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Con el agua al cuello | Noticias de santander, colombia y el Mundo

2009-12-18 05:00:00

Con el agua al cuello

Hasta el momento en que escribo estas líneas frente al portátil, sudando a chorros, casi desnudo y soportando un sol impertinente que se cuela por todas las rendijas, las noticias que vienen de Copenhague son de fracaso. Y no estoy de vacaciones, el chingue se me volvió una prenda de “entrecasa” –como dicen las abuelas- para enfrentar esta temporada de calor infame.
Con el agua al cuello

Sin compromisos serios para la reducción de emisión de gases contaminantes por parte de los países industrializados que mayores aportes de CO2 hacen a la atmósfera, nos vamos a tener que acostumbrar al cambio climático. Apocalípticas visiones del deshielo y la inundación de los continentes ya están en las películas, documentales y notas de prensa.

¿Se imaginan? Con la anunciada gran inundación, del mapa de Colombia si acaso quedará lo que hoy está ubicado más alto: Bogotá, Tunja y Pasto.  “La selección natural, ala”, dirá un cachaco encopetado mirando con sesgo burlón a algún costeño bullicioso. Bogotá con playa; suena muy bien. Ahora los cachacos serán costeños y ya no viajarán de vacaciones a Cartagena, Miami o Rio de Janeiro, sino a unas temporadas de “alocada diversión” en Pasto, Quito o La Paz. Más rumba ni en el Picacho (en ese peladero podría refundarse Bucaramanga). Qué escena.

Ya veo a Raymundo Angulo con su concurso de belleza rebuscando divas entre las beldades de Tunja y remangándose su blanca guayabera bordada para hincarle el diente a un glamuroso Cuy (esa rata que se comen en Nariño). Venezuela, por otro lado, será ahora un país más pequeño, donde quedará el cromañón, acompañado quizás solamente de Cristina Fernández de Kirshner, encaramados los dos en el imponente Cerro del Avila. Tom y Jerry, mientras tanto -tan hábiles ellos para los negocios- habrán comprado por casualidad, a huevo y con plata de subsidios agrícolas, los terrenos estériles del Pico Bolívar en la Sierra Nevada de Santa Marta y dos nevados más en las cordilleras andinas. El Presidente regalará lanchas en los consejos de gobierno y Noemí tendrá que conformarse con la Embajada en Santa Cruz de la Sierra (la Buenos Aires de la era post-inundación).

Y yo que creía que ya estábamos con el agua al cuello. Mejor no creer en inundaciones, o al menos pasar al Año Nuevo con el compromiso de salvar antes al planeta.

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