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Démosle un saludo a la vida | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-12 05:00:00

Démosle un saludo a la vida

Dicen que, en el momento de nacer, Dios nos coloca en el sitio en el que nos corresponde estar. Y aunque en este mundo ‘algunos nacen con estrellas y otros estrellados’; al final a todos nos toca poner los pies sobre la tierra y crecer.
Démosle un saludo a la vida

Podemos pasar por este mundo sin pena ni gloria; o, por el contrario, dejando huellas firmes y nobles en cada paso que damos.

Lo cierto del caso es que, desde donde estemos, podemos brillar. Para ello no es necesario saber muchas cosas, sino saber las que realmente importan.

De hecho, muchas personas se desempeñan en la vida como auténticos profesionales, sin siquiera ostentar un título universitario.

Cada vez que el Señor crea a un ser humano y lo envía con la famosa ‘cigüeña’ a determinado sitio del planeta, sueña con verlo convertido en una gran persona.

Sin embargo, en la gran obra de la creación, Dios se empeña mucho a la hora de pintar a su nuevo ser.

Puede ser que alguien sea más bonito, tenga más plata o nazca en una cuna aristocrática. No obstante, esas cosas no necesariamente reflejan ventajas claras sobre los demás.

Lo cierto del caso es que Él mezcla los rasgos, tanto físicos como sicológicos del padre y de la madre, y además nos otorga algunos dones.

Hay algo cierto: a nadie le da todo completo, pero tampoco nadie se queda sin nada.

Cuando Dios lo crea a usted, siempre le pinta una sonrisa dulce y una mirada limpia, acompañada con mucha sensibilidad y profundidad espiritual. Por eso, los niños siempre serán tiernos.

Dios, además, le habilita a su humanidad un pequeño dispositivo que se conoce como el ‘libre albedrío’. Eso sirve para que usted decida cuándo quiere reír, cuándo siente que debe llorar, cuándo cantar y cuándo es el momento preciso para actuar.

Ahí radica la diferencia con los demás; así sean bonitos o feos, famosos o anónimos o, simplemente, pobres o ricos.

No es preciso tomar un cincel para labrar la figura de la persona que habremos de esculpir. Sólo debemos ser escultores sencillos para hacer obras de una forma diferente e impactante.

Hay quienes apagan incendios a punta de vocación, como los bomberos; hay quienes pintan con palabras, tal como lo hacen los escritores; hay quienes pintan con planos, tal como lo hacen los arquitectos; hay quienes pintan con el bisturí, tal como lo hacen los cirujanos...

Podemos crear cosas con la única meta de ponerle alma a nuestra vida; o crearlas con prepotencia sólo para hacernos sentir.

Sea como sea, mil árboles que crecen hacen menos ruido que un árbol que se derrumba.

Estamos aquí por algo y nos corresponde cumplir una misión. Y si es así, ¡qué bueno es que lo hagamos con una sonrisa pintada en nuestros labios!

 

ESAS PREGUNTAS

Su cerebro es más poderoso que una sofisticada computadora. Responde con precisión a la forma como usted habla y a las preguntas que se le formulan.

Los expertos del comportamiento humano han determinado que, las personas que logran mejores resultados se hacen preguntas propositivas frente a las situaciones difíciles, antes que reproches por lo que les ocurre.

- ¿Por qué a mí?

- ¿Por qué a mí todo me sale mal?

- ¿Por qué me cuesta tanto aprender?

- ¿Cuánto durará mi mala suerte?

- ¿Por qué nunca me tienen en cuenta?

Las anteriores son preguntas que lo inducen a generalizar o a exagerar lo difícil y, sobre todo, a desconocer o menospreciar sus cualidades y recursos.

Si en cambio elige hacerse preguntas empoderadas, su mente se enfocará en lo que depende de usted, le ayudará a definir su problema y sus recursos de una manera más constructiva.

Veamos algunos ejemplos:

- ¿Cómo puedo salir fortalecido de este problema?

- ¿En cuáles áreas tengo que prepararme mejor?”

- ¿Qué lección me deja este problema?

 

UN EXPERIMENTO

El tema de la clase era claro:

‘Planificación eficaz de su tiempo’.

Los alumnos eran exitosos ejecutivos de grandes empresas.

- “Vamos a hacer un experimento”, dijo el docente.

Debajo de la mesa que lo separaba de sus pupilos, él movió un tarro de vidrio de más de 4 litros, que puso en frente suyo. Luego sacó alrededor de doce piedras, tan grandes como bolas de tenis y las depositó de manera cuidadosa, una por una en el recipiente.

Cuando el frasco se llenó hasta el borde y era imposible agregarle una sola piedra más, levantó los ojos hacia sus alumnos y les preguntó:

- ¿Les parece que el tarro está lleno?”

Todos respondieron: ¡Sí!

Esperó unos segundos y replicó:

- ¿Están seguros?

Entonces, se agachó de nuevo y sacó de debajo de la mesa un recipiente lleno de piedrecillas. Con mucho cuidado, él las agregó sobre las piedras grandes y sacudió ligeramente el tarro. Las pequeñas piedras se infiltraron entre las grandes... hasta el fondo.

El catedrático levantó nuevamente los ojos hacia su auditorio y reiteró su pregunta:

- ¿Les parece que el tarro está lleno?

Esta vez sus alumnos comenzaron a entender su manejo. Uno de ellos respondió: ¡Probablemente no!

- ¡Bien!, respondió el profesor.

Se agachó nuevamente y esta vez sacó de la mesa una bolsa de arena. Con mucho cuidado agregó la arena al recipiente. La arena rellenó los espacios existentes. Una vez más, preguntó:

- ¿Les parece que el tarro está lleno?

Esta vez sin pensarlo dos veces y en coro, los brillantes alumnos, respondieron: ¡No!

- ¡Bien!, respondió el viejo profesor.

Y como se esperaban sus prestigiosos alumnos, el hombre cogió la botella de agua que estaba sobre la mesa y llenó el tarro hasta el tope.

El viejo profesor levantó entonces los ojos hacia su grupo y preguntó:

- ¿Qué gran verdad nos demuestra esta experiencia?

El más audaz de sus alumnos, reflexionando sobre el tema de este taller, respondió:

“Esto demuestra que incluso cuando creemos que nuestra agenda está copada, si lo deseamos, podemos agregar más cosas para hacer”.

- ¡No!, respondió el docente.

La gran verdad que nos muestra esta experiencia, es la siguiente:

Si uno no mete las piedras grandes primero en el tarro, jamás podría hacer entrar el resto después.

¿Cuáles son las piedras grandes en sus vidas? ¿Su salud? ¿Su familia? ¿Realizar sus sueños?

Lo que hay que retener es la importancia de meter esas piedras grandes en primer lugar en la vida. Si no, uno se arriesga a no lograr la vida.

Si usted les da prioridades a los pecadillos (las piedritas, la arena) llenará la vida de pecadillos, y no tendrá suficiente tiempo para consagrarse a los elementos realmente importantes de su vida.

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