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Farc cobran a campesinos por las minas que pisan | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-23 05:00:00

Farc cobran a campesinos por las minas que pisan

A finales de 2007, a trav√©s de la Campa√Īa Colombiana contra Minas, se filtr√≥ una denuncia que inicialmente pareci√≥ una burla al sentido com√ļn. La informaci√≥n provino de un pueblo fantasma del Caquet√° de donde hab√≠an salido desplazadas 5.000 personas de tiempo atr√°s y que tiene por nombre La Uni√≥n Peneya.
Farc cobran a campesinos por las minas que pisan

Un hombre que pis√≥ una mina sembrada por el frente 15 de las Farc que opera en el sur del pa√≠s, asegur√≥ que la guerrilla le estaba cobrando 500.000 pesos por algo que, seg√ļn la l√≥gica del grupo armado, no estaba destinado para √©l. La raz√≥n del cobro era que √©l hab√≠a ¬ďechado a perder¬Ē un explosivo que iba dirigido contra el Ej√©rcito.

¬ďEl campesino pisaba la mina y sin importar el da√Īo f√≠sico y psicol√≥gico ten√≠a que pagar por el perjuicio que supuestamente hab√≠a causado¬Ē, dice un representante de una ONG que tiene una de sus sedes en Florencia, capital del departamento de Caquet√°.

En el 2008, quienes perd√≠an sus extremidades al pisar los artefactos comenzaron a ser objeto de tan ins√≥litos cobros. ¬ďManito ya pis√≥ la mina, pi√©rdase de ac√°. Si va a poner la denuncia y a socializar el accidente, autom√°ticamente le toca¬Ē, les dec√≠an.

¬ďEntonces, quedabas contra la pared. O voy a los hospitales de Florencia y cuento la verdad, o me quedo callado¬Ē, cuenta un habitante de la zona. La presi√≥n a la que estuvo sometida la poblaci√≥n de La Monta√Īita, un municipio de 40 mil habitantes que vive en gran parte del cultivo ilegal de la coca, era casi que hombre por hombre.

¬ďMuchas veces te quedabas en el campo y no sal√≠as a los puestos de salud. O si llegabas no dec√≠as lo de la mina sino que dabas la versi√≥n de que se te hab√≠a disparado la escopeta. Te inventabas infinidades de cuentos que terminaban reportados en la historia cl√≠nica¬Ē, agrega la fuente.


Denuncias escasas

Pasados dos a√Īos, las denuncias sobre este tipo de pr√°cticas eran escasas y parec√≠an m√°s un simple rumor; solo hasta la semana pasada una v√≠ctima en Antioquia hizo el mismo comentario. Entonces salieron a la luz m√°s casos. En una reuni√≥n a la que asisti√≥ un delegado de la ONG Handicap Internacional se supo de tres v√≠ctimas m√°s de minas y cobros en el departamento.

¬ďFuncionarios de hospitales de primer nivel lo pusieron en conocimiento. Eso est√° saliendo es ahora √ļltimo, antes no era tan com√ļn. Lo escuch√© a comienzos de este a√Īo a tres personas de dos municipios de Antioquia, uno de ellos del Oriente¬Ē, dice una funcionaria.

Adriana Zapata, presidente de la Asociaci√≥n de V√≠ctimas de Minas en Antioquia, una mujer que por cierto ha padecido en carne propia la severidad de los explosivos, se encontr√≥ la semana pasada en San Juan de Arama, en el Meta, con una v√≠ctima m√°s a la que grupos armados le estaban cobrando nada menos que 1 mill√≥n 200 mil pesos. ¬ďEscuchar a la persona decirlo fue bastante maluco. O sea, no me imaginaba que eso pudiera suceder. Imag√≠nese -agrega- uno con tanto dolor y enseguida otros cobr√°ndole¬Ē.

Lo que poco se entiende es que una denuncia tan grave haya pasado inadvertida tanto tiempo. Esto sucede, seg√ļn miembros de una organizaci√≥n humanitaria, porque al momento de un accidente lo que ocupa es atender la emergencia, ¬ďmirar la rehabilitaci√≥n, no saber si les est√°n cobrando¬Ē. A las agencias internacionales, agregan, no les competer√≠a prohibir que cobren por las minas, sino m√°s bien que no las utilicen.

Adem√°s, el p√°nico a denunciar hace que el tema no trascienda el anecdotario. Viviana Mart√≠nez, secretaria de Gobierno de Samaniego, Nari√Īo, centro de la mayor cantidad de quejas, dice que el municipio ha solicitado informaci√≥n a la Fiscal√≠a y a la Polic√≠a, pero que no hay ninguna denuncia formal.

¬ďLa raz√≥n es que las v√≠ctimas se tienen que regresar a las veredas y all√° tienen que volver a convivir con esas personas. Otras veces les impiden acceder a los beneficios legales que entrega Acci√≥n Social¬Ē.

La presi√≥n que se siente en Monta√Īita es un ejemplo. All√° los civiles han estado sitiados porque sencillamente no pueden entrar y salir cuando quieren. ¬ďSi yo digo que me voy de paseo a Florencia y en un mes vuelvo, no dejan. Hay que pedir permiso y estar sometido al constante seguimiento¬Ē, dijo alguien de la zona.

¬ŅNegocio redondo?

Andrés Dávila Ladrón de Guevara, director del programa Presidencial contra Minas Antipersonal, asegura que esa dependencia está en miras de recaudar información que podría llevarse a la Corte Penal Internacional.

¬ďLa parte complicada -explica- es hacer el seguimiento preciso e individualizar el hecho. Para nosotros es un poco dif√≠cil, pero creemos que es un tema que hace necesaria la denuncia y la condena¬Ē.

Para Dávila, que las Farc les cobren a sus víctimas representa el máximo nivel de deterioro y de maltrato a las comunidades. La pregunta que surge entonces es si la guerrilla lo hace por razones económicas. Si se tiene en cuenta que la elaboración de una mina artesanal, de acuerdo con el testimonio de un explosivista de la Policía, es tan sencilla como ir de compras al supermercado, los guerrilleros estarían ante un negocio redondo.

¬ďLos elementos que se necesitan son los mismos que tiene una persona diariamente a la mano. Sobre todo porque el explosivo se puede sacar de los abonos org√°nicos a base de nitrato de amonio. El aluminio en polvo, por ejemplo, lo consiguen los polvoreros para hacer sus juegos de luces¬Ē, argumenta.

Un experto en minas del Ejército asegura que con solo 300 pesos (lo que cuesta un detonador en el mercado negro) casi se puede construir uno de esos artefactos (que en total vale 1 dólar) sin despeinarse. Y si se compara con los 2 millones de pesos que la guerrilla ha llegado a cobrar en Samaniego, como se lo comentaron a una empleada de Naciones Unidas, la rentabilidad sería altísima.

En la ¬Ďtabla de precios¬í que los armados han pedido a personas mutiladas o a familiares de difuntos, 50.000 es la cifra m√°s baja. Existe, incluso, seg√ļn D√°vila, una tarifa que disminuye si la que explota la mina es una recua de mulas y no un ser humano.

Pero m√°s all√° de la plata que las Farc les saquen a las v√≠ctimas, que en el 97 por ciento de los casos son pobres, seg√ļn el Gobierno, podr√≠a esconderse un asunto de estrategia militar. ¬ďAunque a ellos les sale muy barato construirlas, el riesgo que est√°n asumiendo instal√°ndolas es muy alto. Entonces que una mina sea activada por alguien que no era su objetivo implica primero tener que responderle a la comunidad; segundo, poner nuevamente a un explosivista a que se vuelva a arriesgar. Y, tercero, es alertar al Ej√©rcito¬Ē, asegura una fuente cercana a los hechos.

Por documentos que ha obtenido inteligencia militar del Secretariado de las Farc, la guerra ahora es con minas y no con disparos. ¬ŅCu√°l es el problema de la mina? Que se queda ah√≠.

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