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El castillo de naipes | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-19 05:00:00

El castillo de naipes

¬ŅAlguna vez intent√≥ construir un castillo de naipes? De peque√Īo lo hac√≠amos una y otra vez. Y aunque no era f√°cil, no descans√°bamos hasta lograrlo. Ganaba la edificaci√≥n que tuviera el mayor n√ļmero de cartas, unas sobre otras.
El castillo de naipes

Daba rabia cuando la m√°s leve brisa nos derrumbaba nuestra obra. Tambi√©n nos molestaba cuando se nos ca√≠a, justo en el momento en el que nos dispon√≠amos a colocar la √ļltima carta.

El ejercicio, pese a que era s√≥lo un juego de ni√Īos, nos dejaba muchas ense√Īanzas.

Nos recordaba que para construir algo nos tocaba concentrarnos, ser cuidadosos y, sobre todo, debíamos tener mucha paciencia.

L√°stima que de adultos se nos olvida ese lindo juego.

Si lo hiciéramos, entenderíamos que para alcanzar algo que nunca hemos tenido, nos corresponde trabajar.

Comprender√≠amos que cuando Dios nos quita aquello que hemos agarrado; √Čl no est√° castig√°ndonos, sino simplemente est√° abriendo nuestras manos para recibir algo igual o mejor a lo que pose√≠amos.

Es claro que la vida, a estas alturas, ya no se mide colocando cartas como en los juegos de infancia. Sin embargo, sí debemos entender que para llegar al cielo, debemos subir escalón por escalón.

El castillo de naipes nos deja ver que la vida nos invita a procurar un mayor equilibrio y, adem√°s, en pensar que los proyectos de vida pueden ir m√°s all√° de la plata, los amores o la simple comodidad.

Podemos tener a la mano cartas m√°s sencillas que, al final, nos permitir√°n armar un buen proyecto.

En la vida, por ejemplo, deber√≠amos compartir con los m√°s necesitados y comunicarnos de una manera cari√Īosa con quienes nos rodean.

Muchas personas tienen vidas desiertas de amor, y nosotros podemos ser un oasis para ellos.

Otra carta por jugar es la de sentir el día de hoy con entusiasmo.

Ser un optimista tenaz, para que veamos  en todo lo que nos pasa una oportunidad más de disfrutar la vida con espíritu alegre y con la esperanza activa de decidir ser, en el futuro inmediato, la persona exitosa que merecemos ser.

Ojo: ser optimista no es quedarse sentando a que todo le caiga del cielo. Es so√Īar lo mejor, mientras hacemos todo lo posible por hacer realidad lo que so√Īamos.

Debemos concentrar nuestras energ√≠as para que les hagamos frente a los desaf√≠os de cada momento y, sobre todo, para construir nuestros sue√Īos, m√°s all√° de las brisas que puedan tumbar nuestros castillos de naipes.

Intentemos construir torres de verdad con las cartas que nos da la vida. Saquemos nuestra ¬Ďvena¬í de arquitecto y, con ella,¬† dise√Īemos la maqueta que nos conducir√° al cielo.

dios dicta y nosotros escribimos

El destino no es un asunto de suerte, ni es algo que se nos da; es algo que se logra.

Esa palabra va m√°s all√° de lo que nos espera. Es lo que construimos para ser mejores personas, con la venia de Dios. Y as√≠ √Čl nos parezca mudo y pensemos que no trata de arreglar las cosas; en cada paso de nuestra vida vemos su amistosa cara.

Y es que √Čl, en medio de la vida que elegimos, siempre conf√≠a en que todo lo que nos dicta, se lo vamos a escribir con caligraf√≠a.

¬°Claro! a lo mejor no sabemos redactar. De pronto es que no escuchamos a los dem√°s y, por eso, la plegaria del dictado de nuestra vida, no nos funciona.

Cuando las cosas van mal, le echamos la culpa a √Čl.

¡Es triste ver las cosas así!

Debemos tener presente que Dios rodea de espinas las rosas, s√≥lo para ense√Īarnos que lo bueno se logra a fuerza de cuidados.

Sin embargo, cada vez que nos pasa algo malo, la debilidad y el desdén aparecen en nuestro dictado.

Es hora de aprender a tachar esas líneas mal escritas:

tenemos que apostarle a la ¬Ďbuena ortograf√≠a¬í de nuestras acciones.

Es hora de hacernos el regalo de reflexionar sobre nuestro proceder: Si estamos errando, rectifiquemos; si estamos enga√Īando, hablemos con la verdad; si hay sentimientos de rencor, perdonemos.

Pero, sobre todo, si no tenemos fe, ni so√Īamos, ni tampoco nos esforzamos, pid√°mosle a Dios su bendici√≥n; as√≠ como lo hacemos con nuestros padres cada vez que nos ausentamos.

De la forma como asumamos la vida, podemos bendecir a todos los que se nos crucen en nuestro camino.

 

¬ŅC√≥mo se mide la vida?

La vida no se mide seg√ļn los planes que tenga para el fin de semana, o por si se queda en casa solo.

No se mide seg√ļn con qui√©n sale o con qui√©n sol√≠a salir.

No se mide por la fama de su familia, por la plata que tiene, por la marca del auto que maneja, ni por el lugar donde estudia o trabaja.

No se mide ni por lo guapo ni por lo feo que usted sea, por el estilo moderno de la ropa o la clase de zapatos que lleva, ni por el tipo de m√ļsica que le gusta.

La vida no es nada de eso.

La vida se mide seg√ļn a qui√©n ame y seg√ļn a qui√©n usted le haga da√Īo con su groser√≠a y miseria.

Se mide seg√ļn la felicidad o la tristeza que les proporcione a otros.

Se mide por los compromisos que cumple  y las confianzas que traiciona.

Se trata de la amistad, la cual puede usarse como algo sagrado o como un arma.

Se trata de lo que se dice y lo que se hace, y lo que se quiere decir o hacer, sea da√Īino o ben√©fico.

Se trata de los juicios que formula, por qué los plantea, y a quién o contra quién los esgrime.

Se trata de a quién no le hace caso o ignora adrede.

Se trata de los celos, del miedo, de la ignorancia, del odio, del rencor y de la venganza.

Se trata del amor y del respeto que lleva dentro de usted, de cómo los cultiva y de cómo los riega.

Pero, de manera especial, se trata de si usa la vida para alimentar el corazón de otros. Usted y sólo usted escoge la manera en que va a afectar o ayudar a alguien, y esa decisión es de lo que verdaderamente se trata la vida.

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