HAGASE OIR | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-11-25 05:00:00

HAGASE OIR

Mientras llega el fin del mundo¬Ö En muchas √©pocas y en distintos tiempos, el hombre ha pensado en el fin del mundo y ha resuelto ponerle fecha a esta, para muchos tragedia, porque se le acabar√° el tiempo y el lugar para explotar a su hermano. Para otros ser√° la felicidad, teniendo en cuenta que ah√≠ s√≠ de verdad ser√° el encuentro con el Creador cara a cara como se nos ha ense√Īado.
HAGASE OIR

Pero el acontecimiento tan anunciado se ha frustrado cada vez que se anuncia y m√°s bien ha puesto en rid√≠culo a los ar√ļspices que todo lo saben. M√°s parece que es un ardid para ganar dinero, ya que para la mayor√≠a de humanos, el dios de todo es el vil metal y que se llegue a √©l sin mayor esfuerzo.

Como el oro no sirve para entrar al cielo, porque eso de que con un cheque se entra el reino eterno¬† no es¬† v√°lido, es mejor que acumulemos buenas obras¬† mientras llega el fin, pues estas s√≠ valen ante Dios y tendr√°n recompensa. Y en d√≥nde ganarlas hay infinidad de lugares: los asilos, los ancianatos, las instituciones que acogen al pobre, al desamparado, los ni√Īos de la calle; cada quien puede ayudar en la¬† medida de sus posibilidades. Por ah√≠ se habla de una estampilla pro habitantes de la calle, pero¬Ö que no pase¬† como con la del anciano. Ayudemos a nuestra medida, ahora, antes de que se acabe el mundo¬Ö

Tobías Herrera Méndez

Fanatismo e hipocresía

Hace unos d√≠as escrib√≠a un caballero acerca de guerras y¬† Jehov√°, haciendo referencia a la actual crisis entre Colombia y Venezuela.¬† No pudo este se√Īor disimular el odio que carcome sus entra√Īas¬† cuando aparte de considerar a Ch√°vez un diablo, ped√≠a que otro diablo se lo llevara.

Esta muestra de fanatismo hip√≥crita que considera demoniaco todo aquello que se opone a sus intereses, no a su credo, es bastante peligrosa, teniendo en cuenta la proliferaci√≥n de sectas que actualmente¬† se registra en Colombia, donde a ninguna autoridad le llama la atenci√≥n la forma r√°pida y oscura como muchos pastores se enriquecen.¬† Creo que el se√Īor que escribi√≥ la carta a la que me refiero debe ser un pastor y su odio se debe a que en Venezuela mientras est√© Ch√°vez, no podr√°n las diversas sectas lavar los cerebros de tantas personas y comenzar con iglesias de garaje y a los dos a√Īos haber comprado la manzana entera como lo hacen a diario en Colombia. El presidente Ch√°vez est√° en su leg√≠timo derecho a reclamar (no de la manera que lo hace), pues la historia de invasiones de Estados Unidos¬† a Panam√°, Afganist√°n e Irak desde bases cercanas o desde el mismo pa√≠s es una raz√≥n fundamental para que cualquier mandatario de un pa√≠s que no le haga caso a los gringos se preocupe.

El problema no es Chávez, el problema somos nosotros los colombianos que mientras todos los pueblos del mundo no quieren bases militares gringas, nosotros las estamos aceptando, convirtiéndonos en un peligro para un continente que quiere salirse de las garras del imperio.

Ch√°vez no olvida la historia como hacemos los colombianos, por eso los cr√≠menes de Garz√≥n, Gait√°n, Pardo Leal, √Ālvaro G√≥mez y muchos otros ilustres compatriotas quedar√°n en la impunidad.

Jorge Enrique Chacón Díaz

 

En alg√ļn lugar de La Mancha

Eran las seis de la ma√Īana de un pl√°cido domingo. En una placita de mercado al oriente de la meseta, encontr√© lo m√°s parecido a esto que llamamos diversidad en todo sentido. En un costado a la venta de hortalizas y frutas, un local hecho al mismo tiempo restaurante, bar y taberna, punto de encuentro de amanecidos y amanecidas y algunos travestis, todos dignos personajes del cine de Fellini y el fondo musical a manera de banda sonora: Ayala y Vicente Fernandez, toda una francachela. Y a una puerta, otra escena: ventas ambulantes disputando el escaso parqueadero, tambi√©n ocupado por algunas aves negras de carro√Īa. Y los andenes del exterior, ni hablar, invadidos por mesas y manteles en el piso con productos naturales a un precio m√°s m√≥dico. Y los expendedores de pescado sobre el piso asfaltado botando los subproductos del lavado de v√≠sceras. Mientras tanto los ruidos de las busetas y los carros y las locas motocicletas producen unos decibelios de locura. Y todo esto porque no se ha entendido el papel socio econ√≥mico de la plaza de mercado y se ha dejado a la deriva y en lamentable descuido aquello que pertenece a un sector popular. Ya sabr√°n a que ciudad me refiero.

Ernesto Rodríguez Albarracín

La clase política que nos merecemos

A raíz del comentado caso del AIS y la moción de censura, se va sabiendo cada día más de este escándalo. La defensa del ministro Fernandez se basó en un soplete que le hizo el anterior ministro Uribito y que el actual se lo aprendió al dedillo tratando de defender lo indefendible. En las encuestas previas a la moción de censura que le hacen a los congresistas politiqueros como el cuestionado Hernán Andrade, dijeron que debían votar a favor de la moción pero que si la bancada uribista decía lo contario, cambiaban de parecer. Esa es la clase política de pacotilla que tenemos y nos merecemos. Saben que no pueden ir en contra del régimen mesiánico, porque de  pronto les quitan  parte de la cuota burocrática que tienen estos individuos sin carácter.

Jose Guillermo Prada Velandia

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