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¬ĎLa bala que alcanz√≥ a mi ni√Īo¬í | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-22 05:00:00

¬ĎLa bala que alcanz√≥ a mi ni√Īo¬í

El peque√Īo corri√≥ al cambuche cogido de la mano de su madrastra, pero una bala fren√≥ en seco su carrera. Corr√≠a para escapar de la guerra, pero ni siquiera pudo librar una batalla contra la muerte. Su cuerpo qued√≥ tendido en medio del fuego cruzado entre el Ej√©rcito y las Farc, en un caser√≠o del sur de Bol√≠var. Ten√≠a 4 a√Īos.
¬ĎLa bala que alcanz√≥ a mi ni√Īo¬í

El martes en la noche, Wilson Antonio Mosquera completaba dos d√≠as trasteando el cuerpo sin vida de su peque√Īo hijo.

Regresarlo a Tod√≥, en Choc√≥, para enterrarlo en la tierra donde naci√≥, fue lo √ļnico que este hombre de 38 a√Īos, barequero y descendiente de africanos, le pidi√≥ al Ej√©rcito cuando encontr√≥ al ni√Īo con una bala incrustada en su espalda, en pleno coraz√≥n del Magdalena Medio y a dos d√≠as de camino del municipio m√°s cercano.

La sonrisa de su hijo se apagó luego de un combate muy corto con guerrilleros de las Farc en el sur de Bolívar, donde el cambuche de Wilson y de 16 familias más, quedó en medio del fuego cruzado.

El martes, Wilson y su compa√Īera esperaban, en uno de los pasillos de la funeraria Los Olivos en Bucaramanga, continuar con un recorrido de luto que comenz√≥ hace ocho d√≠as en Bocas del Ventarr√≥n, un caser√≠o minero de Santa Rosa del Sur en los l√≠mites entre Bol√≠var y Antioquia.

Acababan de llegar de Barrancabermeja y ahora, en Bucaramanga, esperaban que el cuerpo del peque√Īo fuera trasladado hasta Medell√≠n y finalmente a Choc√≥.

Su √ļnica pertenencia, adem√°s de la ropa que llevaban puesta, era un atadijo no m√°s grande que la punta de un dedo, donde Wilson guardaba la √ļltima porci√≥n de oro que le qued√≥ de su trabajo en la zona minera de Guamoc√≥, ubicada en el costado occidental de la serran√≠a de San Lucas.

Con ese atadijo, dice, comprueba que hace m√°s de 20 a√Īos vive de lavar arena en una batea con el √ļnico objetivo de recoger oro.

-Eso es ser barequero.

Entonces se para, lo saca del fondo del bolsillo de su pantal√≥n, lo muestra y de nuevo lo guarda. Luego dice que tiene hambre y que su ni√Īo estar√≠a vivo si √©l hubiera alcanzado a llegar a ese cambuche improvisado con pl√°sticos viejos.

- Porque yo soy ágil para eso. A mí no me matan los nervios.

Esta no es la primera vez que Wilson queda atrapado en medio de un combate, pero en la guerra nada es seguro y menos cuando no se es parte de ella.

Wilson cierra sus enormes ojos negros, toma aliento y dice: y yo que me lo traje del Chocó porque el sur de Bolívar estaba tranquilo…


Secreto a voces

La compa√Īera de Wilson habla en voz baja y su acento hace que se le enreden las palabras. Era ella la que sosten√≠a la mano del peque√Īo cuando la bala paraliz√≥ su cuerpito, cuando sus pies de ni√Īo no le alcanzaron para esconderse, cuando dej√≥ de contar hasta 20 sin equivocarse, cuando ya no pudo seguir bailando y defendiendo a su pap√° de las bromas que le hac√≠an los vecinos.

Ni ella ni Wilson entienden aquello del valor estrat√©gico de la zona de Guamoc√≥, debido a la gran riqueza en recursos naturales, raz√≥n por la que es apetecida por grupos al margen de la ley y tambi√©n por compa√Ī√≠as extranjeras y empresarios colombianos.

Tampoco saben que el sur de Bolívar es un corredor valioso para los actores armados porque comunica el Caribe con el interior y el nororiente colombiano.

Wilson es un n√≥mada. Ha ido y venido por Choc√≥, Antioquia y el sur de Bol√≠var, buscando siempre la mejor mina y utilizado ese corredor estrat√©gico. ¬ďPero ellos no se meten con nosotros y nosotros continuamos nuestro camino¬Ē, dice.

Esta pareja ignora que el pasado 8 de marzo hubo otro combate entre las Farc y el Ejército en la vereda Los Guayacanes, muy cerca del lugar donde levantaron su cambuche, y que la explosión de un cilindro de gas destruyó la casa de un campesino y que resultó herido un soldado.

De desplazamientos tampoco saben mucho. S√≥lo que el suyo, desde Choc√≥, fue voluntario. No imaginaban que en la misma zona donde pretend√≠an labrar su futuro, en las veredas Bajo y Alto Sicu√©, 39 familias se vieron forzadas a desplazarse en mayo por combates entre el Ej√©rcito y el Eln. Esta vez, los soldados, ante el ataque de la guerrilla, se refugiaron en dos viviendas con sus ocupantes adentro, seg√ļn lo denunci√≥ el Observatorio de Paz Integral del Magdalena Medio.

Lo que s√≠ saben, es que ahora hacen parte de esa suma enorme que representa a las v√≠ctimas de la guerra en Colombia. Y que su peque√Īo ya no est√°.

Una bala

Hace mes y medio que Wilson Mosquera buscaba oro en Bocas del Ventarr√≥n. Lleg√≥ solo, pero hace tres semanas se le unieron su compa√Īera y su hijo. Juntos levantaron el cambuche como lo hacen los barequeros en cualquier parte del pa√≠s: amarraron pl√°sticos, consiguieron una colchoneta e improvisaron un comedor a la entrada de su vivienda como si se tratara de una carpa. Cocinaban con le√Īa.

- Como es un monte, funciona como cuando se funda un pueblo. Comienza con ranchitos de madera, pero en nuestro caso unos son de madera y otros de pl√°stico.

Wilson afirma que en el caser√≠o viven cerca de 400 personas y que est√° dividido por un ca√Īo. Las mujeres y los ni√Īos permanecen en los cambuches durante el d√≠a y los hombres se van a las minas, incluso los fines de semana.

Pero el domingo 15 de noviembre no fue igual. Wilson trabaj√≥ hasta el medio d√≠a para ayudarle a un vecino a levantar su cambuche en madera. Por eso en la vereda, cerca de las dos de la tarde, s√≥lo estaban dos mujeres, cuatro ni√Īos, Wilson y su amigo.

- Cuando yo llegu√© a Bocas del Ventarr√≥n, el que estaba era el Ej√©rcito, pero se sali√≥ y a los 15 d√≠as lleg√≥ la guerrilla a vacunar a los due√Īos de las minas. As√≠ como entraron,¬† salieron de nuevo.

Pero hace ocho días regresaron. El espacio que separaba el cambuche de Wilson, donde afirma, estaba el Ejército, y el lugar por donde aparecieron los guerrilleros, no era superior a los 300 metros.

- Yo le dije a mi amigo, me voy a ir porque no he almorzado. Y cuando iba bajando los guerrilleros tambi√©n lo hac√≠an, pero delante de m√≠. Eran tres. No alcanc√© a pas√°rmelos, si lo hubiera logrado de pronto el ni√Īo m√≠o no muere.

Lo siguiente sucedió en pocos minutos. Los primeros vieron a los segundos o al revés, cómo saberlo. Wilson retrocedió cuando empezó el tiroteo. En medio del fuego cruzado quedaron 16 cambuches.

-De ah√≠ sali√≥ la bala que alcanz√≥ a mi ni√Īo.

La mujer y el peque√Īo com√≠an a la entrada del cambuche y cuando entraron apurados para intentar esconderse, el cuerpo del ni√Īo se le escurri√≥ a esta mujer entre las manos.

- Cuando veo que pum, cay√≥, yo lo ten√≠a cogido de la mano y ah√≠ mismo cay√≥¬Ö un bala, iba a cumplir cuatro a√Īos, hac√≠a mandados y si o√≠a un nombre enseguida se lo aprend√≠a.

Incertidumbre

Las preguntas que Wilson nunca pensó hacer en su vida, le salieron una tras otra, en pocas horas.

Todas fueron agrias.

Supo que el enfrentamiento se dio entre soldados del batall√≥n Ricaurte e integrantes de la cuadrilla ¬ĎArmel Duque¬í, que hace parte del Bloque Magdalena Medio de las Farc. Tambi√©n, que los guerrilleros ten√≠an lista una emboscada, seg√ļn las autoridades.

Pero a pesar de su relato, el comandante de la Segunda División del Ejército, general Ricardo Antonio Vargas, afirmó a Vanguardia Liberal en Barrancabermeja, que el enfrentamiento se dio a las afueras del caserío.

Por ahora, Medicina Legal y la Fiscalía realizan las respectivas investigaciones para establecer quién disparó la bala que mató a su hijo.

Te√≥filo Acu√Īa, presidente de la Federaci√≥n Agrominera del Sur de Bol√≠var, Fedeagromisbol, afirma que ya se han denunciado enfrentamientos donde la poblaci√≥n civil ha quedado en medio del fuego cruzado. ¬ďNo es la primera vez que esto sucede¬Ē.

Por su parte, Marco Antonio Garc√≠a, defensor del pueblo en el Magdalena Medio, asegur√≥ que en este a√Īo, es la primera vez que se presenta un caso donde un ni√Īo muere en medio de un combate. Sin embargo, el registro de 167 v√≠ctimas de homicidios, amenazas y desplazamientos forzados en el sur de Bol√≠var durante el primer semestre de 2009, seg√ļn el Observatorio Nororiental de Derechos Humanos y la Corporaci√≥n Compromiso, demuestra la situaci√≥n de inseguridad y riesgo que corre esta poblaci√≥n.

Con su salida de Bocas del Ventarrón, Wilson confía estar lejos de las balas, pero las huellas de la guerra las lleva por dentro.

 

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