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Efecto Blackberry | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-14 05:00:00

Efecto Blackberry

¬ďVoy a resumir esto con lo que vimos, el regalo que nosotros le trajimos a los jefes de los comit√©s ol√≠mpicos fue un libro del escritor Gabriel Garc√≠a M√°rquez. Toronto por su parte les regal√≥ una Blackberry y es obvio que eso influye mucho¬Ē, se√Īal√≥ Samuel Moreno, poco despu√©s del anuncio de la ciudad canadiense como ganadora de la sede.
Efecto Blackberry

Con estas declaraciones, el Alcalde de Bogot√° explicaba el fallido intento de lograr que la Capital de la Rep√ļblica se convirtiera en la sede de los Juegos Panamericanos del 2015. Se lo olvid√≥ agregar que el regalo no le alcanz√≥ ni para ser segundo lugar, ya que fuimos sobrepasados por Lima en la votaci√≥n final del comit√© ol√≠mpico, lo cual habla que nuestro Premio Nobel est√° m√°s despreciado de lo que el Alcalde presume o que el efecto Blackberry tiene seducciones aun m√°s poderosas de las imaginadas.

Presumo que el alcalde capitalino dio sus declaraciones al fragor de la votación y al dejarse llevar por el dolor de la derrota, no supo medir el alcance de sus palabras. Quizás, ya con cabeza fría, pudo entender que Toronto presentó un presupuesto dos veces mayor y que sus instalaciones deportivas y de comunicaciones superaban a las ofrecidas por Lima y Bogotá.

Aunque no debemos pasar de ingenuos y entender que en este como en otros procesos cabe la posibilidad de que se atraviesen intereses mezquinos (humanos somos), encontramos que desafortunadamente declaraciones del tenor de las que formuló el Alcalde son más frecuentes de lo que pensamos, en especial en sociedades tan polarizadas como la nuestra.

Suponemos por definición que la contraparte obra de mala fe, o que hay una agenda oculta o intereses oscuros. Esto nos lleva a ser ligeros en nuestras apreciaciones. Como no hay confianza, descalificamos al que no piensa igual sin oír argumentos, lanzando juicios de valor donde prevalece lo subjetivo y la emoción. Deja de fomentarse el diálogo constructivo y surgen los anónimos donde la contraparte lanza la piedra y esconde la mano.

Lo peor es que al decidir por este camino, se nos cierran las posibilidades de hacernos nuestro propio auto-examen constructivo y marchitamos la creatividad; sin saberlo, nos condenamos al condenar a otros. Para no caer en lo mismo, otorguémosle al Alcalde el beneficio de la duda y hagamos fuerza para que Bogotá gane una próxima convocatoria.

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