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Domingo 27 de Julio de 2014
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Colombia
2009-12-06 05:00:00

El Museo del Nunca Jam√°s

El Museo del Nunca Jam√°s
Este no es un museo com√ļn. Ni siquiera hace parte de los lugares a donde cualquiera acudir√≠a para alimentar el esp√≠ritu. O tal vez s√≠, aunque el camino para lograr que se convierta en una experiencia positiva no sea tan f√°cil de recorrer.

En este museo, luego de asombrarse con horror, de entristecerse, de indignarse y hasta de negar con la cabeza y afirmar que no es posible que los ni√Īos y las ni√Īas sean sometidos a castigos tan atroces como quemarles la boca con una cuchara hirviendo por el s√≥lo hecho de negarse a comer, su creador, Gabriel Latorre, espera que el visitante se prometa a s√≠ mismo que esto no puede volver a ocurrir.

Hay que tener agallas para ver los cerca de 50 objetos que representan los m√°s dolorosos recuerdos de j√≥venes, adultos y abuelos que fueron maltratados en su ni√Īez y cuyos testimonios ha ido recogiendo Latorre desde 2000, en los municipios de Santander.

Uno de los visitantes escribi√≥ que el Museo del Nunca Jam√°s impacta tanto como lo hace el Museo del Holocausto en Israel. Con su trabajo, Latorre lidera una campa√Īa para que¬† estos objetos permanezcan en un museo y no en las casas, colgados detr√°s de las puertas o en los salones de las escuelas.

Estos son algunos de los objetos que más impactan a los visitantes. Muchos funcionan como espejos de lo que se sigue repitiendo de generación en generación. Es, tristemente, una suma de infamias.

Síndrome de bebé por zarandeo

Seg√ļn una investigaci√≥n de la Cl√≠nica del Ni√Īo en Bogot√°, es com√ļn que cuando se zarandea a los ni√Īos como una forma de controlar el llanto o cuando ya la rabia domina las acciones, o incluso por tirarlos al aire, se puedan producir lesiones cerebrales, hemorragias y hasta fracturas de clav√≠cula.

Son numerosos los casos de bebés que llegan totalmente adoloridos a las clínicas y los padres o quienes los cuidan ignoran el motivo.

En el Museo, la pieza SBZ (S√≠ndrome de beb√© por zarandeo), muestra a un ni√Īo sano rodeado de radiograf√≠as que evidencian el maltrato que produce el zarandeo. ¬ďEs otra forma de castigo pero la gente ignora los riesgos y por eso, cuando la ven, causa mucha sorpresa¬Ē. ¬ŅQui√©n no ha sido zarandeado?

Bendito rejo

Quien lo don√≥, un hombre de 50 a√Īos, cuenta que en su √©poca se mandaba a bendecir el rejo en una misa especial. ¬ďCre√≠an que al castigar con un rejo bendito sacaban la desobediencia y la rabia del cuerpo¬Ē.

En los talleres organizados por Latorre con madres comunitarias, abuelos y j√≥venes, se encontr√≥ que al rejo le tienen innumerables apelativos como San Mart√≠n, Carne-seca, Caramelo, Quita Polvo y Siete Nudos. Y que tambi√©n, los objetos m√°s cl√°sicos para maltratar son las correas y las chanclas. Incluso, el creador del Museo ha realizado jornadas simb√≥licas de desarme para el buen trato donde se llenaron varios costales con objetos como los ¬ďperreros¬Ē o varas amarradas con cuero de res que¬† s√≥lo deber√≠an utilizarse en labores agropecuarias.

EL ORIGEN

En 2000, el Ministerio de Cultura y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, a trav√©s del programa ¬ďHaz Paz¬Ē, convocaron a artistas y educadores para que crearan, desde las artes, formas que intentaran combatir la violencia. Santander se centr√≥ en la violencia intrafamiliar y Gabriel Latorre lider√≥ la investigaci√≥n y creaci√≥n del Museo del Nunca Jam√°s.

Se hicieron talleres en las diferentes provincias del departamento intentando descifrar las causas que generan conflicto. ¬ďSe encontr√≥ que hab√≠a una reproducci√≥n de los imaginarios generaci√≥n tras generaci√≥n¬Ē, dice Latorre, quien agrega que no se trata de hacer un museo del horror y de la infamia para quedarse s√≥lo con la an√©cdota, sino provocar que nunca jam√°s se repita.

¬ĎLa casa de la tortura¬í

Una mujer campesina de Puente Nacional contó que por demorarse un rato más después de clases, su papá la colgaba a ella y a sus hermanos de una viga durante casi toda la noche.

¬ďTambi√©n nos met√≠a dentro de un tanque de agua y muchas veces nos vimos ahogados. √Čl ten√≠a la costumbre de mandarnos a pasar tercio de le√Īa de un lugar a otro. En eso nos cog√≠a la noche. Tocaba pasar con la maleta de le√Īa al hombro por entre unos rastrojos y una arboleda donde colgaba una gusanera miedosa que alumbraba en lo oscuro. Al otro d√≠a nos qued√°bamos dormidos sobre el pupitre y ah√≠ mismito el maestro nos mandaba un tizazo¬Ē.

Estos castigos est√°n representados en la pieza ¬ĎLa casa de la tortura¬í, que re√ļne los castigos que han sufrido, generalmente, personas mayores de 35 a√Īos. Sin embargo hace poco, durante la celebraci√≥n de la Semana del Buen Trato en Bogot√°, un joven que no superaba los 30 a√Īos le dijo a Latorre: ¬ďyo sufr√≠ eso. Me colgaron de la viga¬Ē.


CANTALETA

La pieza taquillera del Museo es un cartel de color rojo donde est√°n escritas las frases comunes que circulan en las escuelas. Latorre las llama las frases del cansancio y la cantaleta.

¬ďA ver, a ver, mocositos, aterricen, por qu√© son tan lentos, atulampaos de mierda, porqu√© son tan lentos¬Ē, as√≠ empieza el listado. Y se suman: ¬ď... y ustedes, ah√≠ amontados como bultos de papa, sucios¬Ö m√°s les vale no haber nacido, apenas esperando que llegue la hora del recreo para salir a brincar como cabras¬Ö uno aqu√≠ tratando de sacarlos de burros y no ponen atenci√≥n¬Ö¬Ē.

Lo que dicen los ni√Īos

Este museo tiene otra característica que lo hace diferente. Allí, los más de 47 mil visitantes que lo han visto en ciudades como Pereira, Cartagena, Bogotá y numerosos municipios en Santander y el Casanare, han registrado en un cuaderno cuáles son los objetos que más los impactan, pero también las actitudes que jamás repetirán y las que siempre practicarán.

Una joven de s√©ptimo grado del colegio Policarpa Salavarrieta en Bogot√°, escribi√≥ que lo que m√°s le impact√≥ fue ¬ďcuando le plancharon la mano a un ni√Īo por insistir en dormir con su mam√°¬Ē. Otro alumno del mismo grado a√Īadi√≥: ¬ď¬Ö y donde castigaban a los ni√Īos por no responder correctamente, poni√©ndoles un gorro que indicaba que eran brutos¬Ē.

Pero luego del asombro viene la reflexi√≥n. ¬ďNunca jam√°s me alterar√© para no ofender a quien me rodea¬Ē, escribi√≥ un joven de d√©cimo grado. Y agreg√≥ que intentar√≠a ser positivo para aprender de sus errores.


¬°Para que aprenda!

Ricardo es un vendedor ambulante que creci√≥ en una zona marginal de Bucaramanga. Visit√≥ el Museo del Nunca Jam√°s y decidi√≥ contar el castigo al que fue sometido por su pap√° cuando era ni√Īo y que lo atorment√≥ durante muchos a√Īos.

¬ďMi pap√° me vest√≠a de mujer para que yo no saliera a la calle a jugar¬Ē. El castigo inclu√≠a hacer labores que por tradici√≥n realizan las mujeres como barrer y lavar los platos.

Ricardo se sent√≠a encarcelado, a lo que se un√≠a aquello de que ¬ďlas mujeres son para la casa¬Ē, lo que reflejaba el grado de machismo que ten√≠a su pap√°, quien insist√≠a en ese castigo como la mejor forma para educarlo. ¬ďEs por su bien¬Ē, le dec√≠a. Latorre afirma que es com√ļn encontrarse con adultos que cuando ven las correas y los l√°tigos dicen: a m√≠ me dieron mucho pero yo lo agradezco porque aprend√≠¬Ē.

Pero Ricardo no s√≥lo cont√≥ su historia sino que quiso que le tomaran fotograf√≠as vestido de mujer para representar su castigo. ¬ď√Čl quiere que no se repita nunca jam√°s¬Ē, cuenta Latorre. La serie de fotograf√≠as asombra por el alto grado de violencia psicol√≥gica a la que fue sometido este hombre. Hoy tiene 57 a√Īos.

otras verguenzas

* Cuchara caliente. En los registros de Medicina Legal se encontr√≥ que una de las pr√°cticas m√°s reconocidas de maltrato a los ni√Īos, es quemarlos en la boca con una cuchara caliente. Tambi√©n lo hacen con c√°scaras de huevo que ampollan la piel.

* Aj√≠ ji, se calla la jeta y deja la teta. A√ļn se conserva esa costumbre que ten√≠an las abuelas para acelerar el proceso de destete. Consiste en que las mam√°s se untan aj√≠ en los pezones. Las abuelas dicen: ¬°eso es santo remedio!. Pero no s√≥lo se utiliza el aj√≠, tambi√©n s√°bila por su sabor amargo, vinilo, tabaco, labial y hasta ajo.

* La cole-cabuya. Esta es una leyenda popular que Latorre recogi√≥ en el Tolima. Habla de un animal medio burro medio perro, con cola de cabuya, que persigue a los acosadores sexuales para lanzarles un vaho caliente que les seca los genitales. ¬ďLa √ļltima vez la vieron taconear con sus zapatillas verdes en el pabell√≥n de abusadores de una c√°rcel¬Ē. Tambi√©n se dice que ronda las familias donde se vive el incesto. En el Museo, la cole-cabuya est√° representada por una pintura que se ubica junto a una serie de fotograf√≠as del asesino en serie, Luis Alfredo Garavito.

* M√°s comida menos plomo. La obra propone una ecuaci√≥n simple que afirma que la guerra es contra el hambre. Y arroja una cifra: en Colombia cada d√≠a mueran 33 ni√Īas y ni√Īos antes de cumplir su primer a√Īo de vida por causas en su mayor√≠a prevenibles.

* ¬°Ya viene el coco y se lo comer√°¬Ö¬° Muchos de los visitantes al Museo, cuando miran esta pieza, dicen ¬ďesta es la m√≠a¬Ē.¬† Latorre recuerda a una mujer de 70 a√Īos que en Bogot√° cont√≥ que a su edad a√ļn se sent√≠a insegura porque de ni√Īa la asustaron de muchas maneras. La obra es un grabado de fantasmas, pesadillas y temores.

* ¬ŅSer√° var√≥n, ser√° mujer? Una campesina de San Gil cont√≥ que su marido la garroteaba cada vez que ten√≠a una ni√Īa. Y que finalmente termin√≥ separ√°ndose de ella porque no le dio un hijo var√≥n. ¬ďEsa pr√°ctica, con un resorte b√≠blico a trav√©s de los siglos, invitaba a que la primogenitura debe ser el hijo var√≥n¬Ē.

Publicada por
ELIZABETH REYES LE PALISCOT / ereyes@vanguardia.com
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