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Juan de Dios Martínez S. | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2008-08-23 03:40:01

Juan de Dios Martínez S.

Para quienes tuvimos la suerte de ser alumnos del profesor Juan de Dios Martínez Sanmiguel y además el honor de ser sus amigos, su reciente fallecimiento enluta nuestros corazones y nos somete a la orfandad de su ejemplo y de su palabra docta, cálida y sabia.
Juan de Dios Martínez S.

Nacido hace 78 años en la ciudad de San Gil, fue siempre un estudioso y un maestro. Su inquietud y sabiduría adquirida a lo largo de sus años de estudiante en el Colegio Guanentá de San Gil, lo llevó inicialmente a estudiar Licenciatura en Química y Biología en la Universidad Pedagógica de Tunja en donde se formaron los grandes maestros de Colombia de mi generación, y luego, paralelamente con su ejercicio profesoral, realizó sus estudios de Ingeniería Química en nuestra Universidad Industrial de Santander.

Como educador dejó profunda huella por su sabiduría, por su amor a la ciencia y muy especialmente por su calidad humana y por su ejemplar comportamiento en todos los momentos, en quienes fuimos sus alumnos en el Glorioso Colegio de Santander, en el Colegio San Pedro Claver, en el Instituto Nacional de Comercio, en el Instituto Caldas y en otras ciudades como Socorro, San Gil y Sincelejo.

Quiso su buena estrella que tuviera la suerte de conocer, de amar y de unirse en matrimonio con esa gran dama que lleva por nombre Luz Stella Contreras Navarro, abogada de la UNAB y artista de pincel, de la espátula y de la calidad de vida, siendo premiados ambos con dos inmejorables hijos: Luz Jimena, Nutricionista y Médica de la UIS, investigadora de la FOSCAL y ahora profesora e investigadora de la Facultad de Medicina de la UNAB, y Juan Fernando, Ingeniero Químico de la UIS y alto ejecutivo de una empresa multinacional en Bogotá, quien, en su matrimonio con Natalia Calle dio a Juan de Dios la feliz existencia de quien fuera el fundamento del amor maduro de ese abuelo inmejorable de Violeta.

Al intentar hablar de Juan de Dios hombre, ciudadano y amigo, las palabras siempre quedarán cortas porque lo supo ser, al igual que en todas las dimensiones humanas, máximo, superior e inigualable. Siempre positivo y siempre optimista, su amistad y sus palabras fueron un derroche de sabiduría y de calidad humana. Como hijo, como hermano, como esposo, como padre y como abuelo fue generosamente desbordado en ternura, en protección y en afecto. Como amigo, disfrutar algunos ratos de su compañía y de su diálogo era un banquete para el intelecto, un néctar para el corazón y una panacea para las dolencias en la difícil tarea de ser un hombre de bien. ¡Que el Padre Eterno lo disfrute en su gloria!

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