el ¬ďEstado Social de derecho¬Ē.

Ser√≠a injusto endilgar este ¬ďmesianismo¬Ē a ambiciones de Alvaro Uribe, sino a la postraci√≥n mental y moral en que se hallan sumidos tales entes representativos. Para poder gobernar ¬ďdemocr√°ticamente¬Ē nuestro Presidente tuvo que convertirse en el culebrero de este circo pol√≠tico.

No existe una fórmula para sacarnos de este atolladero, pero sí un camino a partir de la educación ética y política del pueblo que lleve a la refundación de los partidos políticos, a la recuperación de la dignidad de los entes representativos y a la instauración de una comunidad democrática participante. Camino largo de recorrer y del cual nos hemos extraviado.

Frag√ľemos nuestra comunidad en el conocimiento no en la opini√≥n, en la confianza no en el miedo, en la libertad no en la dependencia.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad