Su majestad el trabajo…, ¿y la familia? | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-12-17 05:00:00

Su majestad el trabajo…, ¿y la familia?

No se necesita ser un brujo para saber que las siguientes características lo identifican a usted. ¡Bueno! al menos podríamos decir que casi todos los rasgos lo retratan hasta más no poder.
Su majestad el trabajo…, ¿y la familia?

Sí, lo más probable es que trabaje más de doce horas diarias, que a duras penas duerma y que almuerce en un santiamén. O digámoslo mejor, no hace nada en paz porque siempre tiene algo que hacer en la oficina.

Es más, los domingos, cuando en el papel tiene un chance de dedicarle tiempo a su familia, decide llevar trabajo a ella o arma programas con sus compañeros. ¿Y adivine cuál es el tema de conversación? el trabajo.

Alguien dirá: “con esa mano de desempleo reinante, no hay de otra”.

Pero, analicemos un poquito más allá:

Usted sueña, respira y ama su actividad productiva, no sólo porque vive de ella, sino porque aprendió a disfrutarla al 100%.

Vive de una manera intensa, pero al mismo tiempo se está olvidando de disfrutar las pequeñas cosas que lo rodean.

Es evidente que el trabajo es una bendición del cielo, ¿alguien lo duda? más en tiempos como los actuales. Pero de ahí a ser un adicto, hay un riesgo muy grande.

Cuando su oficina se convierte en un ‘búnker’, socialmente respetable, al mismo tiempo se abortan las demás cosas que puede haber en la vida y que se deben disfrutar. Tal vez la más importante de ellas sea su familia.

Es cierto: vivir cuesta trabajo. ¡Claro! usted gana dinero, pero pierde vida.

¿Se imagina el precio del aire si se lo trajera otro proveedor distinto a Dios?

Hace poco el pequeño hijo de un productor de televisión le planteó las  siguientes preguntas: ¿Qué debo hacer para llamar su atención? ¿pagar una propaganda en su canal?

Por fortuna, Dios nos da oportunidades. Si nos perdemos el amanecer que hace para nosotros; Él nos hará otro mañana.

Le proponemos que con esta página analice este interrogante: ¿el trabajo que hoy tiene lo conduce a su familia o lo aleja de ella?

Hoy intentamos responder ese cuestionamiento con la siguiente historia:

En una singular reunión, varias mujeres profesionales se dieron cita para descansar. Había de todo: administradoras, gerentes de grandes empresas, doctoras, arquitectas, políticas y religiosas.

Varias de ellas, algunas publicistas, plantearon un singular taller. Les propusieron a todas las mujeres redactar un frase que reflejara sus trabajos. Y la mejor se ganaría un premio.

Lo curioso del taller fue que quien ganó, fue una mujer que aseguró que sólo era un ama de casa porque, según explicaba, decidió dedicarse de manera especial a su familia.

Ella, en su cuña promocional, sólo pronunció unas cuantas palabras, las cuales decían así:

“Yo no soy sólo una ama de casa, soy la gerente de mi hogar. Soy feliz, porque el fruto de mi trabajo es para mí y para mis hijos”.

Su oficio de ama de casa iba más allá del dinero. Ella eligió trabajar en aquello que consideraba digno, en algo que la hace sentir bien, más allá de cualquier bonificación.

Más tarde se supo que ella no sólo estaba al frente de su hogar. Era una madre soltera quien había creado una empresa, con la cual había generado 460 empleos directos.

Además de su título de pregrado, tenía tres especializaciones y una maestría.

Ella contó que prefirió hablar de su bella labor de madre porque, según confesó, “yo puedo liderar mi trabajo, sin descuidar a mi familia”.

¿Cuál es su secreto?

“Yo amo lo que hago”, respondió. Porque el trabajo, desde el más sencillo hasta el más complicado, siempre será la levadura del placer.

Todos estamos llenos de las cualidades que Dios nos brindó; lo importante es saber aprovechar esas virtudes para bien nuestro y para el bienestar de quienes nos rodean. ¡Valemos más de lo que creemos!

Todos podemos ser marineros o capitanes; la diferencia está en la barca en la que viajemos y en cómo la timoneamos.

Si usted se quiere hundir en el mar y con ello llevarse a su familia, es sólo responsabilidad suya.

HISTORIA

Él fue piloto de un bombardero en Vietnam. Después de muchas misiones de combate, su avión fue derribado por un misil. Él se lanzó en paracaídas y, al final, salvó su vida.

A su regreso a Estados Unidos, daba conferencias relatando su odisea y sobre todo lo que aprendió durante los días de la guerra.

Un día estaba en un restaurante y un hombre lo saludó:

- “Hola: ¿usted es el piloto que estaba en Vietnam y lo derribaron, verdad?”.

- Y ¿cómo sabe eso?”, le preguntó.

- “Porque yo empacaba su paracaídas. Parece que le funcionó bien, ¿no?”

Desde entonces, el piloto comenzó a reflexionar: “cuántas veces lo observé en el portaviones y no le dije ni buenos días; porque yo era un arrogante piloto y él era un humilde marinero.”

Ahora, él comienza sus conferencias preguntándole a su audiencia:

“¿Quiénes empacaron hoy sus paracaídas?”.

Todos tenemos a alguien cuyo trabajo es importante para que nosotros podamos salir adelante.

A veces, en los desafíos que la vida nos lanza a diario, perdemos de vista lo que es verdaderamente importante y las personas que nos salvan en el momento oportuno; incluso sin que se lo pidamos.

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