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Entre Bazurto y San Victorino viejo | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-07 05:00:00

Entre Bazurto y San Victorino viejo

Resulta deprimente ver una sesión del Congreso por televisión. En primer lugar, nadie le para bolas a nadie. Cada quien está en lo suyo, comiendo en el recinto, hablando por celular todo el tiempo o armando corrillos mientras el orador de turno inútilmente trata de hacerse escuchar.
Entre Bazurto y San Victorino viejo

Parece más bien como un tertulia de café, desorganizada, en donde la gente sale para el baño, compra el periódico, se hace embolar o compra lotería.

El presidente del Senado es un costeño descomplicado, que se sube y se baja de la presidencia como si estuviera corriendo base y habla en el lenguaje de Bazurto allá en su Cartagena natal.

En una de las últimas sesiones quería organizar el debate de moción de censura contra el ministro de Agricultura. Y en ese lenguaje callejero que maneja y con el acento más marcadamente cartagenero, decía: primero vamos a escuchar a los voceros de la oposición para que expongan sus argumentos. ¿Cuántos oradores hay inscritos, señor secretario?, catorce, ah, bueno, entonces hablan esos catorce y cuando ellos terminen, dejamos que el Ministro se despache.

Quieto en primera. Luego vienen los turnos de los oradores. Le dan determinado tiempo a cada parlamentario inscrito. Veinte, diez minutos. Y el tiempo pasa, el orador se comunica con la gente de su electorado que lo está escuchando y no se da cuenta de que el tiempo ha pasado. Le quitan el sonido y el parlamentario sigue hablando para él solo. Le devuelven el sonido y continúa, tomándose más tiempo del que se le ha señalado. A la senadora Piedad Córdoba tuvieron que aumentarle el tiempo, porque no terminaba y casi hay que llamar a la guardia del Senado para bajarla de la tribuna.

El ministro del Interior, que es un experto parlamentario, se hace en primera fila, tratando de empavar al orador que lo tiene casi encima con una sonrisa burlona, mientras a su alrededor se cuecen las jugadas parlamentarias y le da ánimo al ministro de Agricultura novato, que se ha preparado muy bien para el debate de su moción y se ha tomado varias pastillas de valium para los nervios. El senador Artunduaga, que parece un jayán de cuadra dispuesto a darse trompadas en las calles de Neiva con el primero que se le atraviese, le respira en la nuca a los ministros.

El tiempo avanza. Exposiciones deshilvanadas, a las carreras. Parece que la vida del Congreso se desarrollara más bien en la periferia, en los pasillos, en los corrillos ¿En qué va el debate? Vaya Dios a saberlo, es tan distraído el ambiente que ninguna exposición logra centrarlo, todo es disperso, fútil, baladí, transitorio. Aquello parecía mas bien un debate en plena plaza de San Victorino viejo.

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