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¬ŅQu√© camino tomar? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-12-10 05:00:00

¬ŅQu√© camino tomar?

No es fácil tomar una decisión. El apego por las cosas, la costumbre y, sobre todo, los miedos al cambio nos ponen a titubear. Algunos nos sentimos muy cómodos en donde estamos; es más, nos angustia la sola idea de hacer algo distinto.
¬ŅQu√© camino tomar?

Pese a ello, la realidad nos enfrenta a alternativas trascendentales: dejar la soltería o casarse, divorciarse o seguir atado a un matrimonio rutinario, arriesgarse a tener otro empleo o seguir calentando el puesto en la oficina.

La verdad, hay m√°s de una alternativa.

Con relativa frecuencia preferimos seguir haciendo lo mismo, porque resulta menos estresante, sin pensar que esa actitud nos vuelve mediocres.

Alguien dir√°: ¬ďpara qu√© cambiar si aqu√≠ estoy bien¬Ē. Otro reflexionar√°: ¬ďmis asuntos van al ritmo de Dios porque cada d√≠a tiene su propio af√°n¬Ē. Uno m√°s expresar√°, que prefiere dejar que sean las circunstancias las que decidan el rumbo a seguir. A√ļn as√≠, a muchos el cambio los toma por sorpresa y, a rega√Īadientes, el mundo les grita que evolucionen.

Durante este mes de diciembre, nos enfrentamos a diversas situaciones: ofertas laborales, oportunidades de viajes, opciones distintas de hacer las cosas, en fin... Y en m√°s de una ocasi√≥n, todo ello nos pone a ¬Ďrascarnos la cabeza¬í.

¡No es para menos! Cuando pensamos en el tremendo esfuerzo que supone cualquier alteración en la vida, nos aterramos.

¡Pero bueno! todo en la vida es una decisión, y cambiar es una de ellas. Además, está comprobado que cuando una persona decide experimentar cosas nuevas, prueba que no sólo está más sana mentalmente, sino que además es más feliz que aquellas que siguen con sus tediosas agendas.

¬ŅSaben una cosa?

La variedad, aprovechar las oportunidades y, en general, arriesgarse a ver el mundo con unos lentes menos comunes, nos hace estar m√°s comprometidos con la vida.

Esta p√°gina no est√° incitando a nadie que nunca ha fumado a que lo haga, ni a alguien que tiene un trabajo estable a renunciar, ni mucho menos a que deje a su pareja.

La idea es otra. El enfoque le apuesta a reflexionar sobre su rutina. Si usted ha recorrido un camino cien días seguidos, puede ser que hasta pueda atravesarlo con los ojos vendados, sin siquiera tropezar. Por el contrario, si toma una ruta desconocida, eso lo obligará a estar atento.

Y estar así, concentrado, fomenta su curiosidad, abre su imaginación, lo recrea y le permite conducirse por la vida con algo más de aventura.

¬°Claro, hay riesgos!

Pero, hay una historia que retrata las ventajas y desventajas de cambiar. El relato cuenta que la directora de un departamento de mercadeo de un almacén, quien estaba cansada de hacer siempre lo mismo en la oficina, un día se propuso tomar otro trayecto, entre su casa y la empresa.

Se fue por la calle más congestionada y en su camino se encontró con un trancón insufrible. En ese atolladero, un conductor que venía detrás de su automóvil se estrelló con su carro. Total: acabó con el vehículo en el taller, llegó tarde al trabajo e incluso recibió una amonestación de su jefe.

¡Fue un día horrible! recuerda aquella mujer.

Sin embargo, justo con la persona que se estrelló, después de arreglar todo el lío con el seguro y ultimar los detalles del accidente, terminó enamorándose y casándose. Hoy ella vive con él  en otra ciudad, con un mejor trabajo y con una hermosa familia.

La clave no es cambiar por cambiar. De manera sencilla es intentar buscar un camino diferente para ver las otras posibilidades que tiene a su alcance.

Una vez que se ha tomado la primera decisión difícil, sea cual sea su desenlace, se ha abierto un camino ante usted. Si tropieza, no importa, por algo será.

Durante esta época de Navidad, cuando muchos hacen sus balances, conviene tomar decisiones.

Ojo: tampoco se ponga a hacer cambios radicales de buenas a primeras; es mejor centrarse en peque√Īas modificaciones que, pueden convertirse en el b√°lsamo que tanto est√° buscando.

Una √ļltima recomendaci√≥n: si toma una decisi√≥n, ¬°disfr√ļtela! Despu√©s comprender√° por qu√© Dios le permiti√≥ tomar esa ruta.

¬ŅEs usted irresoluto?

A comienzos del siglo pasado, un asno murió de hambre y sed, pese a que tenía a un lado avena a montones y al otro varios cubos de agua. El animal nunca supo si tenía hambre o sed y no comprendió por cuál de las dos cosas debía decidirse. En esa vacilación, lo sorprendió la muerte.

Al filósofo Juan Buridán, quien se la pasaba preocupado por el concepto del alma, le ocurrió algo similar. Se abstuvo de recibir lo que le pagaban por las clases que dictaba, porque no era capaz de explicarles a sus pupilos cuál era su papel en la universidad.

√Čl viv√≠a en una tremenda confusi√≥n: no sab√≠a explicar qu√© pasaba con el alma cuando el cuerpo mor√≠a. S√≥lo les transmit√≠a a sus alumnos preguntas: ¬ŅEs el alma el que hace al cuerpo? ¬ŅEl alma muere? ¬ŅEl alma es esp√≠ritu? ¬ŅCu√°l es la realidad del alma?

Siempre sosten√≠a doctrinas tan diferentes, que dejaba a sus disc√≠pulos sin saber qu√© pensar y sumergidos en un ¬Ďmar de indecisiones¬í que lograba sacarlos de quicio.

Al final, el filósofo se quedó sin trabajo. Y después de mendigar en las calles, murió de hambre.

Las vacilaciones del filósofo y las del asno de esta historia, se hicieron famosas. Mientras el animal se confundió con el hambre y la sed, Juan Buridán jamás entendió qué debía hacer con su pedagogía.

Unos actores que conocieron al indeciso fil√≥sofo y al mam√≠fero, se dieron a la tarea de componer una comedia que, de manera parad√≥jica, titularon as√≠: ¬ďEl asno de Burid√°n¬Ē.

Llevaron las actitudes del asno y del fil√≥sofo a escena, les escribieron un libreto en com√ļn y armaron una gran producci√≥n.

Seg√ļn cuenta la leyenda, en los carteles de presentaci√≥n de la obra escribieron: ¬°S√≥lo para irresolutos!

¬ĎEl asno de Burid√°n¬í ha sido catalogado como un documento valioso, que ilustra c√≥mo dejamos pasar valiosas oportunidades, s√≥lo porque nos la pasamos vacilando sobre c√≥mo hacer las cosas.

Moraleja: no nos podemos quedar titubeando todo el tiempo; menos cuando frente a nuestras narices tenemos todo para actuar.

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