Lecciones de muerte para una ciudad vital | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-14 05:00:00

Lecciones de muerte para una ciudad vital

Testigos mudos de la intolerancia 2 de noviembre de 2009. Día de los muertos. En México las familias cenaron pan junto a las tumbas de sus seres queridos fallecidos. En muchos cementerios católicos colombianos las lápidas se cubrieron de flores y cartas de quienes no olvidan a sus antepasados. No pasó así en el Cementerio Universal de Bucaramanga, cuyas lozas frías apenas fueron visitadas por la lluvia típica de este penúltimo mes.
Lecciones de muerte para una ciudad vital

El Cementerio Universal fue construido en 1910 por varios comerciantes de la Ciudad, la mayoría de ellos masones o agnósticos. En esa época, la Constitución de 1886, la hegemonía conservadora de comienzos del siglo XX y la influencia de la iglesia católica habían configurado una Colombia que quería ser más montaña que costa, más blanca que mestiza, más conservadora que liberal y entrañablemente católica. Bucaramanga no era la excepción de este ambiente excluyente, y de ello dan fe las construcciones que fueron levantadas por esa época. Unas buscaban reforzar la exclusión y otras intentaban responder a ésta creando espacios de tolerancia. Resultado de lo segundo fue la fundación del Cementerio; un lugar para enterrar los restos de aquellos que en vida no eran dignos ante los ojos de la ideología imperante, aunque varios de ellos estaban contribuyendo al desarrollo de la Ciudad: judíos, masones, ateos, suicidas, homosexuales, prostitutas, hijos naturales, etc. Según Alfredo Cifuentes Lozada, poseedor material del Cementerio, en entrevista concedida el 29 de agosto de 2009: “La élite librepensadora de comienzos del siglo XX está enterrada aquí y la gente que de una manera u otra influyó en el proceso de avance de esta región; por ejemplo, Blas Hernández Ordóñez, quien fue director de Vanguardia Liberal en sus inicios; el general Pedro Rodríguez, que estuvo encargado de las tropas en 1878 con ocasión de los desmanes con la ‘Culebra Pico de Oro’; y el fundador de las Sociedades Democráticas de este sector del país, es decir, del Partido Liberal en ese tiempo, don Ambrosio López, pariente del ex presidente Alfonso López Michelsen, entre otros.

El peso muerto de la memoria

Paulatinamente, el país sufrió un accidentado y ambiguo proceso de secularización y modernización cuyo culmen pareció ser la Constitución del 91, que le dio preponderancia a la multiculturalidad, la diversidad, la tolerancia, la inclusión y la equidad. Pero 18 años después estas palabras no se concretan de manera contundente en prácticas ciudadanas o en políticas administrativas, lo que acarrea, por ejemplo, una preservación insuficiente del patrimonio arquitectónico y cultural. Es el caso  de esta necrópolis, que guarda bajo tierra valiosas historias sobre exclusión e inequidad, que sería importante dar a conocer y proteger para fortalecer ese intento doloroso y confuso de instaurar un Estado Social de Derecho en un país en guerra.

El cementerio está abandonado y desprotegido. Hace dos décadas corre el rumor de que el lugar va a ser clausurado por completo para dar paso a la construcción de la carrera novena, obra que aún no se efectúa. Esa posibilidad aceleró aún más su descuido. La situación conduce a la siguiente pregunta: ¿Cómo es posible que tanto la administración pública local como la ciudadanía desdeñen la importancia histórica y cultural de esta necrópolis? Vanguardia Liberal (20 /0509) informó que en la primera semana de junio la administración daría a conocer los prepliegos del viaducto de la carrera novena (costo: 70 mil millones de pesos) y que estaría concluida antes de culminar el actual gobierno municipal.

Los cementerios no son solo parte del paisaje urbanístico, sino de la memoria urbana y, más aún, de la memoria ciudadana. La manera como la administración pública y los habitantes los asumen dicen mucho de su identidad cultural y de su conciencia política. El olvido y el desprecio por esta villa de muerte dice mucho de quiénes somos los vivos. El cementerio es un espejo empañado y roto de nuestra realidad.

Mientras este lugar ‘muere’ el Museo Cementerio San Pedro en Medellín y el Cementerio Libre de Circasia (Quindio), también fundado por masones, no solo se conservan en excelentes condiciones, sino que son espacios para el ejercicio de la ciudadanía a través de recitales poéticos nocturnos y visitas culturales guiadas. ¿Por qué no podría pasar algo similar con el Universal?

Publicada por
Contactar al periodista
Publicidad
Publicidad
Publicidad