Mar Dic 6 2016
20ºC
Actualizado 10:00 pm

¬ďYankees welcome¬Ē | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-01 02:49:01

¬ďYankees welcome¬Ē

En Colombia todos los días se firman acuerdos y pactos. Pero se cuentan con los dedos de la mano los que pasan a la historia. Y el del pasado viernes 30 de octubre será  uno de ellos. Así como el Pacto de Benidorm -que en 1956 dio una tregua a la guerra civil- o el Plan Colombia -que se concibió en 1999 para la guerra contra las drogas-, el acuerdo que el país acaba de firmar, que le da permiso a Estados Unidos para utilizar siete bases militares, tendrá un gran impacto.
¬ďYankees welcome¬Ē

Nadie puede negar que con el pacto Colombia estar√° m√°s dotada para combatir el narcotr√°fico y el terrorismo. Y esa es la presentaci√≥n m√°s atractiva del instrumento que firmaron el canciller, Jaime Berm√ļdez, y el embajador de Estados Unidos, William Brownfield. Gracias a ese argumento, en la √ļltima encuesta es aplaudido por el 58 por ciento de los colombianos.

 

Pero a pocos les cabe duda de que Colombia estamp√≥ la firma para hacerse a un escudo de contenci√≥n para una eventual guerra con Venezuela. Los militares colombianos manejan la tesis de la guerra con el vecino desde hace muchos a√Īos y nunca hab√≠an podido dar con la f√≥rmula de c√≥mo armarse para estar a la altura de los juguetes de guerra adquiridos con la petrochequera chavista. Este acuerdo les cay√≥ como del cielo. Pues algo va de los 40 tanques que Colombia quer√≠a comprarle a Espa√Īa en 2004 para ¬Ďcontener¬í cualquier ofensiva de los vecinos por La Guajira, a los aviones militares C-17 que operar√°n en Palanquero y que pueden cubrir todo el continente sin reabastecerse de combustible. Con raz√≥n dec√≠a el ex consejero presidencial de seguridad Armando Borrero, que con el acuerdo ¬ďColombia gana porque no tiene que meterse a la carrera armamentista de la regi√≥n¬Ē.

Pero eso no quiere decir que las intenciones de Colombia coincidan por completo con las de Estados Unidos. Un documento del Departamento de Defensa de ese pa√≠s, que SEMANA revela hoy, en una sola frase va al grano. Dice que poder utilizar la base de Palanquero es una ¬ďoportunidad √ļnica¬Ē para poder hacer un ¬ďcompleto espectro de operaciones¬Ē en una regi√≥n ¬ďcr√≠tica¬Ē donde la ¬ďseguridad y la estabilidad est√°n bajo constante amenaza¬Ē no s√≥lo por narcoterroristas, sino -lo m√°s revelador- por ¬ďgobiernos anti Estados Unidos¬Ē.

Se trata del informe en que el Pent√°gono explica al Congreso sus planes para 2010 y le pide, entre otros, los 46 millones de d√≥lares que va a invertir en el ¬ďdesarrollo de la base a√©rea¬Ē de Palanquero. Es el primer documento de car√°cter oficial que menciona el inter√©s que puede tener Estados Unidos de utilizar la base colombiana para ayudar a mantener la ¬ďseguridad y estabilidad¬Ē frente a pa√≠ses que no simpatizan con Washington.

El gobierno de Colombia siempre ha negado que est√© dando permiso para que usen sus bases en contra de otros pa√≠ses. Sin embargo, como los t√©rminos exactos del acuerdo s√≥lo se conocer√°n -seg√ļn inform√≥ la Canciller√≠a- el martes de esta semana, cualquier interpretaci√≥n es arriesgada.

Lo cierto es que el acuerdo ya es una realidad. Y m√°s all√° de los tropiezos que tuvo para concretarse, tal vez lo m√°s complejo es lo que viene. El concepto que rindi√≥ el Consejo de Estado si bien no obliga al gobierno, es muy elocuente y se√Īala tres puntos complicados del acuerdo.

En primer lugar, le recomienda al gobierno que pase el texto para aprobaci√≥n del Congreso de la Rep√ļblica porque considera que tiene unos alcances que van m√°s all√° de un ¬ďacuerdo en forma simplificada¬Ē. Es decir, que no es un acuerdo que desarrolle un tratado previo, que por ende no necesitar√≠a una nueva autorizaci√≥n, sino que da atribuciones nuevas y en particular en materia de soberan√≠a. Para sustentar esa tesis, el magistrado ponente evalu√≥ uno a uno los 19 tratados, declaraciones o pactos a los que se hace referencia en el texto y, seg√ļn √©l, ninguno de ellos sirve de paraguas legal para el acuerdo.

El presidente Uribe, a pesar de la recomendación, optó por no pasarlo por el Congreso para evitarse un desgaste que, al final, podía ser innecesario. Habrá quienes lo cuestionen, pero de ahí a que el acuerdo sea demandado hay mucho trecho. Nunca se ha dado en el país una demanda de este tipo. Y en caso de que se dé, la posibilidad de que sea admitida por la Corte Constitucional también es muy lejana.

La complejidad jur√≠dica de este tipo de acuerdos es tal, que en alguna ocasi√≥n el procurador Edgardo Maya quiso promover que todos los ¬ďacuerdos simplificados¬Ē tuvieran que pasar por la aprobaci√≥n del Congreso, pero desisti√≥ de su empe√Īo cuando se dio cuenta de que por esa v√≠a se abr√≠a un boquete gigante para revisar todo tipo de acuerdos fundamentales del pa√≠s.

Seg√ļn magistrados consultados, el debate jur√≠dico se podr√≠a dar m√°s alrededor de preguntas puntuales como ¬ŅQu√© compromisos adquiri√≥ el Presidente? ¬ŅQu√© cedi√≥ en soberan√≠a?

Las implicaciones m√°s sonoras ser√°n m√°s bien de √≠ndole pol√≠tico-estrat√©gica. Y ah√≠ viene el segundo punto del concepto del Consejo de Estado. Este tribunal asegura que se trata de ¬ďun acuerdo desbalanceado¬Ē porque la conclusi√≥n que queda luego de leerlo es que Estados Unidos manda y Colombia figura como cooperante.

Esa asimetr√≠a entre los dos pa√≠ses es el precio que paga Colombia por tener un respaldo militar de grandes ligas. Y desde el punto de vista hist√≥rico, est√° en la l√≠nea de la serie que comenz√≥ hace poco menos de un siglo con el ¬ďrespice polum¬Ē de Marco Fidel Su√°rez, sigui√≥ con el ¬ďpe√≥n del imperio¬Ē que acu√Ī√≥ Alfonso L√≥pez y termin√≥ con el apodo del ¬ďca√≠n de Am√©rica Latina¬Ē que se gan√≥ el pa√≠s durante la guerra de las Malvinas.

Pero tal vez lo m√°s grave del concepto del Consejo de Estado -y ese es el tercer punto-, es que sugiere que no queda claro qu√© est√° permitiendo. O mejor, que quedan tantas puertas abiertas para que se hagan nuevos acuerdos, que ¬ďen √ļltimas podr√≠an cambiar el contenido total del mismo¬Ē.

El hecho de que el gobierno le haya pedido su concepto al Consejo de Estado y no lo haya acatado demostró que era una determinación sin reversa. El presidente Uribe, para curarse en salud, decidió consultar a los presidentes de la Cámara y el Senado, 24 horas antes de firmar el acuerdo.

Se cerró este primer capítulo de la historia en el que en el planteamiento de nueva guerra fría en la región, Colombia quiere sacar ventaja de su alianza estratégica con Estados Unidos. Pero todavía quedan muchos por escribir.

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad