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Limoges, una ciudad de porcelana | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-17 05:00:00

Limoges, una ciudad de porcelana

Conocida como capital mundial de la porcelana, la vida económica de Limoges ha girado en torno a este producto que reúne arte, técnica e historia.
Limoges, una ciudad de porcelana

Porque incluso los museos especializados y sus colecciones son admirados por propios y extraños. Sus piezas son solicitadas en diferentes lugares. Por ejemplo, un plato con incrustaciones en oro, que compran en los Emiratos, puede costar entre 5 mil y 7 mil euros.

En la ciudad hay cinco fábricas de porcelana y unas ocho en el departamento Haute-Vienne, las cuales están en crisis porque la gente no está comprando porcelana fina, por lo costosa, que sustituyen por una cerámica especial, también de allí.

Se destaca el trabajo del emaillage, una técnica a mano que le da ese brillo especial a la porcelana.

La decoración de las piezas, que antes era a mano, ahora se hace con calcomanías, porque la pintura a mano se volvió muy costosa.

El Museo de Adrien Dubouché o de la Cerámica es el más importante, con más de 12 mil piezas de historia de este arte.

Otra de las artes que sobresale es el Émail, una técnica de pintura esmaltada en cobre con óxido de manganeso y otros óxidos que dan diversos colores. Limoges fue la cuna de esta técnica a mediados del siglo XII.


Comer al gusto francés

Usted encuentra comida internacional y regional en sus numerosos restaurantes. En éstos y en las braseries el plato cuesta entre 15 y 25 euros; en los restaurantes especializados, entre 25 y 100 euros.

El potefeu, una especie de puchero, es uno de los platos típicos, pero a base de carne de cerdo, res, papa, zanahoria y puerro. Las legumbres, la carne y el caldo se sirven aparte.

En esta región agrícola y ganadera se come mucha carne, especialmente el cordero, que es muy apreciada, y por la larga tradición de sus boucheries.

Son típicas las rellenas, hechas con chataigne, una fruta que se utiliza para tortas, harinas, sopas, licores o se come fresca. También encuentra rellenas hechas con manzana. Ninguna de ellas utiliza el arroz.

El clafoutí, típico de Limoges, es una torta especial a base de cereza.  En repostería se utilizan mucho las frutas, como manzana, ciruela y cereza, más que las cremas.


Qué más hacer

La Calle de la Boucherie, en el barrio del mismo nombre, alberga las carnicerías de la Edad Media. El Museo de la Casa de Boucherie fue restaurado tal como lo era en esa época.

En octubre se hace la Feria de las Pequeñas Ventas, de carnes a la antigua, y el Festival Internacional de Teatro Francófono, con espectáculos populares, representaciones y tómbolas, donde todo el pueblo disfruta.

Otra fiesta es la Bienal del Esmalte, que se realiza entre julio y agosto.


No dejar de verÂ…

No puede dejar de ir a la Catedral de St-Étienne, que data de 1516, reconocida por su fachada de San Juan, con sus jardines y junto al jardín botánico; la iglesia de St Michelle-des-Lions y la iglesia St-Pierre-du-Queyroix.

Ir al Museo del Esmalte, donde están los emaux más famosos desde el siglo XII y obras clásicas del famoso pintor nacido en Limoges, Leonard Limosin.

El Museo de Adrien Dubouché. La Estación de Les Benedictins y la Torre del Reloj. El puente en piedra de St-Martial,  de 1215.

El pueblito medieval de San Leónard de Noblat.

Pero Limoges no es sólo historia: también hay tiendas, centros comerciales y supermercados tipo Carrefour, un ambiente moderno, estudiantil, con bares, zonas animadas y buen movimiento.

Con la asesoría de Melva Dufour Forero, una colombiana francesa que vive a 20 minutos de Limoges, en la campiña de Cereillac.


Cómo se llega

Desde Colombia y América se viaja a Limoges por vía aérea y por Estados Unidos sale más económico.

En el aeropuerto Charles De Gaulle, de París, se toma un autobús que cuesta 19 euros, hasta el aeropuerto de Orly, donde se toma el avión para Limoges.

También se puede alquilar un carro y hacer la ruta por autopista, en un recorrido de tres a cuatro horas.

Y está la opción del tren, que toma en la estación Austerlitz, y el pasaje hasta Limoges cuesta unos 180 euros.

Se aconseja viajar en segunda, si quiere ahorrar, porque de todas maneras es cómodo.

A Limoges se llega a la estación de los Benedictinos, una construcción que fue restaurada hace unos 20 años y que es también sitio de exposiciones.

Los hoteles están entre 70 y 150 euros por persona por noche. Pero también hay hostales o gites, que son casas de familia que ofrecen desayuno, almuerzo y comida, en los que se puede acordar el precio.

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