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Nos llevo la pelona | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-12-13 05:00:00

Nos llevo la pelona

En  las columnas de opinión he visto comentarios contra las  sangrientas novelas sobre la mafia que se exhiben en horarios familiares. Sin embargo, siguen ahí tan campantes como si la comisión de televisión no existiese. No se trata del horario en que se exhiben, es que el tema de la droga y la mafia se presenta  en estas telenovelas como una verdadera apología del delito.
Nos llevo la pelona

En una oportunidad llegu√© de visita al apartamento de unos amigos cuando ve√≠an la telenovela El Capo, ese engendro melodram√°tico de vicio y maldad que pinta la realidad nacional, y que¬† ha cautivado a la tele audiencia colombiana. Con respeto por los amigos que se distra√≠an con la serie, me sent√© a observarla. Al final les pregunt√©, ¬Ņcon toda sinceridad d√≠ganme si ustedes quer√≠an que el Capo se les escapara a las autoridades? Sin rodeos todos respondieron que s√≠. Si esto sucede en personas cultas, con s√≥lidos conceptos morales y √©ticos, ¬Ņqu√© le suceder√° a la mayor√≠a de los televidentes, amas de casa, muchachos sin formaci√≥n, o gente de escasa cultura, que ven en el personaje del Capo a una especie de superh√©roe, modelo de una vida de riquezas, de placeres mundanos, violencia y sexo, en donde la vida del ser humano vale lo que vale una mestiza de panader√≠a? Quitarse del camino con una pistola a alguien es tan f√°cil como usar un matamoscas. Nuestra Colombia es hoy una gran escuela del crimen en donde la c√°tedra es la televisi√≥n. Estos muchachos que a la salida de los estadios se apu√Īalan, han captado el mensaje. Nuestro pa√≠s entro hace rato en la √©poca de los guardaespaldas. Es una de las profesiones m√°s lucrativas y vistosas.

Seg√ļn otra serie de televisi√≥n, en Colombia no existe inspiraci√≥n literaria, dram√°tica y teatral de √©xito, sino a trav√©s del estereotipo del pistolero que cuida a un poderoso. Qu√© l√°stima de pa√≠s y de cultura. Habr√≠a que hacer una encuesta y preguntarle al televidente si no es el mejor divertirse con las telenovelas ¬ďblancas de sabor Lugare√Īo, costumbristas o, quiz√°s como Caf√©, o el melodrama que nos hizo sonre√≠r y olvidarnos del dolor como Betty La Fea. O de pronto esos culebrones mexicanos inanes en los que existe un cura, un jardinero, un patr√≥n arrogante, un obispo enano, una pobre y bella muchacha, una se√Īora rica, etc. El libretista mete los personajes en una licuadora y la enciende. Resulta un sorbete en donde el cura queda coomo emproblemado hijo de la ONU, el patr√≥n se enamora de la ni√Īa pobre, la se√Īora se refocila en el garaje con el jardinero,¬† una telara√Īa inocente en donde la maldad es de gelatina y los paisajes lejanos sin lugar a una reflexi√≥n moral porque todo es ent√ļpido. Eso Debe ser mejor que la sangre y maldad que ensombrece la pantalla del mejor aparatito ideado por el hombre. A m√≠ me ha servido solamente de tortura. Mi mujer me ha obligado a una dieta rigurosa. Un trozo de queso coste√Īo, un jugo de tomate de √°rbol sin az√ļcar, en seguida enciende el televisor y pone el canal Gourmet, con los mejores platos y cocineros del mundo. Jam√°s vi igual tortura conocida. Al almuerzo, un bollo limpio con soda al clima al y nuevamente las delicias del canal Gourmet.

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