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“Somos un pequeño Coltejer” | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-08 05:00:00

“Somos un pequeño Coltejer”

En un espacio de su fábrica de confecciones infantiles, Gerardo Parra Jaimes  guarda como una reliquia sus primeras máquinas tejedoras.
“Somos un pequeño Coltejer”

Parece que tuviera un pequeño museo de la industria de la confección y asegura con firmeza que nunca las va a vender, chatarrizar o regalar, porque fueron las máquinas que le permitieron seguir comprando otras y ampliar la producción de tejidos de punto y lanilla.

Hace 30 años este empresario empezó a montar su fábrica, en la que era su casa ubicada en el barrio San Francisco.

Actualmente ocupa dos casas más y tuvo que buscar otro lugar para vivir, la fábrica los sacó.

Sin embargo, los grandes carretes de hilos, las telas y los diseños no se escapan de su vida ni de sus familiares, que se han involucrado en todos los procesos y aspiran a continuar con la fábrica.

Sus confecciones no sólo se destacan por el desarrollo de sus diseños de prendas antialérgicas desarrolladas con detalles elaborados a mano, que es un sello que las caracteriza.

Los tejidos de punto, lanillas y telas son desarrollados en su totalidad en la misma fábrica, un arte que según las cuentas de este empresario está prácticamente extinto en Bucaramanga.

“Somos un Coltejer pequeño en Bucaramanga. Lanilla conseguimos, pero tejidos de punto no, pues ya las empresas grandes que producían han ido cerrando durante los últimos 10 años y prácticamente quedamos solo nosotros”, asegura.

 

La ley del más fuerte

Como si se tratara de un ejemplo de genética aplicado a las empresas, este año se ha regido por la ley del más fuerte.

Según Parra, pese a que la crisis se empezó a sentir desde hace cuatro años con el ‘bajonazo’ de ventas, este año ha sido el más duro para la empresa. “Los que salgan de este son los duros, porque la situación es cruel”, dice.

Las ventas que se distribuyen entre comerciantes nacionales y extranjeros han sido golpeadas por la llegada de productos importados a menores precios, contrabando y la caída de exportaciones a países vecinos.

“Uno ve prendas de hasta $3 mil, $5 mil y contra eso no puede competir. Sin embargo nos mantenemos en calidad”, apunta.

Añade que lo único que han podido hacer es reducir algunos costos, pero la industria se mueve cada vez más rápido. Hay que sacar más diseños y eso implica mucho más tiempo en montaje de moldes y realización de prendas.


“Soy empírico, la vida me fue enseñando”

Este empresario se hizo con la vida y su experiencia lo mantiene todavía en el negocio, aunque reconoce que el empuje de los últimos años y los nuevos negocios los administran sus hijos.

“Yo apenas hice hasta primero bachillerato y me dediqué a trabajar, jamás he sido empleado”.

Antes de tener su empresa, Gerardo comercializaba prendas que compraba a mayoristas de la ciudad. Con el tiempo fue consiguiendo sus propias máquinas. Así, a las labores propias de una empresa también se vinculó su esposa, Socorro López, quien se encargaba de la producción y él de las ventas.

Cansado de tanto batallar, según expresa, Parra Jaimes ha pensado dos veces en cerrar. Sin embargo, es conciente del trabajo que genera y el mercado que aún le queda al tejido de punto.

Hace nueve años este gerente recibió el premio de Homenaje a la excelencia empresarial de la Asociación Santandereana de Administradores de Empresas.

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